Festival de Cine de Lima: El Evangelio de la Carne

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El Evangelio de la Carne es la segunda película peruana que vi en el Festival de Cine de Lima y, a diferencia de Viaje a Tombuctú, entré a la sala con algunas expectativas. Después de todo, había escuchado buenos comentarios, las historias que contaban se veían interesantes, e incluso conozco a algunos de los actores que participan en ella – Cindy Díaz (compañera de Universidad), Sandro Calderón (mi profesor de teatro cuando estaba en la secundaria), y Giancarlo Yataco, quien actuó en mi último trabajo de universidad y tiene un papel pequeño en esta película. Felizmente, en términos generales, el filme supo cumplir mis expectativas.

De manera similar a películas como Amores Perros, El Evangelio de la Carne cuenta diferentes historias entrecruzadas, algunas de las cuales eventualmente se juntarán. Gamarra (Giovanni Ciccia), es una policía encubierto que busca desesperadamente, junto con la ayuda de su mejor amigo (Lucho Cáceres) salvar a su esposa (Jimena Lindo), quien está cerca de morir debido a una misteriosa enfermedad. En un operativo policial termina conociendo a Nancy (Cindy Díaz), quien le ayuda a recaudar dinero para ayudar a su esposa, pero eventualmente se involucrará de manera más…. personal, con ella. Por otra parte, Félix (Ismael Contreras), un chofer de bus, intenta ser aceptado en la Hermandad del Señor de los Milagros, luego de haber causado un trágico accidente. Finalmente, Narciso (Sebastián Monteghirfo) intenta sacar a su hermano menor del reclusorio antes de que cumpla la mayoría de edad, a la vez tratando de manejar el liderazgo de la barra de Universitario de Deportes. Como mencioné antes, eventualmente estos tres hombres entrecruzarán sus vidas.

La película tendrá influencias de producciones anteriores en su estructura y el tipo de historias algo trágicas que cuenta, pero eso no quiere decir que se trate de una copia ni mucho menos. Al igual que Viaje a TumbuctúEl Evangelio de la Carne me gustó porque se trata de algo diferente, un tipo de filme que usualmente no se produce acá en el Perú. Se concentra bastante en sus personajes, en desarrollarlos y en demostrar las diferentes maneras y razones por las cuales buscan redención – Félix debido a su pasado alcohólico que causó el accidente; Gamarra por haber considerado dejar a su esposa enferma y haberle sido infiel, y Narciso para salvar a su hermano. Son historias interesantes y bien contadas, realistas y naturales, sintiéndose como situaciones que efectivamente podrían ocurrirle a cualquiera, o al menos a cualquier persona que viva un estilo de vida parecido al que viven estos personajes.

Y si las historias funcionan también es porque los protagonistas dan sólidas actuaciones. Giovanni Ciccia es sorprendentemente tranquilo y sutil; algunos podrían acusarlo de que actúa «muy poco» (es decir, que debería haber sido más emocional o exagerado) pero para mi funciona. Ismael Contreras es efectivo como Félix, interpretándolo como alguien que de verdad se arrepiente de sus errores y cree en el Señor de los Milagros, pero que a la vez le cuesta trabajo escapar de un estilo de vida ilegal. El Narciso de Monteghirfo es también bueno, aunque de repente no igual de sobresaliente que los otros dos protagonistas. Las actuaciones secundarias, felizmente, son igual de buenas – Cindy Díaz es coqueta y provocadora, representando una suerte de tentación para Gamarra. Lucho Cáceres hace lo que sabe hacer bien, interpretando a un personaje con «calle» y bien intencionado. Y Sandro Calderón hace de un abogado ludópata; su primera entrada a escena es probablemente el único momento en que el cine entero se rió a boca suelta. Algunos otros papeles más pequeños son interpretados por actores no profesionales, por lo que sus actuaciones no son muy limpias, pero felizmente no hacen un impacto muy negativo al filme.

Pero todos estos actores no podrían hacer un buen trabajo si no tuvieran un buen guión, con el cual felizmente la película cuenta. Me gustó porque no es demasiado melodramático ni exagerado – cuenta las cosas «como son», por así decirlo, sin forzar demasiado la manera en que los caminos de los protagonistas se entrecruzan al final; se siente como un desarrollo natural de la trama. Además, a diferencia de otros filmes latinos, los personajes casi siempre hablan como alguien habla en la vida real – a excepción de una que otra línea, no se sienten como diálogos escritos. Y también muchas de las situaciones en que los personajes se involucran o en las que viven son puramente peruanas o limeñas, lo cual probablemente hizo que se identificaran más con sus personajes y ciertamente ayuda a que el espectador haga lo mismo. Después de todo, tenemos choferes de combis, de buses interprovinciales, barristas futboleros y miembros de la hermandad del Señor de los Milagros.

Técnicamente, la película es casi impecable. De las tres que tuve la oportunidad de ver en el Festival, es la que tiene el look más cinematográfico – no sé si fue grabada digitalmente o en película, pero si se usó la primera técnica, felizmente no se le ve muy artificial o como un «video». No se trata, pues, de un filme que llame la atención a nivel técnico, si no que utiliza la fotografía y los movimientos de cámara para contar su historia lo más efectivamente posible y nada más.

El Evangelio de la Carne es una muy buena película, usando el drama y la temática de la redención y el perdón para contar diferentes historias protagonizadas por personajes interesantes y creíbles. No se trata de la película más feliz u optimista de la historia – de hecho, no salí de la sala del cine particularmente alegre o con una visión del mundo llena de arcoiris y unicornios, pero sí satisfecho porque vi un filme que te atrapa con su historia y personajes, y que logra que su audiencia se identifique con lo que presenta. No sé si un público extranjero la vea desde la misma perspectiva que un peruano, pero estoy casi seguro que lo podrá disfrutar de igual manera, aunque sea desde una punto de vista más desprendido. De las dos películas peruanas que vi en el Festival, Viaje a Tombuctúme gustó un poquito más, pero la diferencia es tan mínima, que simplemente me siento alegre de haber podido disfrutar de dos buenas producciones nacionales. Definitivamente recomiendo ver El Evangelio de la Carne cuando se estrene comercialmente en los cines.

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