La Cenicienta: una grata sorpresa

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Aparentemente se ha puesto de moda el re-interpretar o adaptar historias clásicas de Disney en películas con actores de carne y hueso—desde cintas como Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton hasta Maléfica con Angelina Jolie, estas producciones han recibido el tratamiento completo estilo Hollywood, con grandes efectos especiales, actores famosos y directores competentes… y La Cenicienta no es la excepción. Después de todo, el director de esta película es el gran Kenneth Branagh, responsable tanto de grandes filmes Shakespereanos como Hamlet como de blockbusterscomo Thor, y está protagonizada por grandes nombres como Helena Bonham Carter y Derek Jacobi.

Sin embargo, a diferencia de cintas como las anteriormente mencionadas, Branagh trata de interpretar la historia de La Cenicienta de una manera un poco más realista y menos efectista. Es cierto, cuenta con una buena cantidad de efectos especiales, los ratones de la película animada hacen acto de presencia (antropomorfrifzados, pero sin poder hablar) y en general la cinta no carece de magia, pero el tono no es muy exagerado, y todo aspecto técnico, desde el magnífico diseño de vestuario hasta los sets y locaciones, es creíble y realista. Es la mejor versión de esta historia que se podría hacer con actores de carne y hueso, llena de interpretaciones creíbles y encantadoras, una interesante expansión de la trama vista en la clásica cinta animada de 1951, y mayor desarrollo para varios personajes.

 

La Cenicienta comienza con un prólogo explicando la forma en que nuestra protagonista terminó viviendo con la horrible Lady Termaine (Cate Blancette) y sus hijas, Drizella (Sophie McShera) y Anastasia (Holliday Grainger). De pequeña, Ella (interpretada de niña por Eloise Webb) tenía un vida casi perfecta; su mamá (Hayley Atwell, de Agent Carter) y su papá (Ben Chaplin) la amaban mucho, pero el segundo tenía que viajar al extranjero todo el tiempo por temas de trabajo. Lamentablemente, un día la madre cae enferma y muere, por lo que Ella, ya adulta, se queda viviendo sola con su padre. Eventualmente, este se enamorará y volverá a casar, pero muere también en uno de sus viajes, por lo que Ella se quedará viviendo son su madrastra y hermanastras, quienes la tratan como una sirvienta.

Por otra parte, también está la historia del príncipe del reino, Kit (Richard Madden, de Juego de Tronos), quien conoce a Ella un día en el bosque; este breve encuentro hará que ambos se  enamoren perdidamente. Lamentablemente, el rey (Derek Jacobi), quien sufre de una misteriosa enfermedad, quiere que su hijo se case con una princesa para el beneficio de su reino, por lo que organizarán un baile en el palacio para buscar a la prometida. Sin embargo, Kit convence al rey de que invite no solo a la realeza; todas las doncellas del reino podrán ir, lo cual le da a Ella la oportunidad de volver a ver a Kit y quizás convencer al rey de que ambos está destinados a estar juntos. Predeciblemente, Lady Termaine hará de todo para evitar que Ella consiga la felicidad, pero por suerte la inocente chica recibirá la ayuda de su Hada Madrina (Helena Bonham Carter.)

 

La historia ha sido expandida de manera considerable en comparación al filme animado de 1951. Lo más importante de esta versión es que los personajes están mejor desarrollados y han sido más humanizados, y que contiene un poquito más de intriga y de humor. Por ejemplo, ahora el Príncipe tiene una personalidad interesante; no se trata únicamente de un hombre valiente y punto. Es un poco más tímido, más inocente y más valeroso, pero a la vez participa en algunas escenas graciosas (como cuando finge no ser el Príncipe frente a Ella en el bosque.) Sus motivaciones son más creíbles, y la relación con su padre es conmovedora. Adicionalmente, la Madrastra ahora tiene un backstoryinteresante, lo cual le da una mejor motivación para actuar de manera tan terrible con Ella—esto no quiere decir que uno no termine odiándola, sin embargo; de hecho, se trata de una memorable villana a la cual queremos ver recibir su merecido desde el momento en que aparece por primera vez.

Por otra parte, me gustó la manera en que el personaje de Cenicienta ha sido modernizado. Es cierto, todavía es abusada por su madrastra y hermanastras, y es cierto, sigue siendo una chica demasiadoinocente y buena, pero a la vez logra demostrar de cuando en cuando que puede ser una chica fuerte y valiente, alguien que puede valerse por sí misma y que es especial no porque sí, si no porque cree en la magia y en el amor de sus padres y el amor que siente por el príncipe. Sonará cursi—y eso es porque lo es, pero se trata de un cuento de hadas, después de todo, así que no es algo que debería molestar a nadie.

Como se mencionó anteriormente, esta interpretación de la historia de Cenicienta está un poco más basada en la realidad que la película animada; los personajes no participan en números musicales repentinos—solo Cenicienta canta un poquito para sí misma de vez en cuando, y los animales (como los ratones) no hablan—están antropomorfrifzados, y Cenicienta se comunica con ellos, pero a fin de cuentas, parecen ser ratones bastante normales. Lo bonito de esta película es que la magia  está presente, tanto en el personaje de la mamá de Cenicienta, quien cree firmemente en ella, como en la escena en que el Hada Madrina viene a salvar el día. Simplemente se trata de una interpretación más sutil de la magia, lo cual la hace más especial. Después de todo, es mucho más sorprendente cuando la magia aparece en un mundo aparentemente cotidiano que cuando está presente en todas partes y en todas las escenas.

 

Adicionalmente, ahora Cenicienta y el príncipe comparten muchas más escenas, lo cual hace que su relación esté mucho más desarrollada y sea más creíble y conmovedora. Ya no tenemos, como en la película animada, a un príncipe que se enamora de una chica que conoció por cinco minutos y en una ocasión extraordinaria. Realmente creemos que los dos está enamorados de verdad, e incluso la cinta juega un poco con el tema de la identidad, dando a entender que los protagonistas se obsesionaron el uno por el otro no por como lucían, si no porque como son de verdad. El que uno sea un príncipe y la otra sea bonita no tiene nada que ver—es por ello que la escena en que Kit conoce a Ella vistiendo su ropa común y corriente funciona tan bien y es vital para la película.

Las actuaciones son todas muy buenas. Como Cenicienta, Lily James es suficientemente inocente, transmitiendo una palpable sensación de bondad, pero sin caer mal o parecer tonta o infantil. Es bonita pero no despampanante, lo cual hace que su romance con el príncipe sea más realista y no parezca tan superficial. Madden, quien se afeitó su barba de Juego de Tronos, interpreta a Kit de manera sublime, inyectándole algo de humor a un personaje potencialmente plano, y vendiéndonos (de manera exitosa) su personalidad valiente y casi-perfecta. Como la Madrastra, Cate Blancette es excelente, como siempre, y el Hada Madrina de Helena Bonham Carter es memorable, una interpretación algo diferente a lo que uno esperaría, pero muy graciosa y excéntrica. Stellan Skasgard (quien trabajó anteriormente con Branagh en Thor) y el gran Derek Jacobi (quien trabajó anteriormente con Branagh en Hamlet) son muy buenos en papeles menores.

 

La dirección de Branagh es segura de sí misma y muy efectiva, dándole esa cualidad grandilocuente y épica a la película que vimos anteriormente en sus adaptaciones de obras de Shakespeare. Visualmente, La Cenicienta es una maravilla; los efectos especiales son grandiosos (si no véase el impresionante palacio del Rey, o la escena en que el Hada transforma la calabaza en carruaje y los ratones en caballos), y la dirección de fotografía es perfecta para este tipo de película, llena de colores vivos y dándole un tinte brilloso a las escenas del prólogo. Pero lo que más me sorprendió fue el diseño de vestuario—desde los trajes del Príncipe hasta el icónico vestido azul de Cenicienta y su increíble vestido de novia, toda la ropa usada por los personajes está brillantemente diseñada y fabricada, lo cual ayuda a que nos creamos que estamos viendo un cuento de hadas con personajes de carne y hueso.

La Cenicienta me sorprendió. Las anteriores modernizaciones de películas clásicas de Disney han sido de variada calidad—Alicia en el País de las Maravillas, con sus efectos digitales exagerados, me pareció bastante mala, mientras que Maléfica, la cual le dio un giro interesante a una historia ya conocida, estuvo decente. Pero La Cenicienta es definitivamente la mejor de todas, una cinta excelentemente actuada, impecablemente dirigida, pero, más importante, llena de magia, carente de cinismo e hipnotizante en su belleza e ingenio. Con un gran sentido del humor, interesante historia y tono perfecto, La Cenicienta es refrescante en su tradicionalismo, y terminó encantándome de principio a fin.

Avance oficial:

88%
Puntuación
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