Perfectos Desconocidos

August 19, 2017 0 Comments

Videocrítica:



No hay duda de que la invención de la Internet, y más importante, la llegada de los siempre presentes smartphones, han cambiado el día a día de la persona promedio. Mientras que la toma de fotos antes era considerada como una actividad reservada para eventos especiales, y la información personal era… bueno, personal, ahora TODO es compartido: fotos de cenas, romances, fiestas, vacaciones y hasta comida, y los pensamientos que cada uno tiene a lo largo del día. La privacidad, dirían los más pesimistas, ya casi no existe; todo está conectado.

 

Sin embargo, existe gente que aprovecha esta tecnología, precisamente, para mantener su privacidad. “Es la caja negra de nuestra vidas”, dice uno de los personajes de “Perfectos desconocidos”, refiriéndose al smartphone. Y es cierto. No solo lo usamos todos los días; mucha gente ahora depende de él, no solo para comunicarse o para trabajar, si no también para para guardar sus más íntimos secretos, con la esperanza de que nadie se entere de que está teniendo un amorío, se está comunicando con alguien fuera de la ciudad, o simplemente está recibiendo fotos eróticas de algún desconocido. Sí, este inofensivo aparatito nos permite hacer públicas muchas cosas, pero también esconder otras.

 

Y es en esa premisa en la que se basa “Perfectos desconocidos”, una tragicomedia italiana dirigida por Paolo Genovese. La historia es sencilla: siete amigos se reúnen a cenar, y deciden jugar un peculiar juego. Ponen sus teléfonos celulares sobre la mesa y con la idea de “no tenemos nada que ocultar”, deciden compartir los mensajes, correos electrónicos y llamadas que cada uno de ellos reciba durante la noche. Sin embargo, a medida que los mensajes van llegando, como deben estar imaginándose, muchos secretos salen a relucir.

 

 

Los siete amigos son Carlotta (Anna Foglietta), que está casada con el callado Lele (Valerio Mastandrea); Cosimo (Edoardo Leo) quien parece ser bastante feliz con su pareja, Bianca (Alba Rohrwacher); la terapeuta Eva (Kasia Smutniak), quien parece esta teniendo problemas con su esposo, Rocco (Marco Giallini), y Peppe (Giuseppe Battiston), quien se supone iba a llegar con su nueva novia, pero que finalmente se apareció solo, ya que la susodicha está con fiebre.

 

Los primeros dos actos del filme son los más sólidos. La película se toma el trabajo de presentar, con paciencia pero de manera entretenida, a todos los personajes, estableciendo de manera clara el contexto en el que viven sus vidas, los potenciales conflictos que podrían existir entre ellos, y la manera en que se relacionan el uno con el otro. Cada uno tiene una personalidad bien definida (Cosimo, por ejemplo, parece ser medio patán, mientras que Eva es una mujer controladora, especialmente en lo que se refiere a su hija adolescente, y Peppe es el típico gordito bonachón) y ninguno es introducido como un villano ni mucho menos, lo cual le permite al espectador pasarse la mayor parte de la cinta adivinado quién tendrá el secreto más desagradable.

 

Mucho se discute durante la cena: el valor de la amistad entre los personajes, la manera en que las relaciones románticas deberían cambiar o no a través del tiempo, e incluso la sexualidad. La escena en la que Rocco habla con su hija adolescente por teléfono sobre la pérdida de su virginidad es particularmente efectiva; desarrolla de manera muy humana y creíble tanto la relación que tiene con su hija, como la que tiene con su esposa, e incluso le permite a esta última aprender una lección sobre la comunicación y la confianza.

 

La manera en que el jueguito se va desarrollando, en que van apareciendo los diversos mensajes y llamadas, e incluso la escena en la que uno de los personajes le pide a otro intercambiar celulares —por razones que prefiero no revelar en este texto— sirven para ir aumentando de a pocos el suspenso. El filme nunca se torna insoportablemente tenso, pero definitivamente es lo suficientemente emocionante como para nunca resulte aburrido. Los amigos son presentados como un grupo de seres humanos comunes y corrientes, con defectos y todo, por lo que no resulta difícil identificarse con ellos y ponerse nervioso cada vez que un mensaje de Whatsapp o una llamada parece estar a punto de revelar algo interesante.

 

 

De hecho, “Perfectos desconocidos” presenta suficientes pistas falsas —“Red Herrings” se llamarían en inglés— como para que un par de giros en la trama se sientan suficientemente sorprendentes. Desgraciadamente, el tercer acto, debo admitir, desinfla un poco las cosas, y le otorga un tono de sermón totalmente innecesario a la película. Entiendo que se quiera transmitir un mensaje —valioso, noble— a través de esta historia, pero definitivamente no había necesidad de exponerlo de manera tan obvia a través del diálogo (¡hasta tenemos un discurso!). Y para colmo de males, el desenlace deshace mucho de lo que el filme logró desarrollar en los dos actos anteriores —si debo ser honesto, no terminé de entenderlo del todo, y me resultó más frustraste e incoherente que sorpresivo.

 

Las actuaciones son todas sólidas, y la química entre cada uno de los amigos y las parejas es suficiente como para que uno se los crea como compañeros de toda la vida. Destacan Giuseppe Battiston como Peppe, un personaje con mucho qué revelar, y Alba Rohrwacher como Bianca, una mujer sorprendentemente compleja y hasta vulnerable. Las escenas iniciales, en donde los vemos bromeando entre ellos, comparando a los hombres y mujeres con PCs y Macs, o hablando sobre el eclipse que están a punto de observar, son muy naturales.

 

No obstante, si le encuentro un defecto grave a “Perfectos desconocidos”, aparte de su flojo y incoherente tercer acto, es la banda sonora de Maurizio Filardo. Hace tiempo que no escuchaba música incidental tan exagerada, manipuladora y cursi como la que tiene “Perfectos desconocidos”. En vez de acompañar las escenas o complementar las imágenes en pantalla o los sentimientos vividos por los personajes, el soundtrack tratar de manipular al público al máximo, otorgándole una cualidad telenoveleza innecesaria al filme. La música es tristísima en las escenas tristes, melosas en las escenas dramáticas, y aburridísima durante el resto de la cinta. Si de por sí ya se trata de una película bastante correcta, “Perfectos desconocidos” hubiese sido incluso mejor con una banda sonora de mayor calidad.

 

“Perfectos desconocidos” es una tragicomedia llena de momentos verdaderamente hilarantes, un filme bien actuado que logra desarrollar una premisa interesante de manera muy inteligente durante, al menos, los primeros sesenta minutos de metraje. No sorprende el que haya durado tanto en la cartelera local; el público con el que fui a ver la película parecía estar realmente metido en la trama, riendo, sorprendiéndose y hasta gritando en los momentos correctos. Puede que “Perfectos desconocidos” está más interesado en enseñar simples lecciones sobre la amistad, la sexualidad, y los peligros de la tecnología en la comunicación, que en explorar la condición humana, pero al menos lo hace a través de una historia intrigante, y por momentos, hasta fascinante.

 

Avance oficial:


 

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