[Festival de Cine de Lima 2018] Teatro de Guerra – Argentina

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La guerra de las Malvinas de 1982 es, todavía, un conflicto que sigue vivo en los corazones y las mentes de muchos argentinos e ingleses, por lo que no sorprende que siga siendo explorado en todo tipo de medios, ya sea libros, largometrajes de ficción o, por supuesto, documentales. Lo que propone Lola Arias con “Teatro de Guerra”, entonces, es la humanización de sus participantes, ya sean ingleses o argentinos, a través de la recreación de eventos que se llevaron a cabo durante la guerra. Se trata de una propuesta fascinante más en forma que en fondo, un documental que logra crear una suerte de reconciliación entre ambos lados de una guerra que, en términos formales, nunca se ganó, pero que nunca llega a desarrollar mucha emotividad en relación a sus protagonistas.

“Teatro de Guerra” se concentra particularmente en la experiencia de uno de los tres soldados ingleses que, luego de un ataque, sostuvo a un argentino mientras moría. Fuera de esto, dicho sea de paso, el documental también nos introduce a las diferentes experiencias que tuvo cada protagonista, a las creencias que mantienen todavía hoy en día (¿el Reino Unido invadió, o fue a recuperar sus tierras?), y a la manera en que reaccionaron a su regreso a casa luego de sobrevivir una guerra entera. ¿Sufrieron de estrés postraumático? ¿A qué se dedican hoy en día? El filme no ahonda demasiado en estos temas, pero contribuyen a la narrativa general del documental.

Lo interesante —y sorprendente— de “Teatro de Guerra” es que la premisa de Arias no resulta en escenas de conflicto entre los veteranos argentinos y los británicos. Sí, discuten sobre un par de puntos, pero no nunca llegan a pelearse de verdad; más bien, lo que hacen es intercambiar experiencias, darse cuenta de que pueden conversar y hablar sobre sus vivencias sin discutir, entendiendo la manera en que el conflicto armado afectó a ambos bandos. Después de todo, cualquiera puede relacionarse con reacciones tan humanas como el odio, la confusión o la más absoluta tristeza; o en el caso de uno de los argentinos, el hundimiento más profundo debido a un intenso estrés postraumático, el cual culminó en una destructiva adicción a la cocaína.

Mostrarle al espectador que la guerra mata, que la guerra destruye las vidas de sus sobrevivientes, no es nada nuevo, pero son temas que forman parte importante de la premisa y el desarrollo de “Teatro de Guerra”. Donde el documental falla, más bien, es en la emotividad que hubiera podido extraer de sus protagonistas. Debido a que la cinta hace uso de una estética muy clínica, muy fría, y trata muchas veces a sus protagonistas como piezas para ser movidas —como cuando se paran frente a cámara usando uniformes, o recrean situaciones en un set—, uno termina viéndola a distancia, sin involucrarse mucho con ellos. Podría argumentarse que esto resulta en un producto final poco manipulador a nivel sentimental, pero creo que “Teatro de Guerra” se va al otro extremo, extrayendo cualquier tipo de contenido emocional que podría haber incluido.

Esto no quiere decir que se trate de un documental deficiente. Todo lo contrario. Como el título del filme lo indica, “Teatro de Guerra” pone a sus protagonistas en una puesta en escena casi infinita, obligándolos a recordar eventos de hace más de treinta y cinco años como su hubieran pasado ayer, e incluso invitándolos a explicar sus experiencias a gente más joven: niños estudiantes y soldados adolescentes. Ayuda el que Arias sea más artista visual que cineasta formal; por momentos, uno siente que está viendo algo más ficcionado —a pesar de que no lo es, y lo sabemos— ya que los protagonistas se sienten más como personajes, como piezas de ajedrez, siempre actuando, siempre representando los eventos de la guerra, y no tanto como las típicas figuras parlantes de un documental tradicional. Se trata de un acercamiento ciertamente original al material, el cual termina por darle una identidad muy propia a “Teatro de Guerra”.

A pesar de que no se trata de un documental particularmente emotivo, cabe recalcar que “Teatro de Guerra” maneja una estética muy efectiva, la cual aprovecha al máximo los testimonios de sus protagonistas —especialmente al principio, cuando son introducidos uno por uno, anunciando sus nombres, sus cargos en la milicia, y sus ocupaciones actuales. La recreación de aquel momento que involucró la muerte de un soldado argentino se lleva a cabo dos veces; al principio y al final, de manera casual y con “actores” más jóvenes, respectivamente, lo cual sirve para darle más potencia a los eventos de la cinta. Uno siente la manera en que los seis veteranos cambian, aunque sea ligeramente, a lo largo del filme, y la diferencia se nota a leguas en la recreación final.

“Teatro de Guerra” es un fascinante documental que logra demostrar, de manera muy humana y creíble, las maneras en que distintas personas de distintos “bandos” pueden encontrar la reconciliación, dándose cuenta que tienen más similitudes que diferencias debido a las experiencias que tuvieron durante y después de una guerra. Puede que “Teatro de Guerra” no le enseñe mucho a un espectador que sepa poco o nada sobre el conflicto armado de las Malvinas, pero tiene un mensaje lo suficientemente universal, y maneja una estructura, estilo y estética lo suficientemente originales, como para que uno se mantenga intrigado durante sus casi ochenta minutos de duración.

 

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