La trilogía de “¿Y dónde está el policía?”

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Aprovechando que estamos a punto de ver la nueva película de “¿Y dónde está el policía?” con Liam Neeson, vale la pena retroceder más de treinta años y volver a ver la trilogía clásica. Después de todo, son las películas que establecieron a Leslie Nielsen como una leyenda de la comedia, y que en su momento nos hicieron reír a carcajadas. 

¿Qué tal habrán envejecido las películas originales de “¿Y dónde está el policía?”? ¡Pues averigüémoslo! 

“¿Y dónde está el policía?” (1988)

Puede que no sea la mejor de las tres (para mi), pero incluso después de treinta y siete años (¡!), la primera “¿Y dónde está el policía?” sigue siendo una comedia memorable y frecuentemente graciosa, que solo comienza a desinflarse durante su tercer acto. Protagonizada por un excelente Leslie Nielsen, recién convertido en comediante gracias a “¿Y dónde está el piloto?” (“Airplane”) y basada en la efímera serie de televisión “Police Squad!”, “¿Y dónde está el policía?” es absurda, exagerada, caricaturesca y frecuentemente idiota. Es decir, la comedia perfecta para ver un domingo por la tarde cuando no hay muchas ganas de pensar.

Nielsen interpreta al lugarteniente Frank Drebin, parte de Police Squad, un grupo especial de policías en Los Ángeles. Junto a su capitán, Ed Hocken (el gran George Kennedy), tiene que averiguar cómo fue que su ex compañero, el oficial Nordberg (O.J. Simpson… UGH) terminó en la clínica luego de haber estado realizando una investigación en un muelle. Es dicho misterio el que lo lleva a conocer a Vincent Ludwig (el legendario Ricardo Montalbán), un acaudalado hombre de negocios que se está encargando de organizar la visita de la Reina Elizabeth II a la ciudad. Pero resulta que podría estar también detrás del intento de asesinato de Nordberg, por lo que Frank decide investigarlo y encontrar la verdad. En el camino, se termina enamorando de la asistenta de Ludwig, Jane Spencer (Priscilla Presley), una atípica femme fatale que parece no saber nada sobre las actividades ilícitas de su jefe.

A diferencia de otras parodias o sátiras de la época, “¿Y dónde está el policía?” no parece estar burlándose de ninguna cinta en especial, más bien satirizando elementos narrativos de las películas de policías en general. Esto resulta en un producto final que no ha envejecido tanto, fuera del tercer acto ya mencionado, el cual no me hizo reír mucho. Pero el resto de la película, ¡uf!. “¿Y dónde está el policía?” está llena de escenas memorables de slapstick (Frank matando a una criatura en una pecera de casualidad; dando piruetas mientras busca a un maleante en su casa; practicando “sexo seguro” con Jane; golpeando a todo tipo de personas y objetos cuando cuadra con su carro), diálogo ridículo (“¡Frank!” “¡Drebin!” “Los dos tienen razón”) y humor literal. Resulta imposible no reírse durante los dos primeros tercios de la película, no solo gracias a la calidad de los gags, si no también a lo frecuentes que son.

De hecho, “¿Y dónde está el policía?” comienza inmediatamente con los chistes, con un prólogo que abusa un poco de estereotipos raciales (propios de la época; qué se puede hacer), seguido de una secuencia de créditos iniciales ahora clásica (planos de perspectiva del carro de Frank, que va pasando por lugares cada vez más absurdos). Nielsen está genial, como siempre, interpretando a un policía idiota pero a la vez muy serio, y el reparto secundario logra mantener la cordura en situaciones progresivamente más idiotas. Puede que no termine tan bien (aunque cierta escena de muerte al final siempre me mata (ja) de risa), pero “¿Y dónde está el policía?” es de lo más divertido que Nielsen jamás hizo, y de las comedias norteamericanas ochenteras más memorables. Lo mejor, sin embargo, se estrenaría tres años después…

¿Y dónde está el policía? 2½: El aroma del miedo (1991)

No sé si es la opinión popular, pero especialmente ahora que las acabo de ver nuevamente, estoy convencido de que “¿Y dónde está el policía? 2½: El aroma del miedo” es mi película favorita de la trilogía original. Puede que la primera entrega sea la que lo comenzó todo —bueno, al menos en el cine— y la que popularizó al Frank Drebin de Leslie Nielsen, convirtiéndolo en un ícono de la comedia. Pero es la segunda parte la que me parece más consistentemente graciosa, y la que tiene un mejor tercer acto. En vez de desinflarse al final, “¿Y dónde está el policía? 2½: El aroma del miedo” concluye de forma hilarante y rápida, sin perder el tiempo con finales extensos o escenas de poca gracia.

“¿Y dónde está el policía? 2½: El aroma del miedo” se lleva a cabo, esta vez, en Washington DC, unos años luego de los eventos de la primera película. Frank (Nielsen) y Jane (Priscilla Presley) está separados, con la segunda trabajando ahora para Quentin Hapsburg (Robert Goulet), el CEO de un instituto con intereses en las industrias de petróleo y la energía nuclear. Resulta que el científico Meinheimer (Richard Griffiths, de las películas de “Harry Potter”) está a punto de dar un discurso aprobado por el Presidente Bush (John Roarke) a favor de la energía limpia y renovable, por lo que Hapsburg y sus compinches tratan de matarlo. Pero cuando fallan en el intento, Frank entra a escena, dispuesto a descubrir quien está detrás del crimen para evitar que maten a Meinheimer antes de que dé su discurso.

A nivel narrativo, “¿Y dónde está el policía? 2½: El aroma del miedo” se parece bastante a su predecesora: hay un intento de homicidio, una conspiración, y un villano millonario y poderoso. Pero nadie va a ver una cinta como esta por la trama, por lo que lo que nos debería importar de verdad son sus cualidades cómicas. Y en ese sentido, no tengo quejas respecto al filme. Nuevamente, no sé si todo el mundo opinará igual, pero “¿Y dónde está el policía? 2½: El aroma del miedo” me parece más graciosa, más consistente, y de mejor desenlace que su predecesora, casi como si el director David Zucker y sus guionistas hubiesen aprendido de los errores del pasado para entregarnos algo más sólido y satisfactorio.

Previsiblemente, Nielsen está genial como Drebin, interpretándolo, como siempre, como un policía de buenas intenciones pero ridículamente torpe. Su “romance” con Jane sigue siendo memorable (protagonizan una escena de sexo, digamos, altamente “metafórica”), los sight gags siguen siendo increíbles (“denme lo más fuerte que tengan”, dice Drebin en un bar, y le traen a un fisicoculturista), el Nordberg de OJ Simpson (UGH) ahora cumple el rol del bufón que pasa por todo tipo de momentos de trauma físico, y los malentendidos y enredos están a la orden del día (chequeen a Frank intentando manejar un TANQUE). “¿Y dónde está el policía? 2½: El aroma del miedo” hizo que me riera durante unos sólidos ochenta y cinco minutos, consciente de que estaba viendo algo increíblemente idiota pero muy bien hecho. ¿Qué más le podríamos pedir a una película de este tipo?

¿Y dónde está el policía? 33⅓: El insulto final (1994)

“¿Y dónde está el policía? 33⅓: El insulto final” es, lamentablemente, la entrega más decepcionante de la trilogía. No obstante, eso no quiere decir que el filme carezca de momentos hilarantes o actuaciones interesantes. Simplemente resulta imposible no darse cuenta de que el producto final no está al mismo nivel de sus predecesoras. De repente se debe al cambio de director (Peter Segal reemplaza a David Zucker) o a que Zucker y su coguionista Pat Proft se estaban quedando ya sin ideas. Pero a pesar de contar con algunos momentos verdaderamente graciosos, en términos generales, “¿Y dónde está el policía? 33⅓: El insulto final” no se siente ni tan fresca ni tan ocurrente como cualquiera de las dos entregas anteriores.

Leslie Nielsen está de regreso como el lugarteniente Frank Drebin, ahora jubilado y trabajando como amo de casa, mientras su esposa Jane ejerce como abogada. Pero cuando Police Squad (liderado, como siempre, por el Ed de George Kennedy) le cuenta que un reo llamado Rocco Dillon (el gran Fred Ward) está planeando algún tipo de ataque terrorista, Frank decide regresar a la acción. Es así que termina infiltrándose en la cárcel para averiguar lo que Rocco trama, y se relaciona tanto con él como con, eventualmente, su sexy pareja, Tania (Anna Nicole Smith). Lo que inicialmente parecía ser un caso relativamente sencillo se termina convirtiendo en todo un reto, especialmente cuando Frank se entera del evento que Rocco planea atacar.

El director Peter Segal intenta mantener el estilo de las dos primeras películas con esta tercera entrega, y en ciertos momentos lo logra. Hay todavía varios diálogos muy graciosos (“la cárcel te cambia”, le dice un reo afroamericano a Frank, “yo antes era blanco”), sight gags ocurrentes (chequeen cómo juegan los reos en el fondo mientras Frank camina por el patio), y momentos que hasta se han convertido en GIFs de reacción en tiempos modernos (como el facepalm masivo del tercer acto). Imposible odiar una película como “¿Y dónde está el policía? 33⅓: El insulto final” justamente porque hace algunas cosas bien, y porque a pesar de no estar al mismo nivel de las otras dos producciones, igual resulta bastante graciosa.

Pero a diferencia de, especialmente, la segunda entrega, “¿Y dónde está el policía? 33⅓: El insulto final” cuenta con varios gags que simplemente no dan risa. Y más problemático: cierto personaje hace una revelación que es presentada de la forma más transfóbica posible, lo cual es empeorado por las reacciones de Frank. Obviamente “¿Y dónde está el policía? 33⅓: El insulto final” es un producto de su época, por lo que no se le puede juzgar bajo estándares modernos, pero igual resulta incómodo. No obstante, por más de que la película no haya envejecido tan bien como las otras dos, y sea más inconsistente en su humor, igual hay momentos muy disfrutables en “¿Y dónde está el policía? 33⅓: El insulto final”. Solo consideren que se trata de la entrega más floja de la saga y que, con algo de suerte, la nueva película con Liam Neeson y Pamela Anderson será mejor. Al menos eso espero; ¡crucemos los dedos!

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