Orgullo y prejuicio (Reestreno)

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Curioso, pues, como las opiniones sobre “Orgullo y prejuicio” (2005) han cambiado con el paso del tiempo. Cuando recién salió (¡hace veinte años, razón por la que ha sido reestrenada en cines!), muchos fanáticos y fanáticas de la obra de Jane Austen se quejaron del casting; de como Keira Knightley era demasiado atractiva para interpretar a Elizabeth Bennet, y de cómo Matthew Macfadyen no era, más bien, lo suficientemente apuesto para interpretar al Sr Darcy. Y sobre la cinta en sí, se dijo mucho sobre cómo cambio a la novela original, comprimiendo los eventos de la historia, y eliminando a varios personajes secundarios que era imposible que entraran en una experiencia de dos horas.

No obstante, con los años, la película fue obteniendo más fanáticos (y principalmente fanáticas). Con el tiempo, la gente fue conectando con todo lo que proponía esta versión de “Orgullo y prejuicio”: el romance complicado entre sus protagonistas, desarrollado a través de miradas, momentos robados e incomodidades; y al menos por lo que vi en la función a la que fui, el casting que tan controvertido fue en un inicio, especialmente el de Macfadyen, quien hoy en día es capaz de generar múltiples suspiros y hasta gritos de felicidad. Puede que haya tomado algo de tiempo, pero en el Año de Nuestro Señor 2025, “Orgullo y prejuicio” es de las adaptaciones más populares de una novela de Jane Austen que hayan salido.

Lo cual es decir bastante, considerando que la adaptación de la BBC en forma de miniserie de 1995, protagonizada por Colin Firth y Jennifer Ehle, también cuenta con una gran fanaticada. Pero arriesgándome a generalizar un poco, dichos seguidores se encuentran principalmente en el Reino Unido, mientras que los defensores de la película de Joe Wright están al otro lado del charco. En todo caso, ambas producciones sirven para demostrar la continua popularidad del trabajo de Austen, y lo mucho que sigue calando en los espectadores (y por supuesto, lectores) del mundo contemporáneo. Algo hay en sus historias que sigue cautivando a la gente, por lo que no hay duda de que seguirán siendo adaptadas al cine y a la tele por años.

De hecho, hace relativamente poco se anunció una nueva versión de “Orgullo y prejuicio”: una serie para Netflix con Emma Corrin como Elizabeth Bennet, Jack Lowden como el Sr Darcy, y Daryl McCormack como el Sr Bingley. Dicha producción todavía no se estrena, pero como se deben imaginar, ya ha generado todo tipo de comentarios en redes —principalmente quejas. Quizás, veinte años no sea suficiente tiempo de espera para traer esta historia nuevamente a nuestras pantallas. Quizás, el público prefiere quedarse con Keira Knightley y Matthew Macfadyen.

Por lo que pude ver hace unos días en el cine, creo que, efectivamente, ese podría ser el caso.

Pero me desvío un poco. La cosa es que, por su veinte aniversario, “Orgullo y prejuicio” ha sido reestrenada en cines, y tuve la oportunidad de verla como nunca antes lo había hecho: en la pantalla grande, y rodeado de fanáticas de esta versión en particular. Y realmente no me puedo quejar. Lo que tenemos acá es una adaptación enérgica, verosímil e indudablemente romántica de la novela de Jane Austen, que aprovecha al máximo la química entre sus protagonistas para desarrollar un romance legendario. Dirigida con aplomo por Wright (quien recién debutaba como director con este filme; ¡qué bestia!), “Orgullo y prejuicio” deja bien en claro porqué ha sido revaluada en los últimos años, y porqué superar a esta versión con la nueva serie va a ser un reto poco envidiable.

“Orgullo y prejuicio” se lleva a cabo en la campiña inglesa del siglo dieciocho, y tiene como protagonista a Lizzy Bennet (Knightley), una joven perteneciente a una familia terrateniente de limitados recursos. Su padre, el Sr Bennet (un excelente Donald Sutherland) es un tipo gentil aunque algo distraído, y su madre, la Sra Bennet (Brenda Blethyn) está obsesionada con casar a sus hijas con hombres de nobleza, para que así la familia salga de la relativa pobreza. Y parece que sus deseos están a punto de cumplirse, ya que la mayor, Jane (Rosamund Pike) conoce al acaudalado Sr Bingley (Simon Woods), de quien se enamora rápidamente.

No obstante, dicho amorío termina encontrando algunos obstáculos, lo cual complica las cosas en la casa de los Bennet, y por supuesto, afecta a las demás hermanas. Aparte de Lizzy y Jane, tenemos a Lydia (Jena Malone), quien termina juntándose con un soldado de intenciones turbias, el Sr Wickham (un muy joven Rupert Friend); a la siempre feliz Kitty (Carey Mulligan, en su debut cinematográfico), y a Mary (Talulah Riley) a quien, siendo la menor, no le hacen mucho caso. Pero lo interesante comienza cuando Elizabeth conoce al Sr Darcy (Matthew Macfadyen). Lo que inicialmente parece ser más una relación de odio gradualmente se va convirtiendo en algo distinto, especialmente cuando nuestra protagonista va conociendo mejor al tímido y a veces antipático Darcy.

En términos generales, “Orgullo y prejuicio” es una historia de amor entre dos personajes que, inicialmente, parecen ser muy diferentes el uno de la otra, pero que eventualmente se van dando cuenta que se parecen bastante. Al principio, Darcy parece ser un tipo millonario arrogante y molesto, que no disfruta de los bailes ni de los encuentros sociales de la época, y que juzga a todo el mundo sin tapujos. Y por supuesto, uno de sus primeros actos al conocer a Lizzy es juzgarla; la juzga por cómo se mueve, cómo se viste y cómo luce, sin darse cuenta de que ella no es una chica más del montón. Darcy mira a todos con aires de superioridad, lo cual es muy propio de alguien de su condición social y económica en aquella época.

Por su parte, Elizabeth va demostrando a lo largo de la película que no es como las demás chicas. No expresa su gusto por el matrimonio y el amor de forma explícita, prefiriendo leer sus libros, interactuar con sus hermanas, y demostrar lo bien letrada que es. Son aquellas características, y su personalidad fuerte y decidida, lo que Darcy termina descubriendo. Es así que ambos se van dando cuenta que son igual de necios; igual de interesados en la justicia, igual de gentiles y, por supuesto, igual de ciegos e inútiles ante el amor. Puede que sea un cliché, pero “Orgullo y prejuicio” demuestra que “del amor al odio hay un solo paso”, especialmente cuando una de las partes comienza juzgando a la otra innecesariamente, y la otra se niega a reaccionar inmediatamente debido a su orgullo.

Ahora bien, no me tomen a mal. No es que quiera subestimar la narrativa creada por Austen ni mucho menos; consideren que estoy reseñando esta versión cinematográfica de “Orgullo y prejuicio”, teniendo en mente que la novela original es bastante más compleja. De hecho, los puristas de Austen se quejan todavía de esta película por la gran cantidad de personajes secundarios y detalles que elimina, así como por la forma en que comprime ciertos eventos importantes y cambia el contexto de otros. Pero esta “Orgullo y prejuicio” no es para ellos. Esta es una adaptación populista, que hasta cierto punto se siente moderna por cómo trata los temas del amor y las diferencias entre clases sociales, haciendo que el trabajo de Austen llegue y cale en un público más amplio.

No obstante, estoy seguro que “Orgullo y prejuicio” respeta el tono de la novela original, así como el sentido del humor —ácido y astuto— de Austen. Puede que el foco de la narrativa esté en el romance entre Lizzy y Darcy, y que la caracterización de algunos de los personajes por consecuencia se va un poco afectada. Pero el mundo desarrollado por Wright y compañía se sigue sintiendo rico y detallado, especialmente por como se construyen las relaciones entre personajes de diferentes estratos sociales, así como las costumbres que deben respetar. Después de todo, tenemos bailes, conversaciones formales e informales, pedidas de mano, discusiones sobre la cantidad de plata que reciben los potenciales novios de las chicas, y más. Es todo muy propio de la época, pero se siente menos tieso y aburrido que en otras cintas de similar corte.

“Orgullo y prejuicio” no funcionaría, sin embargo, si el controvertido casting ya mencionado no funcionase —felizmente, y contrario a lo que algunos pensaron en el 2005, ese no es el caso. Muchos lo dicen ya, pero Keira Knightley es la Elizabeth Bennet perfecta: inteligente, letrada y obstinada, pero también vulnerable y emocional y romántica. Y el Darcy de Matthew Macfadyen (ahora conocido, también, por protagonizar la serie “Succession”) es su contraparte perfecta: igual de necio, y percibido como un tipo pesado solo por tener ansiedad social. Y el reparto secundario es de lujo: Donald Sutherland (Q.E.P.D.) le otorga mucha calidez y comprensión al Sr Bennet; Rosamund Pike (poco tiempo después de debutar en el cine en “Otro día para morir”) destaca como Jane, y Tom Hollander es muy gracioso como el torpe Sr Collins.

Mención aparte para el trabajo de dirección de Wright y la banda sonora de Dario Marianelli. El primero nos entrega una interpretación relativamente realista de la campiña británica del siglo dieciocho, mostrando los lujos de la gente rica, pero también la suciedad de las casas de campo de la población de clase media. Además, junto a su director de fotografía, Roman Osin, hace un excelente uso de zooms (tanto lentos como súbitos) y planos secuencia vistosos para meter al público de lleno en un mundo ajeno al nuestro, pero a la vez, muy atractivo. Y la banda sonora del segundo es simplemente sublime; hermosa en los momentos correctos, y apropiada para la época en la que se desarrolla la historia. Destaca, por supuesto, el tema principal, el cual resulta imposible no ponerse a tararear luego de ver el filme.

Ha sido todo un lujo, pues, ver “Orgullo y prejuicio” en el cine. Puede que la serie de la BBC tenga sus defensores, o que hayan puristas de Austen que le encuentran varias fallas a esta película. Pero al igual que su legión de fanáticos (y principalmente fanáticas), no puedo dejar de pensar que la cinta de Wright es, al menos hasta el momento, la adaptación definitiva de “Orgullo y prejuicio”. Entre el casting perfecto, el excelente trabajo de dirección de Wright (todavía no puedo creer que haya sido su primera película…), los memorables momentos románticos y los temas bien desarrollados, resulta prácticamente imposible no enamorarse de este filme. Puede que ya hayan visto “Orgullo y prejuicio” varias veces en casa, pero no duden de que vale mucho la pena experimentarla (quizás por primera vez) en el cine.

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