La guerra de los mundos (2025)

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Considerando que tenemos una versión de culto de 1953, y una adaptación verdaderamente aterradora dirigida por el maestro de maestros Steven Spielberg del 2005, ¿cuál es el punto de sacar una nueva adaptación cinematográfica de “La guerra de los mundos” de HG Wells? Pues al menos en el caso de la película protagonizada por Ice Cube (¡!), se supone que la novedad estaba en su narrativa tipo screenlife, donde todos los eventos de la historia se llevan a cabo en tiempo real, y exclusivamente desde la pantalla de la computadora del personaje del Sr Cube. Esto hubiera podido resultar en algo distinto, quizás hasta inesperadamente intenso, pero lamentablemente ese no es el caso.

Seguramente ya han visto todos los memes y comentarios en redes, pero “La guerra de los mundos” (2025) es una de las peores películas que haya visto en años. Lo cual, por supuesto, no me da gusto decir en lo absoluto.

Resulta, pues, que Cube interpreta a William Radford, un analista para la DHS (el Departamento de Seguridad Nacional) de los Estados Unidos. Él es un padre de familia cuya esposa murió años atrás por una misteriosa enfermedad, por lo que ahora pasa la mayor parte del tiempo en la oficina, usando cámaras de seguridad, de carros, y hasta de refrigeradores y cualquier aparato smart, y por supuesto, drones del gobierno, para cuidar de la gente. Pero también usa todo eso para espiar a sus hijos y asegurarse de que estén bien: primero está la embarazada Faith (Iman Benson), cuyo novio, el repartidor de Amazon Mark Goodman (Devon Bostick, de “Oppenheimer”) William no aprueba, y luego está David (Henry Hunter Hall), quien pasa la mayor parte del tiempo jugando videojuegos y desperdiciando la educación por la que pagó su padre.

Pero bueno, fuera de todos los problemas personales con los que pueda contar nuestro protagonista, la cosa es que, de pronto, caen unos meteoritos en la Tierra. Y no son meteoritos como cualquiera: de su interior salen los Trípodes, aquellas naves alienígenas de la novela de Wells que comienzan a destruir todo en su camino para aparentemente invadir la Tierra. Es así que William se ve involucrado en las estrategias que el gobierno desarrolla para defendernos de estos invasores, y trabaja junto a la científica de la NASA Sandra Salas (Eva Longoria), pero también con la agente de la FBI Sheila Jeffries (Andrea Savage) y el director de la NSA, Donald Briggs (Clark Gregg, de “La Avengers”). Pero mientras William intenta salvar al mundo, tiene que asegurarse, también, de que sus hijos (y bueno, su yerno) estén seguros durante este apocalipsis.

Como adaptación, “La guerra de los mundos” es un fracaso rotundo. Sí, la premisa sigue siendo más o menos la misma, y sí, están los Trípodes que también hemos visto en las dos grandes adaptaciones cinematográficas mencionadas líneas arriba. Pero fuera de eso, no hay nada en este filme que sea reconocible como “La guerra de los mundos”. De hecho, los cambios realizados por los guionistas (sí, hay dos) Marc Hyman y Kenny Golde dan vergüenza ajena, haciendo que mucho de lo que el personaje de Cube hace en la película se sienta absolutamente forzado. ¿Recuerdan, por ejemplo, cómo los Aliens son derrotados por los virus y bacterias humanas tanto en la novela original como en la cinta de Spielberg? Bueno, considerando que “La guerra de los mundos” se lleva a cabo exclusivamente en pantallas de computadora y celular, ya se imaginarán qué clase de virus usan los personajes para matar a estos Aliens…

Fuera de lo narrativo, sin embargo, “La guerra de los mundos” es una película terriblemente hecha. Sí, se supone que se desarrolla toda en pantallas de smartphones y PCs, pero todo esto es mostrado de la forma más torpe posible, además haciendo que el trabajo de William se vea absurdamente sencillo. Tenemos desde líderes del gobierno pidiendo llamadas de Zoom (¡!) en plano apocalipsis, hasta el uso de Microsoft Teams para literalmente cualquier cosa (entiendo que los servidores de Bill Gates deben estar bien protegidos, pero nunca tanto). Pero lo peor: por alguna razón, el director Rich Lee decide incluir zooms, movimientos de cámara, y hasta un Dolly Zoom (¡¡¡!!!) a pesar de que todo lo que vemos en “La guerra de los mundos” se supone está en pantallas de aparatos. Esto hace que la propuesta tipo screenlife simplemente no funcione, y más bien se sienta como algo torpe y mal hecho.

Pero eso no es todo. Las pocas veces que se utilizan efectos visuales digitales, estos son de pésima calidad, claramente insertados de manera incompetente en imágenes y videos de la vida real. Y lo que es peor: en muchas instancias, Lee y compañía insertan a los Trípodes en metraje de tragedias reales, como los incendios de California, o ataques militares en Gaza. Muy aparte de que todo eso se vea mal, también se puede argumentar que es moralmente incorrecto. Honestamente, si no tenían el presupuesto para mostrarnos imágenes de los Aliens atacando la Tierra, mejor no las hubieran incluido. O bueno: mejor no se hubiesen animado a hacer una nueva versión de “La guerra de los mundos”.

De Ice Cube no soy un fan, necesariamente, pero he disfrutado de su trabajo principalmente en comedias (su rol en las películas de “Jump Street” es simplemente genial). Pero acá está totalmente fuera de su elemento, reaccionando a las imágenes y situaciones más traumáticas y dramáticas como si les estuviesen diciendo que se olvidó su celular en casa. Es una interpretación francamente embarazosa, que valgan verdades, no es totalmente culpa del buen Cube. El resto del reparto no está igual de mal, pero dudo que vayan a incluir a “La guerra de los mundos” en sus demo reels: Eva Longoria y Clark Gregg parecen sonámbulos, Michael O’Neill (como el Secretario de Defensa) seguramente grabó todas sus escenas en su casa, y los chicos (Iman Benson, Henry Hunter Hall y Devon Bostick) al menos no pasan vergüenza. 

¿Qué más decir de “La guerra de los mundos”? Lo que tenemos acá es un largometraje cuyo guion parece haber sido escrito en una tarde, lleno de agujeros lógicos, reacciones ridículas, y un product placement francamente descarado (si les digo que amazon.com se convierte en uno de los salvadores del mundo, ¿me creerían?). Si la cinta resulta entretenida es precisamente por lo mala que es; por lo fuera de lugar que se siete Ice Cube, y bueno, porque al menos los actores jóvenes parecen estar esforzándose. Da pena, pues, ya que realizar una película tipo screenlife (que es casi completamente animada) es difícil; a los postproductores no los culpo de nada. Pero si son fans de la historia original, mejor quédense con las versiones anteriores de “La guerra de los mundos”. El pobre HG Wells debe haber estado revolcándose en su tumba estas últimas semanas.

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