El Guardián: último refugio

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Uno siempre va a ver una nueva película de Jason Statham con ciertas expectativas. No son muchas, y tampoco son muy altas, pero ahí están. Siempre y cuando haya buena acción, en la que nuestro héroe británico le saque la mugre a medio mundo, uno acabará contento. Y eso es precisamente lo que sucede en su más reciente filme, “El Guardián: último refugio”, de Ric Roman Waugh (“El Día del Fin del Mundo: La Migración”), aunque con una dosis adicional de suspenso político. Puede que este último ingrediente no diferencie tanto a esta nueva producción de cualquiera de las anteriores en las que ha salido, pero al menos es suficiente como para que la película resalte de entre la competencia.

“El Guardián: último refugio” comienza con Michael Mason (Statham) viviendo como el guardián de un faro en una isla escocesa abandonada. El hombre solo interactúa con una niña llamada Jessie (Bodhi Rae Breathnach, de “Hamnet”), quien va todos los días en bote a dejarle víveres junto a su padre (Michael Shaeffer). Pero un día, Jessie es herida en una tormenta y se ve obligada a quedarse en la casa de Michael junto a su perro, Jack, mientras se va curando. Es así que se va desarrollando una adorable amistad entre el tipo rudo de pocas palabras, y la gentil y curiosa adolescente.


Dicha situación, sin embargo, trae consigo consecuencias. Resulta (como no podía ser de otra forma) que Michael es en realidad un exagente gubernamental perteneciente a un programa especial de asesinos, y que está siendo buscado por su exjefe, Manafort (Bill Nighy). Y luego de que nuestro protagonista va a la ciudad en busca de medicina para Jessie y es visto por cámaras de seguridad, tanto Manafort como su segunda al mando, la líder de MI6, Roberta (Naomi Mackie), se encargan de mandar agentes a la isla a neutralizarlo. Consciente de que ha sido descubierto, Michael logra escapar de su exhogar con Jessie, pero ahora debe encontrar la forma de mantener a la chica segura y, con algo de suerte, acabar con Manafort de una vez por todas.

Las películas de Statham no suelen estar muy interesadas en incluir comentario político o social, por lo que resulta gratamente sorprendente que “El Guardián: último refugio” nos diga aunque sea algo sobre los peligros de la vigilancia sin control. Resulta, pues, que en la película, el MI6 hace uso de un sistema llamado THEA, que maneja todas las cámaras (de vigilancia, de carros, de celulares, de computadoras, de todo) del Reino Unido para buscar amenazas. Es así que Manfort y compañía encuentran a Michael, y como se deben imaginar, el filme postula que este tipo de recursos no son únicamente ilegales, sino también peligrosos.

Ahora, no se emocionen. No es que “El Guardián: último refugio” termine desarrollando mucho estos temas, yendo más allá de la superficie. Todo el tema con THEA es, más bien, como un elemento narrativo más que le permite al filme presentar secuencias de verdadero suspenso, así como un par de escenas de acción bastante intensas. Además, y de forma similar a lo que sucedía en las películas de “Bourne”, es algo que obliga a nuestro protagonista a estar corriendo todo el tiempo, escapándose tanto de las autoridades locales como de asesinos como Workman, (Bryan Vigier), quien trabaja para Manafort y parece tener casi las mismas habilidades que Michael.


Fuera de todo el tema tecnológico, “El Guardián: último refugio” se lleva a cabo como muchos otros thrillers de acción de Statham. La película se toma bastante en serio a sí misma, incluyendo momentos de humor ligero muy ocasionalmente, y dejando bien en claro que la muerte es algo que llega intempestivamente en este mundo. Uno puede inferir, evidentemente, que ni a Michael ni a Jessie les pasará nada muy grave. ¿Pero el resto del reparto? Pues con ellos sí puede pasar de todo. Para mi sorpresa, “El Guardián: último refugio” cuenta con por lo menos un par de muertes inesperadas y repentinas, lo cual no hace más que enfatizar la tensión que uno siente en varias ocasiones, haciendo que los personajes se sientan un poquito más vulnerables de lo que uno podría haber esperado inicialmente.

“El Guardián: último refugio” es una mezcla de lo típico del cine de Statham (acción cruenta protagonizada por un personaje súper eficiente) con algo relativamente novedoso (elementos de comentario social y secuencias de tensión más propias de un thriller convencional). No obstante, si son fanáticos de dicho actor, dudo que la vayan a pasar mal con la película. De hecho, “El Guardián: último refugio” cuenta con varias escenas de violencia memorable; entre ellas, se encuentran una pelea entre Michael y Workman en un taller en el campo, una persecución intensa de carros, y toda una secuencia de matanzas en el interior de una discoteca en Londres. Si acción es lo que quieren, acá la tienen (aunque valgan verdades, el filme sí se demora un poco en arrancar).

“El Guardián: último refugio” es de los esfuerzos recientes más interesantes de Statham. Me gusta la forma en que desarrollan el vínculo entre Michael y Jessie; esta última interpretada por una notable Bodhi Rae Breathnach, quien ya había brillado el año pasado en la gran “Hamlet”, de Chloé Zhao. Bill Nighy, por su parte, interpreta al villano de turno con aplomo, y la infravalorada Naomi Ackie, lamentablemente, no tiene mucho que hacer (aparte de dar órdenes frente a una pared de pantallas y en su oficina). “El Guardián: último refugio” es violenta, es emocionante y es suficientemente tensa, demostrando, una vez más, que Statham ha encontrado un nicho en el que se siente cómodo, y que sigue pagando dividendos. Puede que sus películas no se diferencien tanto la una de la otra, pero igual hay cierto confort en saber exactamente qué esperar de cada una de sus nuevas propuestas.


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