Luego de lo que muchos han considerado como una seguidilla de películas correctas pero poco especiales, Pixar está de vuelta con la encantadora “Hoppers: Operación Castor”. Y aunque no me animaría a decir que está al mismo nivel que algunas de sus producciones más memorables, creo que igual se trata de uno de los filmes familiares más entretenidos que pueden ver en el cine ahora mismo. Centrándose en un mensaje ecológico irregular pero sincero, y bellamente animada (como se deberán imaginar), “Hoppers: Operación Castor” funciona tanto para niños como para adultos, y felizmente logra ser algo más que simplemente “una versión animada de “Avatar” con animales en vez de Aliens azules.”
La protagonista de “Hoppers: Operación Castor” es Mabel (voz de Piper Curda), una adolescente obsesionada con la naturaleza y, más específicamente, con el claro que su adorable abuela (Karen Huie) le enseñó de niña. Lamentablemente, dicho lugar, un oasis de paz y tranquilidad lleno de animalitos, está a punto de ser destruido por el alcalde de la ciudad más cercana, Jerry Generazzo (Jon Hamm), quien quiere ganar votos para la reelección construyendo una carretera encima del claro. Evidentemente Mabel está totalmente opuesta a esto, pero a menos que logre traer castores al claro que se animen a construir una nueva represa, no será capaz de hacerle frente al alcalde.

Felizmente, un día se encuentra con sus profesoras de universidad, la Dra. Sam (Kathy Najimy) y Nisha (Aparna Nancherla), realizando un experimento curioso. Resulta que han logrado construir animales robóticos totalmente convincentes y meter la consciencia de personas en su interior, para estudiar mejor el ecosistema cerca de la ciudad. Es así que Mabel se mete en la máquina, inserta su consciencia en un castor robot y se va corriendo al claro. Pero cuando llega ahí, se da cuenta de que tendrá que convencer a todo un grupo de animales, liderados por el Rey George (Bobby Moynihan), de moverse del bosque al claro. Lo cual, como se deben imaginar, no es tarea fácil.
En términos generales, “Hoppers: Operación Castor” es una agradable aventura animada de tono ligero y caricaturesco que, a diferencia de otras propuestas, no intenta ni tomarse en serio ni aparecer muy realista, más bien dejándose llevar por un look y situaciones exageradas. Mezclando paisajes bellos con personajes que alternan entre el estilo de diseño tipo Bean Mouth y algo más propio de esta cinta, “Hoppers: Operación Castor” luce muy bien. Lo cual, obviamente, era de esperarse, considerando que se trata de Pixar. En particular, me gustó la decisión de diferenciar a los animales que no podemos escuchar de los que sí podemos entender con el diseño de los ojos; los primeros tienen botones negros, mientras que los segundos tienen ojos expresivos y más humanos.
Narrativamente hablando, “Hoppers: Operación Castor” no es nada particularmente sorprendente o chocante, pero igual debería apelar a quienes estén dispuestos a darle una oportunidad. El énfasis que se le da a la amistad entre Mabel y George, por ejemplo, es lo que termina por otorgarle un centro emotivo a la experiencia —por más de que no se trata de una relación igual de memorable que las de, por ejemplo, Mike y Sully, o Woody y Buzz, o Marlin y Dory. El clímax de “Hoppers: Operación Castor” es emotivo, sí, pero creo que podría haber resultado incluso más potente (y por qué no, lacrimógeno), si es que el filme se hubiese tomado el tiempo de desarrollar con más paciencia la amistad entre el castor real y el falso.

No obstante, si “Hoppers: Operación Castor” funciona, es porque cuenta con momentos tanto memorables como hilarantes. Consideren el primer encuentro entre Mabel y George en medio de una reunión inesperada con varios otros animales, o la forma en que nuestra protagonista, digamos, se enfrenta a la Reina de los Insectos, y lo que termina haciendo el hijo de esta última. El concepto del pase de consciencias a robots, además, es bien aprovechado, y hasta es utilizado a la inversa (no diré más…) para el clímax de la historia. “Hoppers: Operación Castor” avanza rápido y es consistentemente graciosa, por lo que dudo mucho que el público vaya a aburrirse o impacientarse al verla.
Es en el eje temático del guion, más bien, donde encontramos más flaquezas. Algunos de los responsables del filme ya han declarado que recibieron órdenes de “más arriba” de restarle importancia al tema ecológico de “Hoppers: Operación Castor”, y se nota a leguas en el producto final. Solo diré que las acciones y decisiones que Mabel toma son coherentes con su caracterización, pero que a la vez, la forma en que resuelve el conflicto central se siente increíblemente naif y optimista, hasta idealista (incluso para estándares de una cinta animada), y más como una “lavada de cara” para los políticos y líderes corporativos del mundo real, que algo verdaderamente creíble.
No obstante, el balance es positivo. La pasé muy bien con “Hoppers: Operación Castor” gracias a su ritmo acelerado, gags muy divertidos, personajes adorables, animación de gran calidad, y sí, pues, incluso el mensaje (por más que se sienta irregular y hasta un poco cínico). Nuevamente: no creo que el filme esté al mismo nivel que lo mejor que Pixar nos ha entregado en años anteriores, pero comparado a algo como, por ejemplo, “Elio” (que tampoco es horrible, dicho sea de paso), entiendo por qué algunos lo puedan considerar como un retorno a sus años mozos. “Hoppers: Operación Castor” es una aventura animada ligera y bienintencionada, perfecta para disfrutar en familia, idealmente en una pantalla enorme de cine.
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