El silencio en medio de una urbe llena de ruido. La belleza de la música y el arte en un contexto a veces muy enfocado en el dinero y la corrupción. El afinador, del canadiense Daniel Roher, es un filme que lidia con todos esos contrastes y lo hace a través de una historia bastante entretenida con toques de thriller, drama y romance. Protagonizada por un eficiente Leo Woodall, la cinta intenta mantener un balance entre varios elementos narrativos y, aunque tiene más éxito con algunos que con otros, en general convence como el tipo de producción de mediano presupuesto que ya no se ve con demasiada frecuencia en salas locales. El afinador no es un filme del todo afinado, pero sí uno que deja al espectador satisfecho.
Woodall interpreta a Niki White, un chico que sufre de hipersensibilidad al sonido, razón por la que tiene que usar tapones todo el tiempo en los oídos, y hasta utiliza unos más grandes cuando está en lugares de mucho ruido. Solía ser un pianista y músico prodigioso, pero ahora se dedica únicamente a afinar pianos junto a su amigo y maestro, el divertido y gentil Harry Horowitz (el gran Dustin Hoffman), quien está casado con Maria (Tovah Feldshuh). Un día, Niki es enviado a una universidad para reparar un piano, y es ahí donde conoce a Ruthie (Havana Rose Liu, de Bottoms), una talentosa pianista de quien se enamora rápidamente, y con quien eventualmente comienza una relación.

Pero como no todo puede ser perfecto, el ya mayor Harry termina teniendo un ataque al corazón y es enviado al hospital, donde Niki se entera de que tiene una deuda médica enorme, la cual va aumentando mientras se queda más tiempo hospitalizado. Es por eso que, utilizando sus considerables habilidades, decide comenzar a trabajar abriendo cajas fuertes para Uri (Lior Raz), un mafioso y criminal extranjero. Al inicio, su nuevo trabajo nocturno parece resolver todos sus problemas (especialmente los financieros). Pero luego de una noche inesperadamente violenta, Niki decide decirle a Uri que ya no quiere continuar siendo un criminal, y como se deben imaginar, su nuevo jefe no reacciona bien a dicha noticia.
Curiosamente, los elementos de El afinador vinculados al cine de mafiosos y criminales son los que menos funcionan. Inicialmente, Uri y su equipo son presentados de forma algo caricaturesca, más como figuras estereotípicas y poco creíbles que como potenciales antagonistas peligrosos. Es por eso que, una vez que Niki se pelea con ellos, su presencia termina sintiéndose no del todo convincente. Al final del día, da la sensación de que todo lo vinculado a Uri pudo estar mejor desarrollado, y que dicho personaje pudo ser construido de forma más intimidante y verosímil, como para que la tensión que se va desarrollando en torno a sus actividades sea verdaderamente inaguantable.
Quien felizmente sí es presentado de forma creíble es Niki. Interpretado por un sutil Woodall, nuestro protagonista es desarrollado como un chico que simplemente se dedica a sobrevivir; como alguien que debe lidiar con una condición médica que le impide vivir como la mayor parte de la gente, pero que a la vez le otorga una sensibilidad particular muy útil tanto para su trabajo legal como para el ilegal. Su romance con Ruthie, además, está construido con sensibilidad, y la química entre el parco y contenido Woodall y la dulce e inteligente Liu es palpable. Uno sabe, debido a todo el tema con Uri, que su relación corre peligro, pero gracias a lo bien que se perciben juntos, uno empatiza con ellos y termina queriendo que no se separen.

Ayuda, además, que Liu interprete a Ruthie como una chica de convicciones claras y ambiciones considerables. Es la representación de lo que Niki podría haber tenido si es que no se hubiese visto obligado a abandonar la música; la ama por eso, pero hasta cierto punto, también la envidia. La pasión de Ruthie contrasta con la aparente apatía de Niki, y Liu interpreta lo primero con miradas importantes (cortesía de sus alucinantes ojos) y cierta ternura hacia su nuevo enamorado. Por su parte, Dustin Hoffman tiene un rol pequeño pero importante como Harry, y Lior Raz hace lo que puede con el caricaturesco Uri. Por otro lado, da gusto ver en la pantalla grande al gran Jean Reno, aunque sea en el breve papel de Marius Maissner, un importante compositor para el que a Ruthie le gustaría trabajar.
Roher dirige El afinador con aplomo, inyectándole bastante estilo tanto a las escenas musicalmente relevantes como a las que nos permiten entender cómo Niki percibe el mundo. Respecto a lo primero, tenemos un par de secuencias de piano editadas con energía, en donde destaca tanto la música jazz (¡hasta hay un cameo por parte del gran Herbie Hancock!) como la composición nueva de Ruthie. Y respecto a lo segundo, Roher hace un buen uso de planos macro de los varios aparatos que componen las cajas fuertes, así como de los teclados de piano y las orejas y oídos de Niki, combinándolos con ruidos fuertes, la súbita ausencia de sonido y movimientos sutiles, para meternos de lleno en su mundo. Niki es un tipo especial, y Roher se asegura de transmitir dicha cualidad a través de diferentes recursos audiovisuales.
El afinador es una experiencia recomendable; fallida debido a ciertos elementos poco desarrollados vinculados al cine de criminales, pero dirigida con estilo, muy bien actuada y musicalmente memorable. Woodall destaca como un Niki de emociones contenidas, frustraciones considerables y buen corazón, y Liu sigue demostrando que lo tiene todo para convertirse en una estrella, interpretando a Ruthie de forma muy humana y emotiva. Y la cinta en general logra que el espectador conecte tanto con la historia (especialmente los aspectos dramáticos y románticos) como con sus personajes, a través de giros inesperados y un excelente uso de la música. El afinador es el tipo de estreno que da gusto todavía se encuentre en cines peruanos; ojalá el público se anime a darle una oportunidad.
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