A primera vista, “Atrapado robando” no parece ser una película de Darren Aronofsky. Después de todo, ¿qué tiene en común esta comedia negra de criminales con filmes como “Requiem por un sueño”, “El cisne negro” o “¡Madre!”? Muy poco, la verdad, pero si uno se concentra en lo que ve, puede ir encontrando algunos vestigios del estilo visual y de narración del afamado cineasta. En todo caso, si esta nueva película no se siente muy de Aronofsky, es a propósito. En la entrevista por streaming que se nos proyectó luego de la función de prensa, Aronofsky básicamente confesó que quería mostrar un lado más ligero de sí mismo con esta cinta, y que simplemente quería hacer algo divertido.
Y divertida es “Atrapado robando”, de eso no hay duda. Centrándose en un protagonista con el que resulta fácil empatizar, lo que tenemos acá es una cinta violenta, inicialmente sensual y ciertamente entretenida, que sin llegar a ser nada espectacular, al menos demuestra que Aronofsky es capaz de hacer algo que no sea deprimente, oscuro o emocionalmente explotador. Escrita por Charlie Huston, el autor de la novela en la que la película está basada, “Atrapado robando” se siente como un producto de otra época; como el tipo de thriller con toques cómicos que se veía con mucha frecuencia en los cines en los años 90 y 2000s, y que poco a poco fue desapareciendo para ser reemplazado por superproducciones llenas de efectos visuales digitales.

“Atrapado robando” es, en pocas palabras, lo que antes se hubiese considerado como una producción de “mediano” presupuesto, perteneciente a una clase de cine que hasta hace poco Hollywood parecía haber abandonado. Puede que el producto final no sea espectacular, pero al menos da gusto ver un filme de esta clase de vuelta en la pantalla grande. Con algo de suerte, animará a otras productoras a estrenar películas de similar corte, aunque sea para combatir a los blockbusters que hasta hace poco parecían haber dominado las salas de cine a nivel mundial (junto con el siempre eterno cine de terror, por supuesto).
Pero bueno, regresando a la película en sí. “Atrapado robando” se lleva a cabo en Nueva York en 1998, y tiene como protagonista a Hank Thompson (Austin Butler), una ex estrella de béisbol colegial que, luego de un terrible accidente automovilístico, se vio obligado a mudarse a la Gran Manzana para buscar otro destino. Es así que ahora trabaja como barman en un popular bar, y tiene de novia a la sensual enfermera Yvonne (Zoe Kravitz), quien solo quiere lo mejor para él. Su vida no es necesariamente perfecta, pero el chico al menos está tranquilo, por más de que no pueda dejar atrás ni su obsesión con el béisbol, ni su (ligero) alcoholismo.
Las cosas cambian, sin embargo, cuando su vecino, el punkete británico Russ (Matt Smith) se va de viaje y le deja su gato para que lo cuide. Casi inmediatamente, llegan un par de matones rusos al edificio, en busca de Russ, y, prácticamente de casualidad, terminan dándole una paliza tan horrible a Hank que éste termina hospitalizado. Ya de vuelta en su casa (pero con un riñón menos y tremenda cicatriz en el vientre), el chico se da cuenta que Russ le dejó una llave, un objeto aparentemente de mucho valor para los rusos. Y no solo están ellos; también hay un par de matones judíos (ortodoxos) llamado Lipa (Liev Schreiber) y Shmully (Vincent D’Onofrio), aparentemente capaces de hacer de todo por conseguir dicha llave. Consciente del peligro en el que se encuentra, Hank recurre a la detective de la policía Roman (Regina King) para recibir ayuda, pero salir de sus nuevos problemas no será tan fácil como a él le gustaría.

Lo mejor de “Atrapado robando” es que, hasta cierto punto, se siente como una experiencia imprevisible. Lo que inicialmente parece ser una historia relativamente arquetípica de un tipo bueno metido en situaciones peligrosas, poco a poco va demostrando ser algo un poquito más arriesgado (para estándares del cine comercial norteamericano, claro está). Los personajes secundarios —incluso los importantes o más carismáticos—, por ejemplo, no están del todo a salvo de las acciones de los antagonistas, y aunque hay algo de comedia en el filme —la mayoría cortesía del gato que Hank tiene que cuidar—, también hay bastante sangre y violencia, mucha de ella brutal, súbita y realista.
Esto último le permite a Aronofsky desarrollar a Hank no como un superhéroe o un protagonista invencible, si no más bien como un personaje vulnerable; como un chico que quizás es muy bueno con un bate de béisbol, pero que no puede hacerle frente tan fácilmente a los criminales de la ciudad. La relación que mantiene con Yvonne, además, ayuda a humanizarlo, y es establecida con sensualidad al inicio del filme, con una escena de sexo que, sin llegar a ser explícita, termina sintiéndose refrescantemente madura. De un tiempo a esta parte, he notado que la sexualidad ha ido regresando gradualmente al cine norteamericano; es algo que se había estado perdiendo y que, siendo parte de la condición humana, agradezco no haya sido abandonado del todo.

No obstante, sí siento que a Aronofsky no se le hace tan fácil balancear lo ligero con lo serio; lo absurdo con lo violento. Por un lado, tenemos muertes por todas partes y personajes intimidantes como el Colorado de Benito Antonio Martínez Ocasio, alias Bad Bunny (a quien prefiero más como actor que como cantante), así como peleas de corte realista y un pasado trágico para nuestro protagonista. Pero por el otro, tenemos a un gato capaz de sobrevivir a todo, al Russ de Matt Smith (una caricatura del anarquista británico quien, me parece, fue mejor representado por Spider-Punk en “Spider-man: a través del Spider-verso”) y dos judíos ortodoxos capaces de matar, pero que también respetan mucho a su religión y costumbres. Esta es una cinta algo excéntrica que nunca aburre, pero cuyos cambios de tono a veces resultan mareantes.
El reparto no tiene culpa de nada, sin embargo. Austin Butler está muy bien como Hank, interpretándolo de forma muy humana y sutil, como alguien que está combatiendo sus arrepentimientos y sus culpas (así como el recuerdo de sus sueños quebrados) con el alcohol. Es un buen tipo, pero tiene problemas de toda clase. Por su parte, Zoe Kravitz hace lo que puede con un rol arquetípico y hasta decepcionante: el de la novia sensual que quiere lo mejor de su chico, pero que no parece tener intereses u objetivos propios. Matt Smith destaca como el punkete ya mencionado; Regina King es suficientemente intensa como Roman; Bad Bunny sigue sorprendiendo con sus capacidades actorales (acá interpretando a un matón que disfruta hablar en Spanglish), y tanto Liev Schreiber como Vincent D’Onofrio parecen estar pasándola bien interpretando a dos rabinos psicopáticos.

Por otro lado, el que “Atrapado robando” se lleve a cabo en la Nueva York de los 90s le permite manejar una estética y tono algo retros, haciendo referencia a lo punk y anárquico y caótico. No hay smartphones ni Internet; solo teléfonos tradicionales, celulares enormes y actitudes desinhibidas por parte de los personajes. El filme en sí, además, hace uso de una imagen con textura y llena de sombras para sumergirnos en un mundo pre-11 de setiembre (las Torres Gemelas aparecen constantemente en el fondo de la ciudad, desde la primera escena), y la banda sonora de los Idles es enérgica y muy apropiada para el contexto en el que se lleva a cabo la historia.
La pasé bien con “Atrapado robando”, por más de que casi no se sienta como una película de Darren Aronofsky. Lo que nos brinda el afamado director acá es una experiencia de humor negro, violencia y giros narrativos inesperados que, sin llegar a sentirse particularmente original o novedosa, por lo menos logra mostrar un lado un poco menos cínico y deprimente del cineasta. Las actuaciones son todas excelentes, la narrativa es enredada (a propósito) pero jamás confusa, y aunque el balance de tonos no siempre funciona, al menos le permite a la cinta obtener una identidad propia, alejada de todo lo que Aronofksy ha hecho previamente. “Atrapado robando” no es ninguna maravilla, pero dentro de sus (relativamente) limitadas ambiciones, creo que logra cumplir con la mayoría de sus cometidos.
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