Avatar: fuego y cenizas

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Puede que, para algunos, “Avatar: fuego y cenizas” sea “más de lo mismo”, pero cuando “lo mismo” es tan emotivo, visualmente espectacular y bien construido, ¿para qué quejarse? Lo que tenemos acá es justo lo que los fanáticos de la saga estaban esperando, y de los blockbusters más emocionantes que puedan ver en el cine este año. Nunca me cansaré de decirlo: deben dejar de subestimar a Big Jim (Cameron). Cada vez que saca una nueva película, los haters salen a decir que será un fracaso, que nadie la verá y será mala. Y cada vez que esto sucede, la película termina siendo exactamente lo opuesto. ¿Logrará recaudar esta nueva secuela dos mil millones de dólares? Ni idea, pero la verdad, a estas alturas del partido no importa.

Porque al final del día, Cameron ha hecho lo que ha querido con su saga. Y en el caso de “Avatar: fuego y cenizas”, lo que al parecer quiso fue desarrollar, junto a sus coguionistas Rick Jaffa y Amanda Silver (“El planeta de los simios: nuevo reino”), una conclusión chocante para el arco que comenzó con el filme anterior. Tal y como el afamado cineasta había dicho hace unos años: la segunda y tercera película cuentan una historia con inicio, cierre y final, y las inevitables cuarta y quinta partes harán lo mismo. Porque aunque al parecer habrá que esperar a que Disney haga números, no me cabe la menor duda de que tenemos “Avatar” para rato. Por mí, que saquen diez películas más situadas en Pandora.

“Avatar: fuego y cenizas” se lleva a cabo unas tres semanas luego de los eventos de “Avatar: el camino del agua”. Jake Sully (Sam Worthington) y Neytiri (Zoe Saldaña), así como sus hijos, la mística Kiri (Sigourney Weaver), Lo’ak (Britain Dalton) y Tuk (Trinity Jo-Li Biss) siguen en duelo por la muerte del segundo miembro más pequeño de su familia. Pero la guerra no ha terminado. El coronel Miles Quaritch (Stephen Lang), todavía en su cuerpo de N’avi, se muere por atrapar a Jake, pero meterse nuevamente con el pueblo del agua no es buena idea.

No obstante, cuando Jake y los demás deciden llevar a un vulnerable Spider (Jack CHAMPION) de vuelta a la base de los humanos benignos junto a Norm (Joel David Moore) y el doctor Max Patel (Dileep Rao), son atacados mientras vuelan con un grupo de comerciantes liderados por Peylak (David Thewlis, en lo que es básicamente un cameo). Es así que la familia se desbanda; algunos se pierden en la jungla, otros son capturados por el enemigo y otros tienen que encontrar la forma de reunirse con sus seres queridos. Mientras tanto, Quaritch se alía con la lideresa de los N’avi del pueblo Ceniza, la intimidante Varang (Oona Chaplin), quien usa hierbas y alucinógenos para sacarles la verdad a sus enemigos, y se muere por controlar Pandora entera.

Pero eso no es todo. Aparte de estos nuevos enemigos, la RDA sigue en el planeta, y Selfridge (Giovanni Ribisi) está de vuelta, interesado en destruir a los Tulkun para poder extraerles una sustancia que vale millones de dólares. Para eso, trabaja junto a la despiadada general Ardmore (Edie Falco) y al cazador Scoresby (Brendan Cowell), quizás uno de los villanos más odiosos de la cinta, junto a Varang. Pero felizmente, el biólogo marino Garvin (Jemaine Clement) termina el arco con el que empezó en el filme anterior, dándose cuenta de que no puede seguir trabajando con estos humanos y que más bien tiene que hacer algo para ayudar tanto a los N’avi como a los Tulkun.

Interesante la manera en que se desarrolla la narrativa de “Avatar: fuego y cenizas”, ya que intenta hacer bastantes cosas, pero a la vez, es engañadoramente simplista. Esto no debería sorprender. Los filmes de “Avatar” nunca han narrado historias particularmente complejas, más bien valiéndose de arquetipos y referencias mitológicas para transmitir temas relacionados con la conservación ambiental, la familia y los peligros de la tecnología sin supervisión. Y “Avatar: fuego y cenizas” no es la excepción. De hecho, si hay algo que evita que esta tercera parte sea igual de satisfactoria que la segunda (mi favorita, dicho sea de paso), es que repite algunos de sus elementos narrativos más interesantes, por más de que ahora incluya al pueblo de la Ceniza y tenga toda una secuencia de acción que se lleva a cabo en la base de la RDA.

Pero nuevamente: puede que “Avatar: fuego y cenizas” sea muy ligeramente inferior a su predecesora, pero eso no quiere decir que sea una experiencia frustrante o tediosa. La película dura más de tres horas y, sin embargo, se mueve con energía y propósito, haciendo que el espectador nunca se sienta cansado de estar tanto tiempo sentado frente a la pantalla grande. Y por supuesto, Cameron sigue expandiendo el mundo que ha creado en Pandora, mostrándonos no solo a un nuevo pueblo N’avi, sino también lo que pasa cuando ciertos personajes buscan la ayuda de Eywa. No incluiré spoilers, por lo que solo diré que me encanta que Cameron se ponga verdaderamente místico y espiritual con esta cinta.

En ese sentido, “Avatar: fuego y cenizas” por fin explica por qué tiene, al igual que la anterior, a Sigourney Weaver haciendo de una adolescente (no se preocupen, no haré la revelación acá). Y también desarrolla mucho al Spider de Jack CHAMPION, un personaje que representa la verdadera unión entre humanos y N’avi, junto a Jake, por supuesto. Solo sepan que lo que sucede con Spider acá es realmente intrigante; algo me dice que traerá consigo consecuencias interesantes en la cuarta entrega, especialmente considerando los cambios a los que se enfrentan los nativos de Pandora en este filme.

Ahora bien, fuera de lo ya mencionado, mucha gente va a ver las películas de “Avatar” al cine por lo espectaculares que son, y evidentemente “Fuego y cenizas” sigue con esa tendencia. Lo que tenemos acá es una cinta visualmente increíble, que no se parece en NADA a ningún otro blockbuster que haya salido en los últimos años (a excepción, por supuesto, de “El camino del agua”). Toda escena, todo plano, todo frame es absolutamente convincente; se nota que Cameron y su enorme equipo de artistas de VFX han perfeccionado las técnicas creadas para la primera película y refinadas para la segunda, haciendo que Pandora se vea y escuche y sienta como un lugar real, lleno de vida y color. Desde el agua (que por momentos da la sensación de que puede tocarse) hasta las criaturas y los personajes mismos, todo luce increíble y deja mal paradas a otras producciones de gran presupuesto que intentan ser igual de épicas.

Vale la pena mencionar, además, que tuve la oportunidad de ver “Avatar: fuego y cenizas” en 3D y HFR (High Frame Rate). Sobre lo primero, nunca he sido fanático del 3D, pero ya a estas alturas debería quedar claro que Cameron es de los pocos cineastas que saben utilizarlo bien, y eso es precisamente lo que hace acá, dándole mucha profundidad a sus imágenes y haciendo que Pandora se sienta incluso más táctil de lo que ya es. Y sobre lo segundo, debo admitir que al inicio las imágenes me mareaban un poco y por momentos hasta se sentían como cutscenes de un videojuego de PS5, por la velocidad de los movimientos de personajes y la cámara. Pero eventualmente me acostumbré y hasta entendí por qué fue usado. No creo que funcione para cualquier película (“El Hobbit” ya demostró eso años atrás, lamentablemente), pero aquí está bien.

Ahora, por más que los haters de la saga digan que “Avatar” no tiene relevancia cultural o que los personajes son genéricos, para esta tercera película, uno ya logra conectar bien con los protagonistas. A diferencia del blockbuster promedio, Cameron hace un excelente trabajo logrando que el público se preocupe por sus personajes, añadiéndole mucha tensión a sus magníficas secuencias de acción. Especialmente para el espectacular clímax, estuve con la sensación de que cualquiera de los miembros de la familia Sully podría morir, desde Jake y Neytiri hasta los niños. Eso es algo que no se ve con frecuencia en películas de este tamaño y que ayuda a que “Avatar: fuego y cenizas” se diferencie de la cinta millonaria promedio (junto con el apartado audiovisual, por supuesto).

Las actuaciones (en su mayoría realizadas con Captura de Movimiento) ciertamente ayudan a que uno pueda sumergirse en Pandora. Sam Worthington no es el actor con más rango del mundo, pero su Jake Sully funciona perfectamente como un líder imperfecto y padre exigente pero apasionado. Por su parte, Zoe Saldaña está muy bien, como siempre, interpretando a una Neytiri que pasa por muchas emociones a lo largo de la película y que tiene que aprender a tener una visión menos en blanco y negro de su mundo. Stephen Lang y Oona Chaplin convierten a Quaritch y Varang, respectivamente, en un dúo de temer; de los villanos más complejos, interesantes y odiosos que haya visto en un buen tiempo.

Adicionalmente, Kate Winslet y Cliff Curtis destacan como la pareja de Ronañ y Tonowari. La Ardmore de Edie Falco es la representante perfecta de la RDA: violenta y necia. A Jack CHAMPION le dan más oportunidades para brillar, haciendo que Spider se convierta en un personaje con el que vale la pena empatizar. Bailey Bass tiene menos que hacer acá como Tsiyera que en el filme anterior, por lo que asumo tendrá un rol más importante en la cuarta película. Britain Dalton pasa por un arco de personaje interesante como Lo’ak, junto a su amigo Tulkun, el gran Payakan. Y Matt Gerald está de vuelta como un Wainfleet en cuerpo de N’avi, aunque para mi gran decepción, en ningún momento grita “GET SOOOOME!”.

¿Qué más escribir sobre “Avatar: fuego y cenizas”? Los haters de la saga no se convertirán, pero quienes siempre la pasan bien en Pandora, como Vuestro Servidor, tendrán una gran experiencia con esta nueva película. La exploración de las dinámicas familiares de los Sully es muy humana y emotiva; nuevos villanos como Varang son de los que realmente da gusto odiar; y el apartado visual es, por supuesto, de primer nivel, demostrando lo mucho que se puede hacer cuando a un equipo de realización y postproducción se le da tiempo de sobra para hacer su trabajo. “Avatar: fuego y cenizas” termina de tal manera que podría convertirse en la conclusión de la saga, pero dudo mucho que eso vaya a pasar. Cameron tiene que sacar su cuarta y quinta película y, al igual que millones de otros fanáticos, yo estaré aquí para verlas en el cine, en el formato más grande posible.

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