“Best Wishes to All”, de Yûta Shimotsu, es una interesante y por momentos excéntrica exploración del costo de la felicidad en una sociedad capitalista que no cree en nadie. Centrándose en las costumbres de un pequeño pueblo japonés y la forma en que una chica citadina las percibe, la película utiliza el terror para mostrarnos cómo el ser humano contemporáneo tiene que hacer miserables a otros para, supuestamente, encontrar la felicidad propia. El mundo, por ende, tiene que manejar un balance entre lo bueno y lo malo; entre lo positivo y lo negativo, y por supuesto, entre lo feliz y lo triste. Esto, lógicamente, no es del todo justo, pero si “Best Wishes to All” postula algo, es precisamente que nuestro mundo no es justo.
La protagonista de “Best Wishes to All” es una chica sin nombre (de hecho, no se menciona el nombre de ningún personaje; huh) interpretada por Kotone Furukawa. Luego de un prólogo apropiadamente inquietante de su infancia, la vemos viajando de Tokyo al pueblo de su familia para visitar a su abuela y abuelo, interpretados, respectivamente, por Inuyama Yoshiko y Arifuku Masashi. Lo que inicialmente parece ser una visita bastante inocente, poco a poco se va tornando en una experiencia perturbadora cuando nuestra protagonista descubre que las preguntas inocuas y sonrisas exageradas de sus abuelitos esconden algo siniestro.

Resulta, pues, que los viejitos esconden a una persona en un cuarto en el segundo piso de su casa. Y no es cualquier persona; es un prisionero al que, poco a poco, le van chupando la felicidad, para que ellos puedan ser felices y tener una vida tranquila. Es ahí, pues, donde radica el tema principal de “Best Wishes to All”: el precio de la felicidad. Es a través de esta alegoría que vemos a gente supuestamente normal utilizando las desgracias de los demás (o, bueno, de una persona en particular) para tener una vida supuestamente feliz. Y lo peor es que los abuelos de la chica no son los únicos; el pueblo entero hace lo mismo, incluyendo a los padres de nuestra protagonista, quienes llegan en cierto momento y no se sorprenden para nada al ver que los viejos tienen prisionero a un tipo (con la boca y ojos cocidos, dicho sea de paso).
El único en este lugar que parece estar en desacuerdo con tan asquerosa costumbre es un ex compañero de nuestra protagonista, interpretado por Koya Matsudai. Dicho personaje, no tan casualmente, parece ser la única persona infeliz del pueblo; un chico que se dedica a cosechar arroz junto a su padre, pero que en realidad preferiría ser un artista en la gran ciudad. Es por dicha infelicidad, lamentablemente, que se rehusa a perseguir sus sueños, contentándose con tener una vida relativamente tranquila en el campo. La llegada de nuestra protagonista le permite reconsiderar dicha situación, lo cual lamentablemente no termina teniendo una conclusión particularmente feliz.
Al comenzar “Best Wishes to All”, uno va notando que no se tratará de una experiencia de horror tradicional, o al menos similar a lo que solemos encontrar en la cartelera comercial. El tono del filme es completamente serio, pero a la vez, Shimotsu no tiene miedo de incluir momentos potencialmente absurdos, como cuando la abuela camina rápidamente hacia la chica y comienza a golpear su cara contra una puerta. Además, y especialmente hacia la segunda mitad del filme, la historia se torna cada vez más alegórica, abandonando cualquier intento de realismo para simplemente desarrollar su tema central con la menor sutileza posible. Por ejemplo, si creen que cierta escena de parto debería ser tomada literalmente, creo que no están en la misma página que Shimotsu y compañía.

Si todo esto suena como algo difícil de digerir, es porque hasta cierto punto lo es. Pero eso no quiere decir que “Best Wishes to All” no funcione. De hecho, lo que tenemos acá es una suerte de thriller alegórico bastante eficiente, que a través de su premisa tan curiosa nos termina diciendo mucho sobre la naturaleza del egoísmo humano, y sobre cómo las almas más inocentes eventualmente son corrompidas por una sociedad que busca siempre la felicidad propia e individual, sin que a muchos les importe la vida de los demás. No hace falta decir, entonces, que para el final de la historia nuestra protagonista es una persona muy distinta a la que era al inicio, y no necesariamente para bien.
Fuera de todo aquello, “Best Wishes to All” funciona bastante bien como una película de género, incluyendo diversas imágenes potentes y momentos inquietantes. De estos últimos, destacan la imagen del abuelo mirando al techo de su casa con la boca abierta (como poseído); los abuelos haciendo sonidos de cerdo frente a su nieta, y cierta escena que involucra un ojo e hilo te tejer. “Best Wishes to All” no es una película de gore, pero igual contiene suficientes momentos de violencia o agresión súbita como para sorprender al espectador más escéptico.

No obstante, no puedo considerar a “Best Wishes to All” como una experiencia de horror clásica o típica. Lo que nos ofrece llega a ser un poco muy obtuso, haciendo que resulte difícil conectar con la historia a nivel humano o emocional. Y aunque sí resulta fácil empatizar con nuestra protagonista, la naturaleza alegórica de la historia más bien hace que preocuparse por ella no sea una prioridad para el espectador; después de todo, como sabemos que mucho de lo que la película postula no debe ser tomado literalmente, sabemos que la chica probablemente saldrá viva del pueblo. Esto le resta tensión a “Best Wishes to All”, pero a la vez, hace que la narrativa sea consistentemente interesante. Suena paradójico, pero el resultado es un filme más estimulante a nivel intelectual que emocional.
Si quieren ver algo distinto, denle una oportunidad a “Best Wishes to All”. Se trata de una cinta que usa recursos del cine de terror y suspenso para desarrollar una historia que mucho quiere decir sobre la naturaleza de la felicidad humana y el egoísmo inherente en muchas personas que solo piensan en sí mismas. Le suman a eso varias imágenes francamente angustiosas, y un final que se siente trágicamente inevitable, y “Best Wishes to All” se convierte en una de las experiencias más interesantes y a la vez imperfectas que puedan tener este año. Puede que no sea el horror que muchos fanáticos del género estén buscando, pero lo más probable es que se convierta en el horror que a varios les podría resultar intrigante.
Nota: Vi este film gracias a un screener cortesía de IFC: Independent Film Company.
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