Basada en la novela de Manuel Puig y, por supuesto, también en la obra de teatro musical, “El beso de la mujer araña”, de Bill Condon (“Kinsey”, el remake de “La bella y la bestia”) es una experiencia que mezcla la música con el baile y el comentario social para desarrollar una narrativa que mejor fue realizada en la película (no musical) de 1985 (con William Hurt y Raul Julia). Ahora, eso no quiere decir que este nuevo filme no funcione ni mucho menos. De hecho, en términos generales, se trata de una cinta emotiva y hasta inspiradora; pero a la vez, mientras la veía, no podía evitar sentir que el potencial entero de su premisa no estaba siendo correctamente exprimido por esta nueva versión.
“El beso de la mujer araña” se lleva a cabo en la Argentina de la dictadura militar, y tiene como protagonistas a dos presos políticos: Valentín Arregui (Diego Luna) y Luis Molina (Tonatiuh). El primero ha sido encarcelado debido a sus vínculos con el movimiento revolucionario antigobierno, y el segundo, se supone, por ser queer. Pero la verdad sobre el segundo es, en realidad, más complicada. En realidad, está siendo utilizado por el director de la cárcel, Óscar Ledesma (Bruno Bichir), como espía, para extraerle información a Valentín sobre la rebelión. La idea es que, si Luis cumple con su tarea, será liberado para que pueda regresar donde su madre (Lucila Gandolfo).

Sin embargo, como quizás ya saben si están familiarizados con esta historia, todo el punto de “El beso de la mujer araña” es que logra desarrollar una relación cuasiromántica entre dos personajes que no podrían ser más distintos. Es así que, gradualmente, Valentín y Luis se van enamorando, lo cual, por supuesto, complica la misión del segundo. ¿Y cómo sucede esto? A través de una historia que Molina le va contando a Arregui cada vez que las luces se apagan en la cárcel de noche: la de una de sus películas favoritas, “El beso de la mujer araña”. En ella, vemos a Aurora (Jennifer López) enamorándose de un galán (Diego Luna nuevamente) que tiene que escapar de unos mafiosos en un país latinoamericano inventado.
Es así, pues, que “El beso de la mujer araña” maneja una estructura que entrelaza dos líneas narrativas: la del mundo real en la cárcel y la de la fantasía de una película que es reinterpretada por Luis, quien poco a poco se va enamorando de Valentín. En ese sentido, esta nueva versión de la historia no se diferencia demasiado ni de la novela de Puig ni del filme anterior, aunque sí un poco del musical original. Porque para que haya un mayor contraste entre la oscuridad de la realidad de nuestros personajes y el optimismo de la fantasía, la mayoría de los números musicales del mundo real han sido eliminados. Es así que esta versión de “El beso de la mujer araña” termina siendo parcialmente musical, ligando la música únicamente a la fantasía de Molina.
Lo cual es una decisión creativa interesante. Por un lado, efectivamente, logra desarrollar un mayor contraste de tonos entre ambas líneas narrativas, haciendo que la realidad de nuestros personajes sea incluso más cruda y desesperanzadora. Pero por otro lado, seguramente es algo que fastidiaría a más de un fanático o fanática del musical original. Adicionalmente, es algo que trae consigo otro problema: algunos de los cambios de tono o transiciones entre escenas pueden ser bien súbitos, poniendo en contraposición escenas de (breve) tortura con momentos de canto y baile. En general, no creo que Condon haya cometido un error con esta decisión, pero tampoco es algo que funcione siempre.

En todo caso, si esta versión de “El beso de la mujer araña” funciona, es porque se sigue sintiendo como una historia de protesta, totalmente opuesta al fascismo y la opresión (cosa que no podría ser más relevante hoy en día, especialmente con lo que ha estado sucediendo en los Estados Unidos últimamente… ugh). El contraste entre Arregui y Molina resulta en fascinantes interacciones entre ambos personajes, y pone en cuestión mucho de lo que ambos creen. Por un lado, Valentín es alguien que, al parecer, tiende a enamorarse de gente que supuestamente representa todo lo que él odia. Y por el otro, Molina se va dando cuenta de que, sí, el cine puede servir como escapismo, pero que también hay ideales por los que vale la pena pelear en la vida real.
No quiero incluir spoilers acá, por lo que solo diré que esta última idea es lo que resulta en un desenlace francamente trágico, que podría llegar a frustrar a ciertos espectadores, pero que, creo yo, sirve para transmitir con potencia el arco de personaje de ambos protagonistas. Ayuda, además, que tanto Luna como Tonatiuh den buenas actuaciones. El primero no tiene la mejor voz al cantar, pero igual interpreta a sus dos personajes con convicción, en particular, desarrollando a Valentín como un tipo de coraza fuerte, pero con corazón blando. Y el segundo resulta fascinante como Luis; muy natural y empático, y lleno de carisma, lo cual contrasta perfectamente con Arregui.

¿Y qué hay del aspecto musical de “El beso de la mujer araña”? Pues… en general está bien. Me gusta la forma en que los números musicales tanto parodian como homenajean a los grandes musicales hollywoodienses del siglo pasado, haciendo uso de colores primarios saturados, vestuario clásico, y sets poco realistas que parecen haber sido sacados de filmes de los años 40 ó 50. Las coreografías, además, sin vistosas, y ayuda el que se note a leguas que tanto Luna como López las realizaron ellos mismos. Pero lamentablemente, no puedo evitar sentir que, en términos generales, a la película le falta algo de energía, especialmente durante estas secuencias. El estilo de montaje es muy letárgico como para una experiencia de este tipo, y la cámara es por momentos demasiado estática, dependiendo mucho del movimiento dentro del encuadre, cuando lo podría haber complementado con movimientos exteriores interesantes (como lo que Spielberg hizo con su extraordinaria “Amor sin barreras”).
No obstante, el balance general es positivo. Tanto Diego Luna como Tonatiuh y Jennifer López brillan en sus respectivos roles, y la experiencia de ver “El beso de la mujer araña” resulta tanto entretenida como emotiva, especialmente por cómo mezcla comentario social y político con las formas de un musical clásico de Hollywood de hace más de cincuenta años. La edición pudo ser más enérgica, eso sí, y ciertas decisiones creativas y cambios realizados por Condon no llegan a funcionar del todo bien. Pero no puedo decir que la haya pasado mal con “El beso de la mujer araña”. Es una experiencia tanto clásica como diferente; tanto esperanzadora como chocante, y muy distinta a lo que se suele estrenar en los cines comerciales de nuestro país.
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