“El Rey Escorpión” es el equivalente a una hamburguesa de McDonald’s. No es particularmente nutritiva, pero a uno le dan ganas de comerla de vez en cuando, consciente de que no alimenta mucho, pero disfrutando de su sabor. Puede que no sea el mejor elogio que se le pueda dar a una película, pero si hay algo que no me da vergüenza admitir, es que no todas las películas que me gustan son necesariamente buenas. Mucho se le puede criticar a “El Rey Escorpión”, pero al menos no se puede decir que sea aburrida. Y como encima la vi miles de veces de púber, siento cierta nostalgia cada vez que la veo; imposible dejar de vincular al filme con mis “años mozos”.
Imposible, también, considerar que “El Rey Escorpión” fue dirigida por Chuck Russell, responsable, también, de “La Máscara”, otra de mis películas favoritas. Y que fue coescrita por Jonathan Hales, quien apoyó a George Lucas con el guion de “Star Wars: Episodio II – El Ataque de los Clones”, otro de los clásicos de mi infancia. ¿Comienzan a notar un patrón? Quizás hay algo en estas producciones de los años 90 y los dos mil que me atrae, y mejor si fueron realizadas por algunas de las personas ya mencionadas. Manejan un estilo muy particular, haciendo uso de tecnología digital innovadora antes de que fuese parte de todo blockbuster hollywoodiense, y resultan divertidas sin tomarse demasiado en serio a sí mismas. Y bueno, nuevamente: fueron parte importante de mis años de crecimiento. Imposible ignorar el factor nostalgia.

En fin, todo esto me lleva, por supuesto, de vuelta donde “El Rey Escorpión”. Luego del éxito de la primera “Momia” (increíble película) y “La Momia Regresa” (una irregular secuela que tiene lo suyo), resultaba inevitable que salieran todavía más películas pertenecientes al universo creado por Stephen Sommers. Y después de que Dwayne “La Roca” Johnson debutase en el segundo filme, tenía todo el sentido del mundo que le dieran su propio papel protagónico. Es así que “El Rey Escorpión” se lleva a cabo como una precuela de “La Momia Regresa”, que nos explica cómo el personaje del título se convierte, bueno, en rey. Pero no precisamente en la figura más bien antagónica de la segunda aventura de Rick O’Connell y compañía.
Porque si no lo recordaban, en “La Momia Regresa”, el Rey Escorpión es un villano, quien aparece primero como humano en un memorable prólogo y luego como una criatura digital de cuestionable calidad visual en el clímax de dicho filme. Sin embargo, en “El Rey Escorpión”, es un hombre común y corriente; un asesino de corazón blando que termina convirtiéndose en héroe, salvador de todo un pueblo y pareja de una chica antes abusada. Es decir: nada que ver con el personaje que conocimos en la otra cinta.
Por ende, “El Rey Escorpión” no funciona como precuela. Y no, no me animo a ver ninguna de las infinitas secuelas de este filme, cada una más barata que la otra, y todas destacando por carecer de la presencia de Johnson. ¿Explicará alguna cómo es que este personaje se termina convirtiendo en un tirano que decide hacer un trato con Anubis? Ni idea. Lo que me importa es lo que sucede en este filme, el cual, si se considera como una aventura individual con conexiones extremadamente superficiales con “La Momia Regresa”, funciona bastante bien. “El Rey Escorpión” es diversión pura; absurda, exagerada y ciertamente memorable. Russell sabe dirigir, y aunque el material no es el más complejo, lo aprovecha al máximo.

“El Rey Escorpión” se lleva a cabo en el Medio Oriente en “las épocas antes de las pirámides”, y tiene como protagonista al personaje del título, en realidad llamado Mathayus (Johnson), un asesino que es contratado por un Rey llamado Pheron (Roger Rees, de “Robin Hood: Men in Tights”) para acabar con Memnon (Steven Brand, de “Saw X”), un autócrata tirano que quiere acabar con todos sus enemigos y conquistar el mundo. ¿Y cómo es que Memnon ha logrado obtener tanto poder? Resulta que tiene de esclava a una vidente (Kelly Hu), quien puede ver el futuro y le ayuda a obtener todo tipo de victorias militares.
La idea es que Mathayus asesine a la vidente, pero cuando la conoce, decide rescatarla, lo cual obviamente resulta en las fuerzas de Memnon persiguiendo a nuestra protagonista. Felizmente, Mathayus no está solo. El fuerte guerrero se alía con un ladrón llamado Arpid (Grant Heslov, ahora convertido en productor, colaborador frecuente de George Clooney); un inventor llamado Philos (Bernard Hill, el mismísimo Théoden de “El Señor de los Anillos”); un niño (Tutu Sweeney) y el líder de una tribu enemiga de Memnon, Balthazar (el gran Michael Clarke Duncan). Juntos, tienen que encontrar la manera de matar a Memnon, antes de que logre asesinar a todos los pueblos que se le oponen.

La trama es bastante sencilla, ya que sirve más como excusa para situar a Johnson en todo tipo de secuencias de acción. De entre ellas, destacan la pelea inicial, en la que rescata a su hermano, Jesup (Branscombe Richmond), de un grupo de enemigos, y que nos muestra lo fuerte que es Mathayus (sus flechazos literalmente mandan a la gente a volar); un enfrentamiento con hormigas rojas gigantes; la pelea entre Mathayus y Balthazar (en la que chocan espadas y estas se rompen en el aire); y por supuesto, el combate final entre nuestro protagonista y Memnon. La acción está dirigida con aplomo, y aunque muchas situaciones se ven limitadas por la clasificación para Mayores de 14 años del filme (no hay sangre ni heridas visibles), en general, todo resulta muy emocionante.
Esto se debe, por supuesto, al carisma de Johnson. Especialmente en esta época, no era un actor particularmente versátil, pero su experiencia en la WWE como luchador ciertamente lo preparó para un rol como este, el cual no es particularmente exigente. Todo lo que tiene que hacer es matar a incontables extras, levantar la ceja de cuando en cuando e interpretar a Mathayus con personalidad, y con todo le va bastante bien. Además, está rodeado de un reparto bastante decente. Michael Clarke Duncan es la contraparte perfecta para Johnson (inmenso, intimidante y encantador); Kelly Hu hace lo que puede con un rol algo ingrato, mezclando sensualidad con inteligencia; Bernard Hill parece estar pasándola de lo lindo como un tipo que, al parecer, logró inventar la pólvora miles de años antes que los chinos; y Steven Brand logra convertir a Memnon en un villano capaz, astuto y despiadado.

Lo mejor que puedo decir sobre “El Rey Escorpión” es que se siente como un filme tipo Serie B con más presupuesto; como una historia que no pretende ser ni particularmente inteligente ni particularmente compleja, y que agarra inspiración de diferentes épocas y personajes históricos para preparar una mazamorra que, seguramente, espantaría al historiador o académico promedio. Pero es ahí, precisamente, donde radica lo más atractivo de “El Rey Escorpión”: en que se siente como una fantasía, y como una gran oportunidad para Johnson, la cual aprovecha al máximo, demostrando que es capaz de liderar una producción hollywoodiense. El que sea todo tan —absurdamente— divertido casi se siente como la cereza sobre el pastel.
En todo caso, me da pena que este filme no haya contado con secuelas más decentes. Entiendo que Johnson quería pasar a mejores cosas, pero ¿se imaginan una trilogía de películas de “El Rey Escorpión”, todas protagonizadas por La Roca? ¿Con la última empalmando perfectamente con el prólogo de “La Momia Regresa”, dándole así a Mathayus un arco de caída, transformándolo, finalmente, en villano? Ese hubiese sido el sueño, pero lamentablemente, nunca se llevó a cabo. Así que todo lo que podemos hacer es disfrutar de “El Rey Escorpión”. Una película de acción francamente ridícula, pero que está realizada con tanta sinceridad y habilidad técnica y tan poca seriedad que resulta prácticamente imposible no pasarla bien con ella. Nuevamente: “El Rey Escorpión” no es una buena película en el sentido tradicional de la frase, pero eso no quiere decir que no vaya a defenderla hasta el fin de los tiempos.
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