“El sobreviviente” (1987), de Paul Michael Glaser (curiosamente, el detective Starsky original de la serie “Starsky y Hutch”), salió durante lo que podría ser considerado como la época dorada de Arnold Schwarzenegger. Estrenándose poco tiempo después de la primera “Terminator”, el mismo año que “Depredador”, y un año antes de “Red Heat” y “Gemelos”, lo que tenemos acá es la película que mejor representa al Arnoldo de los años ochenta. Violenta, absurda y llena de frases lapidarias, “El sobreviviente” es entretenimiento puro, por más que no sea una adaptación particularmente fiel de la novela escrita por el famoso Stephen King. Como sátira, no está al mismo nivel que algo como “Robocop”, pero como thriller de acción, funciona muy bien.
“El sobreviviente” se lleva a cabo en un futuro (bueno, en el año 2017, así que el pasado para nosotros) distópico, en el que el mundo es gobernado por un régimen totalitario violento. Para calmar a las masas y mantenerlas distraídas, el estado organiza un programa tipo concurso para televisión llamado The Running Man. En él, supuestos criminales tienen que sobrevivir a toda suerte de enemigos mientras corren por sus vidas, y por supuesto, mientras el público hace apuestas y elige a sus favoritos. Algo similar, de hecho, a lo que luego se vería en series como “Los juegos del hambre” o “El juego del calamar”.

Nuestro protagonista es Ben Richards (Arnoldo), un ex piloto de helicóptero del gobierno que, al negarse a dispararle a un grupo de civiles inocentes, es arrestado y llevado a concursar en The Running Man. Por un lado, tiene que asegurarse de sobrevivir mientras el anfitrión del programa, Damon Killian (Richard Dawson) se burla de él. Pero por el otro, por lo menos cuenta con la ayuda de sus amigos, Laughlin (Yaphet Kotto, de la primera “Alien”) y Weiss (Marvin J. McIntyre), así como de Amber Mendez (María Conchita Alonso), una ex trabajadora del estado que es injustamente vinculada a Richards y llevada a participar del juego. Juntos, tendrán que encontrar la forma de sobrevivir y, con algo de suerte, acabar con Killian.
Seguramente, los elementos satíricos de la historia son más obvios en la obra de Stephen King. En esta película, más bien, son tratados de forma algo superficial, como características necesarias para que el world-building funcione, pero nada más. No obstante, resulta interesante disfrutar de un filme que se lleve a cabo en un contexto así hoy en día, especialmente si se le compara con lo que sucede, por ejemplo, con ICE en los Estados Unidos de Donald Trump. Acá también tenemos a agentes gubernamentales que arrestan injustamente a la gente y los acusan de crímenes que nunca cometieron. Obviamente, siendo acá la principal diferencia que todo se justifica por la creación —y la popularidad— del programa The Running Man.
No obstante, hay otros elementos de la construcción de este universo que me parecieron interesantes. Está la presencia constante de soldados por todas partes; la obsesión del público por la muerte (tanto así que buena parte de la audiencia del programa son mujeres mayores, hasta abuelitas); la utilización de “mascotas” de propaganda como el Capitán Libertad (Jesse Ventura, también de “Depredador”), y por supuesto, las constantes mentiras propagadas por el gobierno para justificar la violencia y la represión. Nuevamente: ninguno de estos elementos está desarrollado con mucha profundidad, y de hecho aparecen más al inicio de la historia para luego ser (casi) abandonados, pero agradezco que al menos parezca que “El sobreviviente” tiene algo que decir sobre la naturaleza de los estados policiales y represivos.

Sin embargo, al final del día, “El sobreviviente” es más que nada una cinta de acción ridícula, y en ese sentido, no decepciona. El Richards de Arnoldo es presentado, por supuesto, como un hombre increíblemente fuerte (capaz de cargar vigas enormes de metal o arrancar mesas que estaban pegadas al suelo) que, sin llegar a ser un antihéroe, al menos cuenta con ciertas características negativas como para que no sea un clásico protagonista perfecto. Las secuencias de acción en las que se involucra son exageradas y violentas, y resultan en muertes (las de sus contrincantes, por supuesto) bastante cruentas.
Ayuda, además, que “El sobreviviente” esté lleno de personajes secundarios memorables, la mayoría de ellos enemigos de Richards. Está Subzero (Professor Toru Tanaka), que mata a sus enemigos con una suerte de espada; Buzzsaw (Gus Rethwisch), que cuenta con una motosierra; Dynamo (Erland van Lidth), que parece tener los poderes de un Pokémon eléctrico; y Fireball (Jim Crown), que no necesita más que un lanzallamas y un jetpack para convertirse en un contrincante formidable. Son estos coloridos personajes los que convierten a “El sobreviviente” en una experiencia de acción distinta a las demás películas de Arnold de la época, demostrando, además, que este gobierno autocrático (y los productores de The Running Man) no están muy interesados, que digamos, en ser justos con sus concursantes.

Por su parte, Arnold es una fuerza de la naturaleza; inmenso, fortísimo, y siempre listo para soltar una frase lapidaria (algunas de mis favoritas: “aquí está Subzero; ahora, solo cero”; “¿te doy una levantada?”; “no cumplo encargos”; “¡oye, cabeza de foco! ¡Oye, árbol de Navidad!”). No es una buena actuación en el sentido tradicional de la palabra, pero sí una muy carismática y memorable. El reparto secundario, por otro lado, está lleno de figuras conocidas y talentosas. María Conchita Alonso destaca como Amber, el único personaje femenino importante del filme (como solía pasar en los ochentas); Jesse Ventura la está pasando de lo lindo como el Capitán Libertad; Richard Dawson es encanto puro como el sádico Damon Killian, y hasta tenemos cameos por parte de Mick Fleetwood (¡de Fleetwood Mac!) y Dweezil Zappa (hijo de Frank Zappa).
“El sobreviviente” es de las películas ochenteras más memorables de Arnold Schwarzenegger. Puede que no sea igual de inteligente y compleja que “Terminator”, o tan legendaria como la primera “Depredador”, pero como una suerte de sátira (ligera) de la obsesión que el ser humano tiene con la violencia, y por supuesto, de los estados policiales autocráticos y agresivos, funciona bastante bien. Le suman a eso acción bien dirigida y sangrienta, y frases lapidarias frecuentemente memorables y ocasionalmente graciosas, y “El sobreviviente” se convierte rápidamente en una experiencia irregularmente entretenida y muy de su época. Considerando que la nueva “El sobreviviente” (de mi director favorito, el británico Edgar Wright) se supone será más fiel al libro, estoy seguro que no reemplazará a esta primera película; la complementará, lo cual hará que esta producción no pase de moda ni sea olvidada.
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