Kill Bill: The Whole Bloody Affair

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Lo que por años fue tan solo un rumor —o, bueno, en realidad un corte que fue proyectado únicamente en Cannes en 2006— por fin se ha hecho realidad. “Kill Bill: The Whole Bloody Affair” está a punto de estrenarse en cines, dándole la oportunidad a miles de fanáticos de disfrutar de la historia completa de Beatrix Kiddo (Uma Thurman), en su búsqueda de venganza. Una pena, en todo caso, que, al menos hasta el momento, Quentin Tarantino haya confirmado que este corte de su épica saga va a salir únicamente en cines. Nada de streaming, nada de Blu-Ray o de UHD Blu-Ray. Por lo que si quieren ver “Kill Bill: The Whole Bloody Affair” como Dios manda, tienen que ir corriendo a su sala más cercana antes de que la quiten de cartelera.

Ahora bien, habiendo aclarado todo lo anterior, ¿qué tal ha sido ver “Kill Bill: The Whole Bloody Affair” en la pantalla grande? Pues al menos en mi caso, no ha hecho más que confirmar lo que ya había sabido por años: que el Volumen 1 (es decir, la primera mitad de la historia, no a nivel cronológico, necesariamente) es mi favorito, y que el Volumen 2 no es una conclusión bastante anticlimática y tediosa que, felizmente, igual cuenta con secuencias expertamente dirigidas y momentos memorables. Sé que no todo el mundo está de acuerdo —y mucho menos los fanáticos de estos filmes, quienes seguramente ya se están preparando para decapitarme—, pero al menos para Vuestro Servidor, “Kill Bill” (tanto en su versión original partida en dos como en este nuevo corte) es una experiencia cinematográfica vibrante, sangrienta, por momentos frustrante e irregular en sus ambiciones. Me gusta, pero habiendo ya visto este nuevo corte, me hubiese encantado que me gustase más.

“Kill Bill: The Whole Bloody Affair” tiene como protagonista a La Novia (Thurman), una asesina experta que es traicionada por su jefe, Bill (David Carradine), en el día de su boda, siendo asesinada (se supone) por el Escuadrón Asesino de la Víbora Mortal, al que pertenecen Vernita Green (Vivica A. Fox), Budd (Michael Madsen), Elle Driver (Daryl Hannah) y O-Ren Ishii (Lucy Liu). Pero como deben saber ya, todos en la iglesia mueren a excepción de nuestro personaje principal, por lo que la Novia, en realidad llamada Beatrix Kiddo, se recupera años después en el hospital y decide tomar un camino de venganza que la lleva a buscar a todos los miembros de su escuadrón asesino, y finalmente, a Bill.

Y eso es, en realidad. Narrativamente hablando, “Kill Bill: The Whole Bloody Affair” es increíblemente simple, por lo que en realidad se termina sintiendo grande y complejo gracias a la estructura que Tarantino le otorga. Los eventos de la historia no son presentados de manera cronológica, sino más bien de forma serializada, a través de capítulos que entrelazan el pasado con el presente. Es así, por ejemplo, que vemos a Beatrix matar a Vernita antes que a O-Ren, por más de que en realidad —dentro de la ficción del filme— haya sido al revés. En ciertas instancias, este orden tan peculiar ayuda a enfatizar la tensión de la narrativa o a esconderle ciertos secretos al espectador (como el nombre verdadero de la Novia), pero en otras, se siente como un recurso totalmente gratuito.

Ahora bien, esto último no debería sorprender, porque “Kill Bill: The Whole Bloody Affair” es el tipo de película donde la forma informa al fondo. O en otras palabras: el fondo depende enteramente de la forma, por lo que resulta imposible separarlos, o manifestar, como si de un defecto se tratase, que la película no funcionaría tan bien si careciera de su estilo tan particular. Sí, pues, si “Kill Bill: The Whole Bloody Affair” no fuese narrada en desorden, no incluyese secuencias animadas, y no homanajease al cine asiático explotador y de artes marciales, la experiencia no funcionaría… pero ese es el punto. La historia no es para nada compleja justamente porque Tarantino no quiere que nada se interponga con su estilo, o con las historias de trasfondo que le da a cada personaje.

Consideren, si no, que a pesar de aparecer por relativamente poco tiempo, a O-Ren Ishii se le otorga toda una historia de origen presentada a través de una secuencia tipo anime, que en “Kill Bill: The Whole Bloody Affair”, además, contiene una escena adicional de asesinatos y suspenso en el interior (y el exterior) de un ascensor. O que se haga tanto énfasis en la nueva vida familiar de Vernita Green, quien, ahora que se ha retirado del mundo de los asesinatos, tiene una hija que potencialmente podría querer vengarse de Beatrix en el futuro. “Kill Bill: The Whole Bloody Affair” es el tipo de película que se va por la tangente a cada rato, pero dichas tangentes están tan bien pensadas y resultan tan interesantes, que a uno no le fastidia demasiado.

Ahora, la pregunta del millón: ¿qué tal resulta ver la historia entera de corrido de ambas películas en “Kill Bill: The Whole Bloody Affair”? Pues el resultado es sorprendentemente complejo. Por un lado, la primera parte carece del cliffhanger del Volumen 1, y la segunda del resumen de los eventos previos del Volumen 2, lo cual quiere decir que uno pasa de la primera mitad a la segunda sin mayores redundancias. Pero por otro lado, por alguna razón, “Kill Bill: The Whole Bloody Affair” cuenta con un intermedio, lo cual, de todas maneras, hace que la experiencia se sienta como partida en dos. Es solo un intermedio de quince minutos, pero igual hubiese preferido que el filme entero se proyecte totalmente de corrido —como cuando hace poco fui a ver la magistral Versión Extendida de “El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey” al cine.

Fuera de eso, y de la escena adicional durante el flashback animado de O-Ren Ishii, “Kill Bill: The Whole Bloody Affair” cuenta con la versión sin censura de la pelea con los 88 Locos y la Novia. Llámenme enfermo, pero para ser conocida como una secuencia absolutamente brutal, que en el 2003 le hubiese causado problemas a la producción, para Vuestro Servidor se sintió sorprendentemente… suave. Creo que para ese momento uno ya está tan saturado de violencia y sangre —tanto de la realista, como cuando pelean Vernita y la Beatrix, como de la exagerada, como cuando O-Ren le corta la cabeza a un tipo en una reunión—, que los chorros enormes de sangre y miembros cortados por doquier no causan un efecto tan grande como el que me esperaba. Lo más chocante, en todo caso, es darse cuenta de que “Kill Bill: The Whole Bloody Affair” probablemente sea la película con más personajes con presión alta de la historia.

Adicionalmente, después de los créditos, la cinta cuenta con una historia animada adicional, en la que vemos cómo la hermana de Gogo (Chiaki Kuriyama), a quien Beatrix mata durante la película, se intenta vengar de nuestra protagonista. Y por supuesto, “Kill Bill: The Whole Bloody Affair” luce absolutamente espectacular en la pantalla grande, haciendo un muy buen uso de una cinematografía llena de textura y referencias visuales al cine clásico asiático y al cine explotador (zoom-ins súbitos, primeros planos de ojos, escenas silueteadas con fondos saturados, escenarios clásicos como el jardín cubierto de nieve). Ambas partes lucen bien, pero es la primera, por supuesto, la que se lleva las palmas y la que resulta más visualmente estimulante.

Eso se debe, nuevamente, a que no soy fan del Volumen 2 (o la segunda mitad de “Kill Bill: The Whole Bloody Affair”). Mientras que la primera parte es una experiencia enérgica, violenta y absolutamente cinematográfica, la segunda es mucho más medida, haciendo uso de escenarios más sobrios (o hasta aburridos), y culminando con un enfrentamiento más bien anticlimático entre Beatrix y Bill. Sí, la secuencia de entrenamiento con Pai Mei (Gordon Liu) es memorable, pero fuera de eso, el final de “Kill Bill: The Whole Bloody Affair” se siente más letárgico que emocionante. Y no se debe únicamente a “la falta de acción” o sangre; es como si el filme se quedara sin gasolina, llegando a la meta final con las meras justas.

El balance general, no obstante, es positivo. Sí, “Kill Bill: The Whole Bloody Affair” comienza mejor de lo que termina, y sí, al igual que la mayoría de sus películas, está llena de los fetiches propios de Tarantino (aunque, lo crean o no, hay menos planos de pies que en algo como “Érase una vez en… Hollywood”). Pero ahora que he podido ver este corte completo, debo admitir que disfrutar de las dos partes de “Kill Bill” (más o menos) de corrido tiene todo el sentido del mundo. ¡Si tan solo se hubiesen animado a pasarlo todo seguido en vez de recurrir a un intermedio! En todo caso, si son fans de Tarantino en general o de “Kill Bill” en particular, tienen que ir a ver “The Whole Bloody Affair” al cine. No se arrepentirán para nada.

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