No es ningún secreto para quienes me conozcan —o quienes hayan leído mi crítica— que “La Momia” (1999) es una de mis películas favoritas. Debo haberla visto más de cincuenta veces a lo largo de los años, y me sé de memoria la mayoría de los diálogos. Como se deben imaginar, el reciente anuncio de una cuarta película que, después de tanto tiempo, reunirá a Brendan Fraser y Rachel Weisz en sus icónicos roles de Rick e Evie, respectivamente, me tiene tremendamente emocionado. El hecho de que el filme, además, vaya a ser dirigido por la dupla de Radio Silence es como la cereza sobre el pastel —las expectativas están por los cielos, por lo que solo espero no vayan a arruinar esta oportunidad de traernos otra memorable y excéntrica aventura.
No obstante, como seguramente ya saben, hay otras secuelas de las que podemos disfrutar hasta que la nueva entrega salga en 2028. Algún día me animaré a escribir sobre la infame tercera película, “La Tumba del Emperador Dragón”, pero por el momento, me concentraré en analizar la primera secuela, que salió tan solo un par de años luego de la primera, y no solo trajo de vuelta a Fraser, Weisz, John Hannah y Arnold Vosloo, sino también al director-guionista Stephen Sommers. Puede que “La Momia Regresa” (2001) no esté al mismo nivel que su predecesora, pero igual se trata de una entretenida cinta de aventuras, comedia ligera e irregulares efectos especiales, de la cual tengo buenos recuerdos de mi infancia (también la tenía en VHS, al igual que la primera entrega).

“La Momia Regresa” comienza con un prometedor prólogo que, mediante una narración en off de Ardeth Bay (Oded Fehr), nos cuenta la historia del Rey Escorpión (Dwayne Johnson), quien, en la época del Antiguo Egipto, intentó conquistar buena parte del Medio Oriente junto a su enorme ejército. No obstante, luego de ser derrotado y de que todos sus nombres mueran en el desierto, el poderoso guerrero llega a un trato con el dios Anubis, quien le otorga el oasis de Ahm Shere, así como el control de su ejército sobrenatural. Pero una vez que el Rey consigue sus objetivos, su alma se va al otro mundo, convirtiéndose en el sirviente de Anubis.
Milenios después, o para ser más exactos, en el año 1933, Rick O’Connell (Fraser) se encuentra investigando un templo junto a su esposa, Evelyn Carnahan (Weisz), y su hijo, Alex (Freddie Boath) en Egipto. Y como no podría ser de otra manera, terminan encontrando el Brazalete de Anubis, que viene a ser la clave para eventualmente poder controlar el ejército de dicho dios. De hecho, resulta que un grupo de maleantes liderados por el Señor Hafez (Allun Armstrong, quien aparece también en “Van Helsing”, de Sommers), y por Meela (Patricia Velásquez), quien viene a ser la reencarnación de Anck-Sunamun, quieren resucitar a Inhotep (Vosloo). Después de todo, solo él podría enfrentarse al Rey Escorpión y obtener el control de su ejército.
Y eso es precisamente lo que logran hacer, no sin antes secuestrar a Alex, lo cual obliga a sus padres, su tío y, por supuesto, Ardeth Bay, a viajar por todo Egipto en busca de él, y con el objetivo de detener a Imhotep y los demás antes de que puedan llegar al oasis escondido de Ahm Shere. Pero evidentemente se trata de una tarea difícil; no solo porque Imhotep va recuperando sus poderes gradualmente, sino también porque Alex tiene el brazalete en su brazo, el cual le va dando pistas sobre el camino que debe tomar para llegar al oasis. Felizmente, nuestros protagonistas cuentan con la ayuda de Izzy (Shaun Parkes), un viejo amigo de Rick, quien cuenta con un pequeño dirigible que les permite viajar por los cielos de Egipto en busca del niño.

Valgan verdades, la narrativa de “La Momia Regresa” es un poco más enredada que la de su predecesora, sin llegar a ser particularmente compleja. Mientras que la primera película trataba simplemente de una Momia que revivía y tenía que ser detenida antes de que acabara con el mundo, acá tenemos varios grupos de personajes, cada uno con sus objetivos. Están, por supuesto, Rick y Evie, quienes quieren rescatar a Alex; Ardeth, que quiere detener al Rey Escorpión; Imhotep, quien quiere reunirse con Anck-sunamun a través de Meela; Hafez, que quiere revivir al Rey Escorpión; y toda una serie de personajes secundarios coloridos, muchos de los cuales, valgan verdades, terminan brillando.
Se extraña, pues, la relativa sencillez tipo pulp de la primera “Momia”, pero felizmente, esta secuela tiene lo suyo, también. Una de las decisiones narrativas más interesantes que Sommers toma, por ejemplo, está vinculada al tema del destino y de los paralelismos entre el pasado y el presente. El filme nos revela, por ejemplo, que Evie es en realidad la reencarnación de la princesa Nefertiri, quien, por supuesto, era la rival de Anck-sunamun en el Antiguo Egipto. Rick, por su parte, es un Medjai destinado a protegerla, y hasta se argumenta que Alex estaba destinado a ponerse y usar el brazalete. Para algunos, esto puede resultar trillado, pero para este crítico, le otorga una cualidad casi mitológica a la película, que va muy bien con su tono más bien ligero y fantástico.

Ahora, si bien es cierto que el Beni de Kevin J. O’Connor se hace extrañar (y revivirlo se hubiese sentido ridículo, incluso para este tipo de película), “La Momia Regresa” igual cuenta con varios personajes secundarios memorables. Primero está el Lock-Nah de Adewale Akkinuoye-Agbaje, uno de esos eternos secundarios que suele aparecer en películas tanto grandes como pequeñas, y por supuesto, series populares como “Lost”. Se trata de un enemigo intimidante, quien además comparte algunas escenas graciosas con Alex y se convierte en una suerte de némesis para Ardeth. Por otro lado, Allun Armstrong hace un buen trabajo como el detestable Hafez, Patricia Velásquez aprovecha bien el rol más grande que se le da acá como Meela y Anck-sunamun, y Shaun Parkes es muy gracioso como el quejón de Izzy, sin convertirse en un bufón o un personaje desesperante.
Y hablando de eso —muchos, seguro, podrían tener miedo de que la inclusión de un niño en la narrativa podría convertir a “La Momia Regresa” en una experiencia irritante, pero ese felizmente no es el caso. Freddie Boath (quien, al filmar la película, era un enorme fan de la primera “Momia”) es encantador y divertido como Alex, quien es caracterizado como un niño normal —desobediente, rebelde, ocasionalmente malcriado—, pero también como un chico inteligente, que sabe leer y hablar antiguo egipcio (gracias a su madre), y hasta le deja complejas pistas a sus padres para que lo puedan rescatar de las garras de Imhotep. Obviamente, Fraser y Weisz están geniales, como siempre (y agradezco que una película de este tipo tenga a personajes centrales verdaderamente enamorados, que nunca pierden la oportunidad de besarse), pero Boath es quien debería sorprenderlos gratamente.
Por otro lado, resulta imposible escribir sobre “La Momia Regresa” sin mencionar los efectos visuales. Comenzando con lo bueno: la cinta se siente más grande y ambiciosa que su predecesora, incluyendo escenas de guerra entre enormes ejércitos (la climática me recordó bastante al enfrentamiento entre Gungans y droides en “La Amenaza Fantasma”), oasis virtuales gigantes y criaturas de mucha complejidad. La mayoría luce muy bien, especialmente para la época… con una notable excepción. Mucho se ha escrito y grabado ya sobre el nefasto Rey Escorpión digital del clímax de la película, por lo que solo diré que mucha gente talentosa trabajó en la postproducción de “La Momia Regresa”, y que se sabe que se quedaron sin tiempo al crear a este monstruo. Por ende, si el Rey Escorpión luce como una figura de cera o como un render de La Roca para PS2, es simplemente porque el equipo no tuvo ni el tiempo ni los recursos necesarios para hacer el mejor trabajo posible. Luce mal… pero honestamente, tampoco es algo que arruine la experiencia entera de ver el filme.

Consideren, además, que otros aspectos técnicos de “La Momia Regresa” funcionan de mil maravillas. Como siempre, el diseño de producción de Allan Cameron es superlativo, presentándonos sets enormes y vistosos, de interiores y exteriores de templos y tumbas, y de junglas misteriosas y mansiones antiguas. Y por otro lado, la banda sonora de Alan Silvestri es memorable y tarareable. Interesante que no utilice ninguno de los temas originados por Jerry Goldsmith en el primer filme (aparentemente, dicho compositor legendario odiaba “La Momia”, aunque no he podido encontrar ninguna buena fuente que corrobore dicho rumor), pero lo que nos presenta acá maneja el mismo tono de aventuras que lo que escuchamos en el filme anterior, por lo que no se siente para nada fuera de lugar.
¿Se podría considerar que “La Momia Regresa” nos da más de lo mismo? Pues sí, pero contra todo pronóstico, funciona. Se siente como una versión más ambiciosa, más épica, y sí, más irregular de la primera “Momia”, que hasta incluye algunos remedos de los momentos más icónicos del filme original (Alex bota una serie de pilares así como su madre botó una serie de libreros; obtenemos una nueva perspectiva de la escena de traición de Imhotep con Anck-sunamun y el Faraón; los personajes se tienen que escapar de otro templo que se derrumba) y no intenta reinventar la rueda. Pero no tenía por qué hacerlo, por lo que esta secuela, a pesar de no ser necesariamente original, se termina sintiendo como un buen complemento para su predecesora.
Generalmente digo ser fanático de “La Momia”, pero sepan que eso incluye, también, a “La Momia Regresa” (a la tercera no, pero nuevamente; eventualmente escribiré sobre dicha producción). Lo que tenemos acá es un entretenido filme de aventuras que intenta repetir la fórmula ganadora de su predecesora y que, sin llegar a ser del todo exitoso, igual funciona como una experiencia que nos trae de vuelta a algunos de nuestros personajes favoritos y desarrolla a varias figuras nuevas y emocionantes. Sí, los efectos visuales son de variable calidad y la narrativa es un poco muy enredada para su propio bien. Pero entre las emocionantes escenas de acción, excelente química entre actores, memorable banda sonora y hasta momentos que nos permiten empatizar con los antagonistas (¡!), “La Momia Regresa” termina sorprendiendo gratamente. Solo espero que la ya mencionada cuarta película logre estar, al menos, al mismo nivel que este filme, o idealmente, logre superarlo.
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