¡La novia!

0

Con “¡La novia!”, la directora-guionista Maggie Gyllenhaal ha intentado hacer varias cosas —demasiadas, dirían algunos (incluyéndome a mí). El resultado es un filme que intenta homenajear a la clásica “La novia de Frankenstein” (tanto la película como la novela), narrar una historia de horror y violencia, desarrollar temas feministas y de revolución, y retratar tanto al monstruo de Frankenstein como a la novia del título como figuras igual de trágicas que las de la fuente de inspiración original, pero un poco más humanas y complejas. “¡La novia!” no es, pues, una cinta que funcione del todo, pero igual aprecio que sea tan ambiciosa y caótica y por momentos hasta ligeramente frustrante.

“¡La novia!” se lleva a cabo en 1935, y tiene como protagonista a Ida / La novia (la gran Jessie Buckley), una mujer que, al estar trabajando como agente encubierto para descubrir las fechorías de un jefe de la mafia en Chicago, es asesinada por uno de los matones de este último (John Magaro, algo desperdiciado). Pero a la vez, tenemos al monstruo de Frankenstein (Christian Bale), quien llega a la misma ciudad en busca de la doctora Euphronius (Annette Bening), experta en reanimar animales, para que lo ayude a “construir” una novia para sí mismo. Y luego de un rato esta acepta, lo cual lleva a ambos, por supuesto, a encontrar y excavar el cadáver de nuestra protagonista.

Es así, pues, que Ida se convierte en un cadáver reanimado, que carece de los recuerdos de su vida pasada, y que, además, tiene en su interior, lo crean o no, al espíritu o la mente de Mary Shelley (también interpretada por Buckley en algunas escenas en blanco y negro), autora en la vida real de la novela de “Frankenstein”. Pero ni sus actos extraños ni su actitud caótica desaniman al Monstruo, quien rápidamente se lleva a la chica a conocer el mundo. Pero cuando se ven obligados a matar a un par de tipos que intentan violentar a Ida, se terminan convirtiendo en fugitivos, conocidos como “Los monstruos asesinos”, lo cual los obliga a escapar. Y no solo eso: también comienzan a ser perseguidos por un detective llamado Jake Wiles (Peter Sarsgaard) y su compañera, Myrna Wallow (Penélope Cruz).

Para comenzar, la subtrama que involucra a estos dos últimos es algo que, lamentablemente, evita que “¡La novia!” se sienta como una historia redonda. Entiendo que tiene sentido incluir a dos pseudo-antagonistas para nuestros protagonistas, pero lamentablemente, ni Jake ni Myrna convencen como personajes, lo cual hace que la mayoría de sus escenas se sientan tediosas, hasta forzadas. Sarsgaard hace lo que puede con un personaje de motivaciones poco claras (por más que exista un vínculo entre él y la vida pasada de Ida), y Penélope Cruz, lamentablemente, no creo que sea la actriz adecuada para interpretar a Myrna. Se le ve incómoda la mayor parte del tiempo, lo cual no ayuda a que su historia, sobre una mujer que intenta convertirse en detective en una sociedad terriblemente machista, termine de cuajar.

Lo mejor, de hecho, hubiese sido que “¡La novia!” se enfoque casi enteramente en el personaje del título. Porque, para variar, Jessie Buckley nos entrega acá una interpretación magnífica, maximalista, que de alguna manera logra convencernos de que estamos viendo a un cadáver reanimado con dos personalidades distintas en su interior. En el guion, Ida se podría leer como alguien algo desesperante, que de cuando en cuando se pone a gritar en lenguaje florido y con acento británico, como si el espíritu de Shelley estuviese intentando salir del cuerpo de la chica con violencia. Pero en la práctica, Buckley logra convertir todo esto en una experiencia caóticamente divertida, donde uno entiende a la Novia, empatizando con su búsqueda de una identidad y un propósito en el mundo.

Porque si hay algo que “¡La novia!” sí logra transmitir, es una variedad de temas relevantes e interesantes, aunque en la mayoría de los casos presentados de forma algo superficial. La creación del personaje del título, por ejemplo, se puede percibir como una metáfora de la utilización de las mujeres como meros objetos por los hombres, tanto en la realidad como en la ficción. Ella vuelve a la vida únicamente porque el Monstruo se siente solo y necesita una compañera. Y una vez que regresa, no tiene identidad ni personalidad definida; es únicamente una “chica divertida” a la que quieren definir únicamente como “la novia de un hombre”, pero que eventualmente se da cuenta de que puede ser considerada como un individuo de ideas y necesidades propias.

Adicionalmente, hay cierto momento en el que la Novia desata una suerte de revolución femenina, al más puro estilo del Guasón de Joaquin Phoenix en la película del 2019 (de hecho, “¡La novia!” comparte varios elementos estéticos y temáticos con dicho filme, así como director de fotografía —Lawrence Sher— y compositora de banda sonora —Hildur Guðnadóttir). Esa es una de las contorsiones narrativas menos convincentes, ya que no tiene mayor consecuencia en la historia, ni en cómo la Novia se percibe a sí misma. Lo mismo se puede decir del jefe de la mafia, cuyo rol en la trama está relacionado, también, con Jake y Myrna. Sí, es un asesino de mujeres —que le corta la lengua a sus víctimas—, lo cual está temáticamente relacionado con la propuesta en general. Pero a la vez, es un aspecto que está tan poco desarrollado que no puedo evitar sentir que podría haber sido quitado sin mayores consecuencias en el producto final.

Por su parte, Christian Bale toma algunas decisiones interesantes al interpretar al Monstruo de Frankenstein. Sí, puede ser violento y agresivo a veces —no solo cuando mata a los potenciales violadores, sino también cuando despierta intempestivamente al costado de la Novia—, pero en general, es presentado como una figura trágica y patética que, al obsesionarse con las películas de la estrella de cine Ronnie Reed (Jake Gyllenhaal, luciendo como un verdadero actor perdido de los años treinta), nos demuestra que todo lo que quiere es ser parte de la sociedad y apreciado por los demás. Por otro lado, Annette Bening destaca como una “científica loca” no tan loca, y John Magaro hace lo que puede con un rol pequeño pero importante.

Debería quedar claro, entonces, que “¡La novia!” es una película tremendamente ambiciosa que, desgraciadamente, no siempre puede cumplir con todo lo que promete. En términos de tono, se trata de una experiencia violenta pero por momentos absurda, que incluye momentos de baile bien coreografiados o escenas importantes en las que el Monstruo se imagina como parte de las películas de su ídolo Ronnie Reed. “¡La novia!” intenta ser excéntrica pero a la vez seria con sus temas, una combinación que no llega a convencer del todo, pero que a la vez, se siente muy propia de Gyllenhaal. De hecho, aprecio el que dicha cineasta haya usado millones de dólares de una empresa como Warner para realizar un filme tan distinto y personal, que podría terminar siendo un fracaso de taquilla (con la crítica ya ha dividido bastante, de hecho).

Y creo que es por eso que me resulta imposible odiar a “¡La novia!”. Por un lado, se trata de una cinta irregular, que se desinfla un poco durante su segundo acto, y que incluye demasiadas subtramas mal desarrolladas o poco relevantes. Pero por otro lado, se trata de un proyecto ambicioso, variado, de actuaciones fascinantes, temas feministas relevantes (hoy más que nunca), y una estética muy atractiva. Maggie Gyllenhaal ha hecho lo que le ha dado la gana con “¡La novia!”, y eso es algo definitivamente aprecio. Mejor un filme fallido pero diferente y ambicioso, que un blockbuster genérico más del montón. No todos disfrutarán de “¡La novia!”, pero igual espero que la película logre encontrar un público en nuestro país.

Avance oficial:

70%
Awesome
  • Design
Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.