Dirigida y escrita por el hermano menor de Spike Lee, Cinqué Lee, “Last Ride” es un interesante thriller de supervivencia que algo nos intenta decir sobre la importancia de las amistades durante la niñez, así como las relaciones entre padres e hijos. El mensaje, francamente, no está transmitido de la forma más clara o emotiva posible, pero al menos logra otorgarle una dimensión adicional a una historia que, de por sí, no es la más emocionante del mundo. “Last Ride” es, pues, entretenimiento cumplidor; no creo que vaya a destacar demasiado de entre tanta oferta para VOD o streaming, pero está bien para pasar una hora y media distraídos.
“Last Ride” comienza con un prólogo en el presente en el que vemos a un borracho Syd (Gustaf Skarsgård) intentando convencer a su hijo, Devin (Samuel Paul Small), de subir a un teleférico en Noruega para llegar a la cima de una montaña. Y es cuando logra hacer esto que regresamos al pasado —1982 para ser exactos— y vemos a un púber Syd (Felix Jamieson) tomando el mismo teleférico, pero en invierno, junto a sus dos amigos, Devin (Roman Griffin Davis, de la reciente “Día del fin del mundo: Migración”) y Jamie (Charlie Price), y un guía adulto llamado Øyvind (el buen Kristofer Hivju, de “Juego de tronos” y “The Witcher”).

Lo que comienza como una tarde de sana diversión, sin embargo, se convierte rápidamente en una tragedia. De pronto, el teleférico se detiene, los instrumentos explotan, el guía es electrocutado (¡y fallece!), y los tres chicos se quedan atrapados en lo alto de una montaña, sin posibilidad de poder bajar. Y lo que es peor: una tormenta se acerca rápidamente, mientras los púberes son testigos de la aurora boreal en el cielo. Desesperados y sin poder comunicarse con nadie, los tres chicos tratan de sobrevivir dentro del carrito colgante, por más que se vayan quedando sin opciones mientras las horas pasan.
Como premisa, “Last Ride” no está nada mal: ¿qué podrían hacer tres casi adolescentes en el interior de un teleférico detenido, en medio de una tormenta y con un cadáver a su lado? Lo que termina haciendo Lee con su guion, sin embargo, no es del todo emocionante. Sí, hay los clásicos enfrentamientos y conflictos entre los chicos, así como varios intentos por parte de ellos de generar calor, comunicarse con gente o encontrar fuentes de luz. Pero no es nada que no hayamos visto en otros filmes de similar corte, siendo el atractivo principal, por supuesto, que esta vez tenemos a niños de protagonistas en vez de adultos.
Para justificar su elección como protagonistas, de hecho, y para intentar vincular sus problemas personales con la situación por la que están atravesando, Lee les otorga una historia de trasfondo a cada uno, la cual, se supone, sirve para justificar el que hayan viajado hasta Noruega. Esto funciona a medias; por un lado, al menos logra llenar un potencial vacío argumental en el guion, y ayuda a que tenga sentido el que los chicos estén sin sus padres en el teleférico. Pero por el otro, se siente como un recurso bastante estereotípico, lo cual se pone en evidencia cuando los chicos deciden conversar sobre sus traumas, los divorcios (o muertes) de sus padres y, por supuesto, la razón por la que están donde están.

Cabe mencionar, además, que no soy fan del prólogo y el epílogo de “Last Ride”, por más que, valgan verdades, Gustaf Skarsgård de una actuación potente y creíble como el Syd adulto. No solo se trata de un recurso narrativo que le quita bastante suspenso a la situación en el pasado —porque sabemos desde un inicio que el Syd niño sobrevivirá—, sino también de algo que parece haber sido incluido, más bien, para rellenar un poco el guion y hacer que no se sienta tan simplón. Hubiese preferido que Lee se enfocase exclusivamente en los eventos de los ochentas, dejando de lado escenas del presente que deberían resultar emotivas, pero que lamentablemente no se sienten tan vinculadas a todo lo demás que el filme presenta.
De las actuaciones no tengo quejas, eso sí. Aparte del ya mencionado Skarsgård, Kristofer Hivju es suficientemente carismático como el guía de los chicos, por más que no dure mucho en la historia. Y los tres púberes convencen como un trío de amigos algo problemáticos, pero en general entretenidos de ver. El Devin de Roman Griffin Davis es inteligente pero nervioso; el Jamie de Charlie Price es inmaduro pero entusiasta, y el Syd de Felix Jamieson esconde ciertos secretos tanto de sus amigos como (especialmente) del público. Las verosímiles interacciones entre los chicos son las que le otorgan algo de estilo a “Last Ride”, diferenciándola, aunque sea parcialmente, de otras cintas de supervivencia.
“Last Ride” está bien; ni más ni menos. Visualmente hace algunas cosas interesantes con las escenas en las que los chicos ven la aurora boreal, así como un momento en específico en el que Devin explica el fenómeno celestial que podría estar causando todos sus problemas (involucra un estilo de animación bastante vistoso y poco común). Y por supuesto, las actuaciones son todas de buen nivel, ayudando a que los eventos algo repetitivos del filme no se sientan inaguantables. ¿Pudo ser “Last Ride” más original y menos redundante, y por supuesto, más satisfactoria si no incluía las escenas del presente? Por supuesto. Pero lo que Lee y compañía nos entregan igual no está del todo mal, y debería satisfacer a los fanáticos de los thrillers de supervivencia, por más que no se diferencie lo suficiente de la película indie promedio para cines o streaming.
Nota: Vi este film gracias a un screener cortesía de Quiver Distribution y Prodigy Public Relations.
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