Proyecto Fin del Mundo

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Basada en la novela de Andy Weir (“Misión Rescate”), “Proyecto Fin del Mundo” es una historia épica, graciosa, apocalíptica, esperanzadora, geeky y ambiciosa. Me refiero, por supuesto, a la novela (la cual estoy leyendo y lamentablemente no pude terminar antes de ir a ver la película; ¡así es la vida!), pero también a la adaptación cinematográfica dirigida por Phil Lord y Chris Miller (las películas de “Spider-verse”). “Proyecto Fin del Mundo” no es necesariamente la versión perfecta para cines de lo que estoy leyendo en el libro, pero sí una entretenida aventura espacial que debería emocionarlos, hacerlos llorar y apreciar los talentos de Ryan Gosling.

“Proyecto Fin del Mundo” comienza tal cual la novela, con el doctor Ryland Grace (Gosling) despertando en el interior de una nave en medio del espacio, con dos de sus compañeros de viaje muertos en sus camillas. Resulta, pues, que nuestro sol se está muriendo, por lo que una agente gubernamental de aparente poder infinito, llamada Eva Stratt (Sandra Huller, de “Anatomía de una Caída”), decide desarrollar el “Proyecto Fin del Mundo”: una alianza entre Estados Unidos, China, Rusia y varios otros países que pretende encontrar una solución a nuestro problema. Después de todo, si no hacen nada, el sol podría terminar apagándose en treinta años o menos.

Y aquí viene lo bueno: todo esto se descubrió cuando un equipo de científicos encontró una fila de astrófagos viajando desde nuestra estrella hasta el planeta Venus. Los astrófagos son seres unicelulares que pueden aguantar hasta 96 grados centígrados sin morir, se alimentan de la energía de las estrellas y la acumulan en grandes cantidades. Por una parte, son la causa de nuestro más grande problema, pero por otra parte, también sirven como un nuevo tipo de combustible, el cual está siendo utilizado por el “Proyecto Fin del Mundo” para construir naves interestelares que puedan viajar a otros sistemas solares.

Es así que regresamos a donde Ryland, quien justamente ha viajado en la Hail Mary, potenciada por un motor lleno de astrófagos, a la única estrella de la galaxia que no está siendo consumida, justamente para averiguar si es que la solución a nuestros problemas se encuentra ahí. Pero es cuando, por fin, llega a dicho lugar que se encuentra con una gran sorpresa: otra nave espacial, claramente alienígena. Y en su interior conoce a quien eventualmente se llamará Rocky (voz de James Ortiz), un alienígena rocoso que ha llegado a esta estrella porque su planeta atraviesa el mismo problema que la Tierra. Juntos, Ryland y Rocky se ven obligados a trabajar para recolectar muestras de los atrófagos que emergen de esta estrella sana y, con suerte, encontrar la forma de salvar a sus hogares.

La premisa de “Proyecto Fin del Mundo” no es del todo complicada y, valgan verdades, el guion de Drew Goddard hace un buen trabajo trasladándola al mundo audiovisual. No obstante, como alguien que fue a ver la película habiendo leído la mitad del libro (y por supuesto que lo voy a terminar), debo decir que la segunda mitad del filme está mejor que la primera. No sé si es porque es justamente la sección que todavía no he leído, o simplemente porque maneja un tono más adecuado y un mayor grado de emotividad —probablemente sea una mezcla de ambos. En todo caso, sí creo que “Proyecto Fin del Mundo” termina mejor de lo que comienza, lo cual podría impacientar a ciertos espectadores.

Aquello se debe a que “Proyecto Fin del Mundo” comienza de forma algo confusa y apresurada, avanzando de detalle en detalle y de revelación en revelación, como si intentara condensar todo lo que ocurre en varias páginas del libro en pocos minutos. Lo que más extrañé fue la sensación de descubrimiento que uno tiene al leer los primeros capítulos de la obra de Andy Weir. Como Ryland despierta con amnesia, va desbloqueando recuerdos de su pasado gradualmente, mientras va experimentando con los sistemas, computadoras y robots de la nave, descubriendo por qué está ahí, cómo funciona todo, y eventualmente, cómo se puede comunicar con Rocky. Casi todo esto es omitido en la película de “Proyecto Fin del Mundo”, lo cual afecta más el tono de la historia que a otra cosa.

Lo cual está vinculado, además, a la caracterización de Ryland. En el libro, es un protagonista geeky y gracioso, pero a la vez hábil e inteligente. Como la novela está narrada en primera persona, uno entiende todos sus procesos mentales para resolver problemas y hacer descubrimientos (lo cual, evidentemente, resulta muy difícil de trasladar al cine). En la película, al querer otorgarle un arco de personaje más claro (haciendo que pase de ser un cobarde inseguro a un héroe valiente), Ryland es caracterizado, sobre todo en la primera mitad de la historia, como un idiota. Lo cual es frustrante, porque se supone que es un científico curioso, que debería emocionarse al conocer a un alien, en vez de querer escaparse en su nave a otra parte.

Mucho de esto, pues, se debe a que los directores Lord y Miller han querido inyectarle mucho más humor a una historia que ya de por sí era ligera. Por ende, la primera mitad de la película se siente por momentos como una de las películas de Marvel más flojas, donde se priorizan los gags absurdos por sobre la narrativa o las buenas caracterizaciones. Pero ahí es, francamente, donde acaban mis quejas —no quería sonar tan negativo, después de todo—, porque una vez que “Proyecto Fin del Mundo” agarra viada, se transforma en una experiencia épica, sumamente emotiva y bastante inteligente. Ténganle paciencia al filme, aguanten la forma algo irregular en la que comienza y prepárense para todo lo que va desarrollando mientras avanza.

Porque cuando Ryland conoce a Rocky y va entablando una amistad con el pequeño alien, “Proyecto Fin del Mundo” por fin logra establecer un tono más consistente, priorizando la relación curiosa entre un ser humano que habla inglés y se mueve en dos piernas, y una criatura interestelar hecha de piedra y de forma arácnida, que habla cantando pero cuyo idioma, felizmente, logra ser traducido por nuestro protagonista. Rocky es una creación fascinante; utilizando tanto los animatrónicos creados por el gran Neal Scanlan como imágenes digitales, “Proyecto Fin del Mundo” logra desarrollar a Rocky como un personaje totalmente convincente y adorable, con el que muchos espectadores seguramente se encariñarán.

De hecho, toda la película luce absolutamente espectacular. La dirección de fotografía del maestro Greig Fraser (“Duna”, “Batman”) aprovecha al máximo tanto los interiores limpios de la Hail Mary como el diseño alucinante de la nave de Rocky y, por supuesto, las escenas en el espacio exterior, para presentarnos una experiencia que se siente enorme. Una escena en particular, en la que Ryland sale al espacio para recolectar muestras de Astrófagos con un aparato en el caso de la nave, me dejó con la boca abierta. Tuve el más absoluto privilegio de ver “Proyecto Fin del Mundo” en IMAX y les recomiendo que hagan lo mismo. Hay ciertas escenas que fueron grabadas para dicho formato (se darán cuenta por los frecuentes cambios de aspect ratio), y todas lucen simplemente increíbles.

No obstante, fuera del impecable apartado técnico y creativo (la banda sonora de Daniel Pemberton es tanto emotiva como épica, y el filme utiliza un par de canciones conocidas de forma efectiva), si “Proyecto Fin del Mundo” funciona a pesar de sus defectos, es gracias a lo emotiva que puede llegar a ser. La amistad entre Ryland y Rocky es desarrollada de forma prácticamente perfecta, y cierta escena de peligro me dejó con el corazón en la garganta; puede que Rocky no luzca, como, bueno, nada, pero créanme que se terminarán preocupando mucho por el pequeño alien. Y aunque no estoy incluyendo spoilers, debo decir que el desenlace de “Proyecto Fin del Mundo” me pareció de lo mejor que la cinta tiene para ofrecer. Ya veré en estos días si la novela de Weir termina igual.

“Proyecto Fin del Mundo” es una película curiosa. No me encanta su primer acto, pero el resto de la experiencia termina por compensar la mayor parte de sus deficiencias, por más que la caracterización en general de Ryland en esta adaptación no me encante. No obstante, Ryan Gosling está muy bien, como siempre; Sandra Huller está perfecta como una lideresa totalmente seca y directa (pero de gentil corazón), y Rocky es de aquellos personajes que terminarán resonando con mucha gente. Además, “Proyecto Fin del Mundo” es todo un espectáculo visual, el cual debe ser disfrutado en la pantalla más grande que puedan encontrar. No creo que sea la adaptación perfecta de la novela de Weir, pero con todo y sus defectos, no creo que muchos espectadores (y fanáticos del libro) vayan a salir decepcionados del cine.

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