Estrenada originalmente en el 2004, la australiana Somersault, de Cate Shortland (Berlin Syndrome, Black Widow), acaba de ser remasterizada en 4K por primera vez, con la supervisión y aprobación de sus realizadores. Por ende, es buen momento, ahora, para volver a visitar —o en mi caso, ver por primera vez— una de las películas australianas más galardonadas de los 2000. Lo que tenemos acá es un retrato delicado y emotivo de un joven personaje que busca encontrarse a sí mismo y que tiene que pasar por experiencias dolorosas y vinculadas a la soledad para poder hacerlo. Somersault es un drama que encuentra potencia en el silencio, y más en lo que su personaje no dice y no hace que en las acciones que realiza.
La protagonista de Somersault es una chica de dieciséis años llamada Heidi (Abbie Cornish, quien durante el rodaje en realidad tenía unos veinte años). Al comenzar el filme, la vemos compartiendo una escena problemática con el novio de su madre, Nicole (Olivia Pigeot), la cual culmina con un beso encima de una cama. Al ser descubierta, Heidi decide escapar de casa e irse al pueblo nevado en las montañas de Jindabyne, New South Wales, donde supuestamente un conocido le podría dar trabajo en un resort. Al llegar, sin embargo, dicha persona profesa no conocerla, lo cual deja a la chica sin lugar donde trabajar, y peor aún, sin donde dormir.

No obstante, Heidi no demora en encontrarse con una persona gentil. La señora Irene (Lynette Curran), dueña de un hostal, le ofrece quedarse en el bungalow que solía pertenecerle a su hijo, quien ahora está en la cárcel. Esto motiva a Heidi a buscar trabajo, y felizmente encuentra uno como cajera en la tienda de una gasolinera. Pero al encontrarse en este nuevo ambiente, también comienza a hablar, bailar y tener sexo con chicos, lo cual eventualmente la lleva a conocer a Joe (un joven Sam Worthington, de las películas de Avatar), con quien conecta inmediatamente. Es así que comenzamos a seguir a Heidi en esta nueva etapa de su vida, dándonos cuenta rápidamente de que se trata de una chica sin rumbo, que le tiene un miedo extremo a la soledad.
Es en eso último, de hecho, donde recae el tema principal de Somersault. Al final del día, el filme trata de una persona solitaria que nunca encontró paz ni en casa ni con amigos y mucho menos con una pareja, y que por ende busca el acompañamiento a través de interacciones superficiales con hombres. Esto, hacia fuera, hace que la chica se vea como una “resbalosa”, cuando ella en realidad no está en busca de sexo fácil ni mucho menos. Recordemos, además, que se supone que Heidi es menor de edad, lo cual obviamente hace que muchas de las interacciones que tiene con personajes masculinos sean, en realidad, juegos de poder, donde un adulto está claramente abusando de una joven, casi niña.
Las características más infantiles de Heidi se pueden ver de cuando en cuando, incluso. Consideren, por ejemplo, el álbum de recortes que tiene y que va llenando con nuevas fotos y mapas e ilustraciones. O lo mal que se comunica con otras personas, teniendo problemas, incluso, con interacciones aparentemente regulares con adultos y jóvenes, prefiriendo comunicarse con el tacto o, por supuesto, con el sexo. Se nota que es una chica que no entiende el sexo tal y como lo hacen otras personas, utilizándolo, quizás, más para llamar la atención o, nuevamente, para encontrar compañía, que como una expresión de emociones, sentimientos o siquiera deseo.

Todo esto convierte a Somersault, por supuesto, en una experiencia incómoda y fascinante. Shortland nunca juzga a su personaje, más bien teniéndole compasión por la situación en la que se encuentra, desarrollándola como alguien que nunca aprendió bien a manejar sus emociones o sus deseos, y que está pasando todavía por un proceso de autodescubrimiento sexual. Resulta doloroso, por ejemplo, ver a su madre molestándose más con ella que con su pareja (quien, recordemos, a diferencia de Heidi, es un adulto), lo cual sirve como gatillo para que la chica se vaya de casa. Somersault nos muestra cómo, para variar, quienes sufren más en estas situaciones son las víctimas y no los victimarios; las mujeres y no los hombres, y las menores de edad y no los adultos.
Por supuesto, no es que el filme demonice a los personajes secundarios o a los hombres en general. Sí, Heidi se encuentra con depredadores de cuando en cuando, pero también logra entablar una conexión real con el Joe de Worthington. Este último es un buen tipo, pero alguien que también se está encontrando en la vida, por más que sea mayor. Tiene problemas con el alcohol, trabaja en la granja de su padre y aunque claramente se siente atraído por Heidi, se da cuenta de que la chica tiene problemas. Como muchos hombres, es alguien a quien le cuesta comunicarse y que, a pesar de tener sus propios dilemas, prefiere no hablar.

Ahora bien, si estos personajes funcionan, es también, por supuesto, porque son interpretados de forma prácticamente perfecta. Abbie Cornish da una actuación espectacular como Heidi, convirtiéndola no en un estereotipo de chica problemática y tímida, sino más bien en una protagonista con la que no cuesta empatizar, por más que cometa errores constantemente. Cornish trata a Heidi con empatía y respeto, dando una actuación valiente, viéndose obligada en ciertos momentos a desnudarse tanto física como emocionalmente. Seguro muchos la recordarán de proyectos posteriores en los que aparece ya de adulta, pero me atrevería a decir que su trabajo en Somersault es de lo mejor que ha hecho en su carrera.
Por su parte, el infravalorado Worthington (quien está mejor en las películas de Avatar de lo que muchos recuerdan) da una actuación sutil y verosímil como Joe. Se trata de un personaje difícil justamente porque, igual que Heidi, pero a su propia manera, tiene problemas comunicando sus sentimientos y hablando de sus problemas. Por ende, Worthington termina haciendo mucho con sus expresiones faciales y lenguaje corporal, desarrollando a Joe como un tipo enfocado en el aquí y ahora, pero no tanto en lo que el futuro le podría deparar. Destaca una escena en la que le da un beso a un vecino gay; ¿lo hará Joe porque de verdad es bisexual, porque no sabe quién es, o porque quiere compensar por su relación inestable con Heidi? La respuesta es compleja, y Worthington la interpreta con aplomo.

Mención aparte, por supuesto, para la restauración en 4K de Somersault. A pesar de haber salido originalmente hace casi veintidós años, ahora la película luce prácticamente nueva, pero sin perder aquella calidez y textura muy propia del celuloide. Adicionalmente, ahora se aprecia mejor el estilo visual que le inyecta Shortland a su primer proyecto, el cual hace uso de cámaras en mano que siguen constantemente a sus personajes, de cerca, sin perder de vista sus expresiones, pero a la vez, aprovechando al máximo las locaciones reales en Australia. Shortland es un filme íntimo pero visualmente expresivo y espectacular, quefelizmente ha recuperado su lustre gracias a esta nueva restauración.
Somersault es una experiencia ocasionalmente incómoda que, felizmente, nunca se torna explotadora o miserabilista. Tiene de protagonista a una chica que pasa por situaciones fuertes —incluyendo una en la que se encuentra drogada en una habitación con dos chicos de intenciones cuestionables—, pero que nunca se convierte, felizmente, en una víctima de circunstancias horrorosas. De hecho, el filme cuenta con un desenlace sorprendentemente esperanzador, el cual da a entender que las cosas estarán bien con Heidi —que eventualmente encontrará lo que busca, y que la gente que la rodea la quiere más de lo que ella creía. Todo un deleite ver Somersault después de tanto tiempo, y en una remasterización de tan buena calidad. Si nunca han visto esta joyita australiana, este es el mejor momento para hacerlo.
Nota: Vi este film gracias a un screener cortesía de FilmMovement Classics.
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