Kate Beckinsale es una de esas actrices que resulta interesante ver, por más que no siempre salga en los mejores proyectos. Felizmente, “Stolen Girl” está un poco por encima del thriller hecho para VOD promedio. Basado (ligeramente) en un caso real, lo que el filme de James Kent pretende hacer es desarrollar una historia que algo nos diga sobre complicaciones sociales y políticas reales, así como el juego de poder que se puede llevar a cabo entre padres cuando comienzan a pelearse por la custodia de sus hijos. El resultado, aunque imperfecto, al menos no resulta aburrido, por más que esté lleno de representaciones culturales algo problemáticas.
Beckinsale interpreta a Maureen, una mujer común y corriente de Ohio que vive con su enfermo padre, Joe (el gran actor secundario Matt Craven) y su pequeña hija Amina. Está separada de su exesposo Karim (Arvin Kananian), quien de cuando en cuando recoge a la pequeña para llevársela a jugar o simplemente estar con ella. La vida de Maureen se convierte en un infierno; sin embargo, cuando un día decide ir al supermercado con su hija, esta de pronto es secuestrada. Y como es lógico, el único sospechoso que la mujer tiene en mente de dicho crimen es Karim.

Es así que Maureen pasa varios años intentando encontrar a su desaparecida hija, no solo investigando por su cuenta, sino también protestando afuera del Congreso en Washington, y tratando de realizar algún tipo de cambio legislativo que pueda ayudarla. Es debido a todo este ruido que la contacta Robeson (Scott Eastwood), un especialista en la recuperación de niños, quien llega con una propuesta: si ella acepta trabajar para él (lo cual además le permitiría tener un sueldo bastante decente) y ayudar a resolver otros casos similares al suyo, él la ayudará a encontrar a la ahora adolescente Amina (Alejandra Howard). Pero como se deben imaginar, la desaparición de la chica termina siendo más complicada de resolver de lo que a cualquiera de los dos le hubiese gustado.
Tal y como lo sugiere el título del filme (claro, directo y la verdad poco original), “Stolen Girl” trata principalmente sobre casos de niñas secuestradas por padres separadas, y específicamente, sobre el caso de Amina. Se trata de una forma inteligente de tratar una problemática real; no solo tenemos una historia supuestamente basada en hechos reales, sino también dos líneas narrativas que le permiten a Maureen, cada una por su lado, desarrollarse tanto profesionalmente como personalmente. Puede que termine trabajando en bastantes casos con Robeson y su socio, Carl (Jordan Duvigneau), pero Maureen nunca se olvida de su niña, dedicándose a encontrar el paradero de su exmarido cuando nadie la está mirando.
Ahora bien, como la trama no podía ser tan sencilla, el filme poco a poco va mostrando encuentros entre Robeson y un agente de la CIA llamado Lewis (Robert Farrior), para eventualmente revelar que hay una razón en particular por la que Amina y su padre han sido tan difíciles de encontrar. Es ahí donde la cinta intenta inyectarle algo de comentario político a la narrativa, pero lamentablemente no es algo que termine de cuajar. Con la historia de Maureen y los casos que ayuda a resolver teníamos bastante. Sumarle a eso todo un trasfondo de intriga política hecho a medias no hace más que quitarle tiempo de pantalla a lo que verdaderamente importa. Y no es por nada, pero tampoco es que aquello convierta al Robeson de Eastwood en alguien más interesante.

Las intenciones de “Stolen Girl” son las correctas. En términos generales, el filme se siente como una “historia de mensaje”, que quiere hacer énfasis en las injusticias por las que pasan ciertas madres e incluso padres, y en cómo la ley puede ser manipulada para jugar a favor de una de dos partes. En ese sentido, Maureen no es solo una víctima sino también una representación de lo que muchos padres quisieran ser: alguien que realmente puede hacer una diferencia, ayudando a recuperar hijos secuestrados y llevados a otros países o hasta continentes. En ese sentido, “Stolen Girl” resulta satisfactorio porque nos muestra una suerte de fantasía heroica (por más de que esté inspirado en hechos reales, aunque muy ligeramente) en donde la madre sufrida se convierte en una cuasi heroína de acción.
Desgraciadamente, si “Stolen Girl” no termina de cuajar, es porque nunca llega a sentirse del todo creíble. Muchos eventos pasan demasiado rápido o terminan dependiendo de coincidencias inverosímiles, y la eventual transformación de Maureen, quien pasa de ser una madre común y corriente a aguantar todo tipo de situaciones horrendas, es un poco repentina. Y como se dijo líneas arriba, la subtrama de Robeson con el agente de la CIA se siente algo fuera de lugar, como un intento por darle una dimensión política adicional a una narrativa por lo demás sencilla.

No obstante, lo más problemático de “Stolen Girl” está en la lectura algo racista que se le puede dar. Después de todo, muchos de los padres que secuestran a hijos en el filme pertenecen a minorías, y el mismo Karim termina ocultándose en el Líbano. El Medio Oriente, además, es representado de forma anticuada, con la cinta haciendo uso de calles viejas y mercados caóticos, junto a música estereotípicamente “arabe”, para supuestamente situarnos en dicho lugar. No creo que Kent y compañía hayan tenido intenciones discriminadoras, necesariamente, pero es precisamente por eso que “Stolen Girl” resulta interesante en cómo nos muestra una perspectiva extremadamente occidental de la problemática que desarrolla.
De las actuaciones no me puedo quejar, al menos. Kate Beckinsale se toma muy en serio el proyecto, interpretando a Maureen con convicción e intensidad. Destaca en las escenas más dramáticas, especialmente cuando tiene que interactuar con su padre enfermo (como se deben imaginar, estas últimas situaciones le permiten llorar y hasta cierto punto humanizar a su personaje). Por su parte, el usualmente tieso Scott Eastwood da una interpretación carismática como Robeson, un tipo de pasado militar y que supuestamente solo trabaja en lo que trabaja “porque es bueno en ello”. Y Jordan Duvigneau no está mal como Carl, la contraparte un poco más empática y menos estoica de Robeson.
“Stolen Girl” aprueba con las justas. Se trata de un thriller de intenciones loables que se pierde un poco en situaciones inverosímiles y una visión un poco xenofóbica de culturas del Medio Oriente. La historia central de la búsqueda de una hija por parte de una madre funciona, y sin ánimo de incluir spoilers, de hecho concluye de forma inesperada, madura y sorprendentemente realista. Kate Beckinsale está muy bien en el rol principal, además, y James Kent dirige con energía, por más de que el presupuesto limitado a veces se haga evidente en momentos poco apropiados (como cuando graba el plano de una llanta de carro con una GoPro de baja resolución). No esperaba mucho de “Stolen Girl”, la verdad, y con sus fallas y todo, me terminó sorprendiendo (aunque sea un poquito).
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