Teléfono Negro 2

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“Teléfono Negro 2” no es necesariamente lo que los fans de la primera película podrían esperar… lo cual es bueno. Al menos para este crítico. En vez de repetir la misma historia, o de revivir al Raptor (Ethan Hawke) con alguna excusa ridícula bien al estilo de las sagas de slashers de los 80, lo que la nueva película de Scott Derrickson hace es lidiar con el trauma con el que los protagonistas de la primera película quedaron. Mezclando eso con elementos sobrenaturales interesantes, esta segunda parte termina levándose a cabo no como un filme de horror tradicional, sino más bien como un thriller dramático altamente atmosférico y ocasionalmente sangriento.

“Teléfono Negro 2” se lleva a cabo cuatro años después de la primera película. Finney (Mason Thames, del remake de “Cómo entrenar a tu dragón”) se mete en peleas cada vez que puede, y se dedica a fumar hierba para olvidarse de su encuentro con el Raptor. Su hermana, Gwen (Madeleine McGraw, de “American Sniper”) tiene sueños perturbadores que la obligan a caminar sonámbula, viendo a niños morir y dejar mensajes misteriosos en el hielo. Y en la vida real, se obsesiona con todo lo que tiene que ver con los sueños y lo sobrenatural, mientras que Ernesto (Miguel Mora), el hermano mayor de Robin (del primer filme), intenta flirtear con ella.

Las cosas se tornan graves; sin embargo, cuando Finney y Gwen (y también Ernesto) deciden ir a un campamento cristiano donde la mamá de los dos primeros, Hope (Anna Lore), trabajó años atrás. Resulta que unos niños —¡con los que Gwen sueña!— fallecieron de formas terribles en ese lugar en los años 50, y sus cuerpos nunca fueron encontrados. De alguna manera, esto está relacionado con el Raptor, quien se dedica a llamar a Finney por teléfonos públicos desde el infierno, amenazándolo con hacer daño a Gwen. Y aunque al inicio el dueño del campamento, el gentil Mando (Demián Bichir) no tiene idea de por qué los chicos llegaron al lugar supuestamente a “trabajar”, eventualmente se anima a ayudarlos a deshacerse del espíritu del Raptor (y por ende, de las terribles pesadillas de Gwen).

Nuevamente: lo más interesante que hace “Teléfono Negro 2” es negarse a repetir lo que hizo su predecesora, más bien dedicándose a lidiar con las consecuencias de la primera historia, situando la narrativa en un lugar nuevo y perturbador. El campamento cristiano, desolado, oscuro y rodeado de una terrible tormenta de nieve, termina siendo el escenario perfecto para una serie de secuencias perturbadoras, algunas en el mundo real, algunas en el mundo de los sueños. El ritmo pausado —pero no aburrido— de “Teléfono Negro 2” le permite a Derrickson desarrollar una atmósfera densa, que hace que la película se sienta como un thriller en el que los protagonistas están en constante peligro.

El experimentado cineasta, además, hace uso de algunas técnicas interesantes para diferenciar al mundo real de las pesadillas de Gwen. La principal es la utilización de una estética retro vistosa para los sueños, los cuales parecen haber sido grabados en película de 16 mm, incluyendo manchas de celuloide y todo tipo de imperfecciones visuales. Le suman a eso una imagen llena de textura y granulado y sombras oscuras, así como las ocasionales cámaras a mano nerviosas, y las pesadillas en las que nuestros personajes se enfrentan al Raptor se convierten en experiencias visualmente únicas. ¿Hay alguna justificación diegética para que los sueños se vean así? No realmente, pero igual funciona.

Y hablando del Raptor. El personaje impecablemente (e intimidantemente) interpretado por Ethan Hawke sigue siendo el principal antagonista de la historia. Y sin embargo, su presencia se siente menos cercana, más como una suerte de espíritu satánico que aparece de cuando en cuando para causar problemas que otra cosa. De hecho, nunca vemos la cara completa de Hawke —con la máscara de diablo y la revelación parcial de alguna parte de su desfigurado rostro basta para convertir al Raptor en un villano excelente. Además, me gusta cómo la película incluye flashbacks que recontextualizan ciertos eventos del pasado y ayudan a explicar dónde vino el personaje (sin hacer que se sienta menos misterioso, felizmente).

Ahora bien, no clasificaría a “Teléfono Negro 2” como una cinta de terror convencional. Incluye el ocasional jump scare, sí, pero lo que Derrickson hace acá es desarrollar gradualmente una atmósfera palpable de pavor, valiéndose de recursos narrativos para que el espectador se sienta constantemente inquieto. El que nuestros protagonistas sean —todavía— niños ciertamente ayuda a que uno esté preocupado por ellos todo el tiempo; y el que no se sientan como personajes invencibles, indañables, también contribuye al aumento de la tensión. De los adultos, destacan el Mando de Demián Bichir (amable, cercano), la Mustang de Arianna Rivas (un potencial interés amoroso para Finney), y Terrence (Jeremy Davies), el padre de los chicos, que no ha tocado una botella de alcohol en los últimos tres años.

Entiendo que aquellos que estén buscando una experiencia más tradicional de género podrían quedar algo decepcionados por “Teléfono Negro 2”. Lo que tenemos acá es una historia sobrenatural de ritmo lento, que le otorga un arco de personaje bien construido a sus dos personajes principales, y que felizmente logra traer de vuelta al Raptor sin invalidar los eventos de la película anterior. No, no es súper escalofriante ni increíblemente intensa, pero aquello se compensa con un excelente estilo visual, una atmósfera densa e inquietante, y personajes con los que da gusto empatizar (la joven McGraw está particularmente bien acá). “Teléfono Negro 2” podría haber sido una secuela innecesaria y floja, y aunque sigo prefiriendo la primera entrega, agradezco que Derrickson y compañía se hayan esforzado en hacer algo distinto con este nuevo filme. 

Avance oficial:

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