Cualquiera que me conozca sabrá que “La Momia” (1999), de Stephen Sommers, es una de mis películas favoritas. Mezclando acción de la buena con diálogos hilarantes y astutos, excelentes efectos visuales que todavía se ven bien hoy en día y la química innegable entre Brendan Fraser y Rachel Weisz, se trata de una memorable película de aventuras que hasta el día de hoy no ha podido ser superada (ni por un remakeprotagonizado por Tom Cruise). Tanto así, de hecho, que Universal ya ha anunciado una nueva secuela con el reparto original —los millennials, al parecer, necesitamos que los protagonistas de “La Momia” regresen para una última aventura.
¿Por qué menciono todo eso? Porque unos años después del estreno de “La Momia” y su secuela, “La Momia Regresa”, su director-guionista, Stephen Sommers (“Deep Rising”, “G.I. Joe: el ascenso de Cobra”), sacó “Van Helsing”, otra película que pretendía revivir a los monstruos de Universal en un contexto contemporáneo y más de aventuras que de terror. En ese caso, sin embargo, en vez de concentrarse en una sola criatura, decidió combinarlas todas en una narrativa que tenía como protagonista al cazador de vampiros creado por Bram Stoker para la novela original de “Drácula”.

O bueno, no realmente. Porque el Van Helsing de Hugh Jackman no se llama Abraham, como el original, sino más bien Gabriel. Y no es un ser humano común y corriente, sino más bien el Arcángel Gabriel, o la Mano Derecha de Dios, que sufre de amnesia y está tratando de averiguar más detalles sobre su pasado mientras trabaja para el Vaticano acabando con toda suerte de criaturas a fines del siglo diecinueve. Es bastante, la verdad, y resulta en un filme que, por momentos, se siente desordenado y apresurado. Y que, bueno, no fue particularmente bien recibido en su momento, ni por la crítica ni por el público. Pero de manera similar a “La Momia”, “Van Helsing” se ha ido convirtiendo en un clásico de culto con los años, especialmente a ojos de quienes vimos la película en el cine de pequeños.
En todo caso, si de algo sirve mencionarlo, yo siempre he sido un defensor de “Van Helsing”. Tanto así, de hecho, que hace doce años (¡!) escribí un texto admitiendo que se trata de uno de mis mayores placeres culposos. Pero en el presente, yo no siento culpa alguna por disfrutar de la película. ¿Puedo defender todas sus decisiones creativas? No realmente. ¿Puedo justificar la inclusión de tantos elementos narrativos variados, o la utilización de diálogo frecuentemente cursi o absurdo? Para nada. Pero habiéndola visto después de un tiempo, no puedo dejar de admitir que la paso muy bien con “Van Helsing”. Entre su diseño de producción espectacular, excelente trabajo de maquillaje, interesantes efectos visuales y ambiciosa historia, “Van Helsing” se siente como una aventura inflada, épica, variopinta y acelerada.
“Van Helsing” comienza con un memorable prólogo en blanco y negro que homenajea a cierta escena de la original “Frankenstein”, de James Whale. En él, vemos cómo el castillo del doctor Víctor Frankenstein (Samuel West) es asediado por un grupo de aldeanos que lo quiere capturar luego de haberlo atrapado saqueando tumbas. ¿Y por qué? Pues porque ha usado las partes de diferentes cadáveres para crear a la Criatura (Shuler Hensley). En esta versión de la historia, sin embargo, el científico ha estado trabajando para el Conde Drácula (Richard Roxburgh), quien busca el secreto de la creación y la vida para sus propios intereses.

Es así que, luego de ciertos eventos violentos, el buen doctor y su creación son dados por muertos y el Conde y sus tres novias (Silvia Colloca, Josie Maran y Elena Anaya) escapan. Luego del prólogo, nos centramos en el cazador de monstruos Van Helsing (Jackman), quien, después de acabar con Dr. Jekyll y el Señor Hyde (voz de Robbie Coltrane), regresa a su base en el Vaticano, donde su superior, el Cardenal Jinette (Alun Armstrong), le da una nueva misión. Resulta que la última sobreviviente de la familia Valerious en Transilvania, Anna (Kate Beckinsale), está siendo perseguida por Drácula, quien la quiere matar para acabar con su linaje. El padre de la chica juró años atrás que nadie de su descendencia iría al cielo antes de acabar con el vampiro, y lamentablemente, hasta ahora nadie ha logrado cumplir con dicha misión.
Por ende, Van Helsing es enviado a Transilvania a ayudarla junto al fraile Carl (David Wenham), quien es a Gabriel como Q es a James Bond, entregándole toda suerte de divertidos inventos. Una vez en Europe del Este, sin embargo, nuestros protagonistas se encuentran no solo con Anna, sino también con las novias de Drácula, hombres lobo que parecen estar trabajando con el rey de los vampiros, y hasta criaturas como los Dwergi, “minions” que trabajan para el Conde junto al infame (y acá, bastante gracioso) Igor (Kevin J. O’Connor, el mismísimo Beni de “La Momia”). No obstante, Van Helsing igual hace todo lo que puede para ayudar a Anna, incluso cuando esto involucra poner en peligro al hermano de esta última, Velkan (Will Kemp).

Lo que más me gusta de “Van Helsing” es la forma en que logra combinar elementos narrativos y personajes de las diferentes historias clásicas de monstruos de Universal. Y aunque por momentos el filme se puede sentir más como una aventura de superhéroes que como una historia de acción gótica, en general, la historia fluye bien, al menos cuando se concentra en el presente. La idea, por ejemplo, de tener a Drácula utilizando a los hombres lobo para hacer que la máquina del doctor Frankenstein funcione es brillante, así como su relación con el científico y, por supuesto, la criatura. Nada se siente particularmente forzado y ciertamente funciona mejor que, por ejemplo, los intentos por parte de “La Momia” de Tom Cruise de formar un universo unido con la inclusión del doctor Jekyll de Russell Crowe.
Lo que funciona menos, en todo caso, es tratar de cambiar la identidad de su protagonista. Haber incluido a Abraham Van Helsing hubiera estado bien, pero para diferenciarlo del personaje literario, Sommers decidió convertir a su protagonista en una versión amnésica del arcángel Gabriel. Esto no funciona no solo porque tiene poco sentido, sino también porque las pocas pistas que el guion incluye sobre el pasado de Gabriel no son suficientes como para que el espectador se pueda interesar en él. Todo es demasiado ambiguo y es transmitido a través de diálogo expositivo en vez de imágenes, lo cual se termina sintiendo algo flojo. Quizás la idea era expandir estos conceptos a través de una precuela (ya sea en cines o televisión), pero como “Van Helsing” no fue precisamente un éxito de taquilla, nada de eso ocurrió.
En todo caso, me gustaría pensar que Sommers pecó más de ambicioso que de vago, lo cual siempre voy a preferir, especialmente cuando se trata de un blockbuster espectacular y maximalista como este. Sí, “Van Helsing” se puede llegar a sentir desordenada y ciertamente abusa del diálogo expositivo, especialmente hacia el inicio o cada vez que el guion tiene que transmitir algún tipo de revelación narrativa importante. Pero considerando todos los conceptos que el filme tiene que combinar, así como el lore de las diferentes criaturas e historias originales, creo que no hace un mal trabajo. Solo consideren que la experiencia debería ser percibida más como una historia tipo cómic que como algo verdaderamente serio.

Y en ese sentido, pues, “Van Helsing” funciona muy bien como una aventura entretenida y de ritmo rápido. La cinta casi nunca se detiene para reflexionar sobre lo que nos propone, saltando de secuencia de acción a secuencia de acción. Y Sommers, felizmente, vuelve a demostrar que es un maestro dirigiendo acción, entregándonos de todo: desde persecuciones con carretas y caballos, hasta enfrentamientos entre humanos y vampiros, saltos imposibles desde ventanas y en cuerdas larguísimas, y hacia el final, peleas entre criaturas digitales enormes. No todo luce particularmente verosímil o convincente (especialmente considerando las caídas y los golpes a los que nuestros héroes logran sobrevivir), pero creo que “Van Helsing” nunca intenta ser realista. Este es un mundo exagerado y, nuevamente, más parecido a la adaptación de un cómic que a algo como “La Momia”.
Tomando eso en consideración, creo que varias de las actuaciones van de acuerdo al material. Me gusta, por ejemplo, el tono melodramático que el Drácula de Roxburgh y las novias le otorgan a la historia; sus actuaciones teatrales, posadas y de acentos cuestionables van muy bien con el universo que Sommers ha desarrollado. Por su parte, Shuler Hensley está muy bien como la Criatura, también, mezclando algo de humanidad y compasión con momentos grandilocuentes (como cuando le grita “¿POR QUÉEEEEE?” a los aldeanos que lo persiguen a él y a su padre). Adicionalmente, Tom Fisher la pasa de lo lindo interpretando a un excavador de tumbas bastante sádico, y Kevin J. O’Connor le inyecta a la película un sentido del humor muy parecido al de “La Momia” (especialmente cuando interactúa con los protagonistas hacia el final).

¿Y qué hay, justamente, de los personajes principales? Hugh Jackman convence como el protagonista del título, un héroe amnésico que, de forma algo cínica, busca la verdad mientras hace el trabajo sucio de la iglesia. Su look es icónico (me encantaría tener su gorra) y sus gadgets son memorables, y aunque su personalidad no es tan interesante, por ejemplo, como la de su Wolverine, creo que cumple bien el rol del héroe serio y torturado. Por su parte, David Wenham (“El Señor de los Anillos”, “300”, “Australia”, “Elvis”) es muy gracioso como Carl, un fraile propenso a decir palabrotas, meterse con mujeres e inventar objetos muy útiles. Y aunque el acento transilvano de Kate Beckinsale no es el mejor, su Anna termina siendo una mujer de acción valiente y entretenida de ver.
Visualmente, “Van Helsing” es una mezcla de lo bueno, lo malo y lo absurdo. Por un lado, el diseño de producción es superlativo —sets como el castillo de Frankenstein, la plaza central del pueblo de Anna o las cavernas llenas de huevos podridos de vampiro lucen espectaculares, llenos de detalle y textura. El trabajo de maquillaje, además, es excelente —un pecado que el equipo no haya sido nominado al Óscar, especialmente por cómo lograron caracterizar al Monstruo de Frankenstein, Igor y todos los Vampiros. Y varios de los efectos visuales todavía funcionan; especialmente criaturas como Mr Hyde y los hombres lobo, o locaciones como los exteriores de los castillos.
Pero por otro lado, “Van Helsing” hace uso de dobles digitales que se ven bastante caricaturescos y nos presenta criaturas que no se sentirían fuera de lugar en juegos de PS3, como los hijitos de Drácula. Y aunque sé que el enfrentamiento final entre dos monstruos enormes tiene sus defensores, en gran parte gracias a sus diseños y al efecto de transformación de los hombres lobo (que los tiene arrancando su piel para pasar de una forma a otra), especialmente en este último visionado, no me terminó de convencer. Es básicamente como ver el cutscene de un videojuego; técnicamente espectacular, supongo, pero en este caso, carente de humanidad y dirigido de forma sorprendentemente tiesa. Nuevamente: “Van Helsing” es un blockbuster maximalista y a mucha honra, pero en el caso específico de la batalla final, creo que más no terminó siendo mejor.

Mención aparte, eso sí, para la extraordinaria banda sonora de Alan Silvestri. Sí, el tema principal de “aventura” es bastante parecido a su trabajo para “La Momia Regresa” (tanto así que me distrae un poco), pero el resto de la música es épica, emotiva, tarareable y memorable. Destacan el tema principal de la película, el cual mezcla instrumentalización tradicional de orquesta con un gran uso de la guitarra española; el sentido tema de Anna (el cual es usado de forma particularmente efectiva en la última escena del filme), y hasta el tema de Drácula. Incluso quienes no sean fans de “Van Helsing” deberían ser capaces de admitir que la música de Silvestri es de lo mejor que tiene para ofrecer y una gran razón por la que el producto final logra manejar una atmósfera y un estilo tan atractivos.
“Van Helsing” es una película fallida; de eso no hay dudas. Los efectos visuales son un poco muy ambiciosos (y numerosos) para su época; el diálogo no es siempre el mejor y la película intenta hacer demasiado, haciendo que, por ejemplo, las referencias al pasado de su protagonista se sientan un poco fuera de lugar. Pero para Vuestro Servidor, lo bueno sigue siendo más relevante que lo malo. Me gusta el tono de la historia; la paso muy bien con los personajes (especialmente los secundarios) y la idea en general y su ejecución funcionan. “Van Helsing” no está a la altura de “La Momia”, claramente, pero si se deja eso de lado, igual se termina sintiendo como una aventura ligera, violenta, épica y espectacularmente cursi. ¿Me hubiese gustado que sacaran precuelas, secuelas y spin-offs? Sí, claro. Pero también estoy contento con, por lo menos, poder seguir viendo “Van Helsing” cada vez que me provoque.
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