Aquaman

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No envidio la presión que debe haber sentido el cineasta James Wan (“El Conjuro” y su secuela) a la hora de dirigir “Aquaman”. Después de todo, el Universo Cinematográfico de DC no se encuentra en un estado óptimo: sí, “Mujer Maravilla” fue un éxito tanto de taquilla como a nivel crítico, y estoy seguro que la secuela no decepcionará, pero filmes como “Escuadrón Suicida” y, especialmente, la decepcionante “Liga de la Justicia” no lograron cautivar a demasiados espectadores. Sabes que estás haciendo algo mal cuando una película protagonizada por Superman, Batman, la Mujer Maravilla, Flash y Cyborg no logra generar mucha anticipación, y mucha menos emoción.

Es por todo esto que muchos espectadores —sean fanáticos o no— estábamos esperando con ansias el estreno de “Aquaman” en los cines. ¿Podría James Wan, un cineasta de innegable talento, alegrar la mayoría de pecados cometidos por DC en filmes anteriores? ¿Sería capaz de generar emoción por un personaje tan burlable como Aquaman? ¿Y podría Jason Momoa desarrollar a su acuático superhéroe de mejor manera que en “Liga de la Justicia”, en donde los interpretó únicamente como una mezcla entre surfer y motero adicto a las cervezas? Habían demasiadas cosas que la película debía lograr para, al menos, poder demostrar que DC y Warner Bros. son capaces de explotar bien a sus personajes más conocidos.

La buena noticia es que sí, lograron hacer muchas de estas cosas. La mala, desgraciadamente, es que el resultado final no es del todo convincente. “Aquaman” es una película entretenida y visualmente espectacular, la cual se ve beneficiada por enérgicas actuaciones y escenas de acción innegablemente emocionantes, pero que se concentra con demasiada frecuencia en aburridas maquinaciones políticas, abusando de diálogos ridículos y giros narrativos que no tienen sentido. “Aquaman” es una mezcla de lo bueno, lo malo y lo feo, un filme que trata de hacer mucho en poco tiempo, haciendo referencia a incontables otros blockbusters, y al menos, aprovechando al máximo su tono absurdo y jovial. Por más que no me haya emocionado mucho, prefiero un blockbuster de este tipo en vez de una procesión fúnebre como “Batman v Superman” cualquier día de la semana.

“Aquaman” comienza con un prólogo que nos detalla la manera en que Aquaman fue concebido (no de manera gráfica, por cierto). Resulta que es el hijo de la Reina de Atlantis, Atlanna (Nicole Kidman) y el guardián de un faro, Tom Curry (Temuera “Jango Fett” Morrison). Ya en el presente, vemos que Arthur Curry (Jason Momoa) está viviendo humildemente, visitando a su padre de vez en cuando, y manteniéndose al margen de los problemas de su mundo acuático. Pero cuando la princesa Mera (Amber Heard) llega a la superficie para contarle que su medio hermano, Orm (Patrick Wilson) está planeando comenzar una guerra entre ambos mundos, tendrá que viajar por muchos lugares del planeta para encontrar el Tridente del Rey Atlan (Graham McTavish) y convertirse en el verdadero monarca de Atlantis.

La trama no es de nada del otro mundo. De hecho, es bastante previsible, haciendo uso de varios clichés del género, y llevándose a cabo tal y como uno se imaginaría. El arco de personaje de Arthur está influenciado tanto por el Viaje del Héroe de Joseph Campbell (no quiere convertirse en un héroe, es llamado por alguien externo, tiene que viajar por varios lugares para probar su valía) como por mitología (es, literalmente, el Rey Arturo), y los villanos, aunque suficientemente intimidantes, no tienen motivaciones particularmente complejas. Orm es celoso, xenófobo y megalomaníaco, y Patrick Wilson lo interpreta con suficiente intensidad, pero nunca llega a desarrollarlo como alguien verdaderamente tridimensional. El Black Manta de Yahya Abdul-Mateen II es más interesante, a pesar de estar terriblemente desperdiciado.

Por otro lado, parece que, por momentos, Wan y sus guionistas no están muy seguros de lo que tienen en su manos, y por ende tratan de inyectarle todo tipo de influencias a la cinta. Tenemos desde secuencias de acción más propias del subgénero de superhéroes, hasta una sección que me recordó a las películas de Indiana Jones, enfrentamientos entre naves (acuáticas) muy similares a varias escenas de las precuelas de “Star Wars”, y hasta una guerra entre ejércitos que parece haber sido sacada de “El Retorno del Rey”. Entiendo que tuviesen muchas ideas con potencial, pero eso no quiere decir que hayan tenido que incluir todas. Una historia más enfocada en un solo concepto y un solo estilo hubiera resultado en un producto final menos disperso.

Sin embargo, hay que admitir que Wan logra convertir a “Aquaman” en una película frecuentemente entretenida, no solo gracias a que sabe dirigir muy bien sus secuencias de acción, si no también a que le otorga un estilo bastante… raro. Consideren, si no, los momentos en los que vemos a diferentes personajes montar monstruos marinos; la escena en la que un pulpo gigante toca los tambores (!!!), y el rol de un monstruo gigante con la voz de Julie Andrews (!!!!) alterada digitalmente. Lo mejor de “Aquaman” es que acepta, desde un primer momento, que se trata de una película fantástica y ridícula, y por ende jamás trata de tomarse demasiado en serio a sí misma. Los momentos más emotivos, no obstante, aunque bien actuados, no terminan de funcionar precisamente porque son seguidos de (o son presididos por) escenas llenas de monstruos, rayos, hombres pez, chistes sobre Pinocho, harto efecto computarizado, y más.

Y hablando de los efectos visuales —al igual que el resto de películas del Universo Extendido de DC, “Aquaman” es una mezcla de lo bueno y lo malo, en lo que se refiere a lo visual. La presentación y desarrollo del mundo de Atlantis es sublime; uno realmente cree que este lugar —y los otros reinos submarinos— podría existir. Wan le ha inyectado mucha imaginación a las escenas que se llevan a cabo bajo el agua, utilizando sus recuerdos —efectos digitales, diseño de producción, vestuario, maquillaje— para que Atlantis se sienta como un lugar táctil y verosímil.

Por otro lado, el rejuvenecimiento de ciertos personajes para los flashbacks es terrible. Lucen como figuras de cera, y convierten momentos potencialmente emotivos en ejercicios de terror involuntario. Y el tercer acto de la película, como suele pasar en este tipo de propuestas, desciende en un mar de CGI excesivo, haciendo que se sienta más como una cinta animada que una producción con actores de carne y hueso. Realmente me costó conectar con la batalla final —después de todo, al menos uno de los ejércitos involucrados (cuyo líder tiene el carisma de un chicharrón de cangrejo) recién es introducido minutos antes de comenzar el conflicto. No sabía ni quiénes eran ni qué querían… y francamente no me importaba.

“Aquaman” es un esfuerzo meramente competente por parte de DC. La construcción del mundo del acuático superhéroe es fascinante, y algunos de los efectos especiales resultan en escenas innegablemente memorables y visualmente espectaculares —consideren, si no, el descenso por parte de Arthur y Mera al foso, donde son acosados por toda suerte de criaturas escalofriantes—, pero la narrativa es previsible y plana, los villanos son genéricos, el tercer acto es caricaturesco y hasta ilógico, y la película en general no logró generar ningún tipo de reacción emocional en mi. Sí, la mano de Wan se hace evidente, y sí, la mayoría de interpretaciones son sólidas —Momoa como el inseguro Arthur, Heard como la valiente Mera, y Nicole Kidman como la elegante Atlanna están muy bien—, pero el producto final, aunque divertido, no llega a estar al mismo nivel que, por ejemplo, “La Mujer Maravilla”, de Patty Jenkins. “Aquaman” no es la peor película de superhéroes del año, pero en comparación a esfuerzos como “Avengers: Infinity War” o “Spider-man into the Spider-verse”, definitivamente queda chico.

 

Avance oficial:

60%
Puntuación
  • Mi calificación
1 comentario
  1. […] cual es una pena porque, sin llegar a ser una obra maestra, la primera “Aquaman” contaba con varios elementos rescatables —desde un sólido trabajo de casting hasta, por […]

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