El peso del talento

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“El peso del talento” es la película que todos los fanáticos y defensores de Nicolas Cage hemos estado esperando. Mientras que muchos espectadores han considerado al afamado actor como alguien, irónicamente, de poco talento, que aparecía en películas de ínfima calidad aparentemente solo porque sí, otros sabíamos que esto se debía, principalmente, a que estaba lleno de deudas, lo cual lo obligaba a aparecer en cuanta producción pudiese para poder mantenerse económicamente a flote. Eso evidentemente no justifica muchas de sus decisiones creativas o actorales, pero tampoco significa que Cage sea un mal actor. Por algo ganó un Óscar, y por algo sigue siendo tan popular después de tantos años.

Todo esto sirve para poner en contexto lo que “El peso del talento” termina haciendo. Lo que tenemos acá es una suerte de comedia satírica que no se burla del Señor Cage, necesariamente, pero que más bien se burla de la manera en que mucha gente lo percibía: como un actor venido a menos, con una notable tendencia a exagerar y gritar y actuar de la manera más caricaturesca posible. Se nota, pues, que el director Tom Gormican y sus guionistas realmente sienten pasión por el trabajo de Cage, y por ende, la película termina sintiéndose más como un homenaje al actor, que como una burla y parodia. El resultado final es un filme que, sin llegar a ser increíblemente hilarante, debería resultar divertido tanto para los fanáticos acérrimos del actor —como vuestro servidor—, como para los cinéfilos menos informados.

Como seguramente ya saben, Cage interpreta a una versión ficcionalizada de sí mismo —un actor increíblemente egocéntrico, desesperado por encontrar buenos roles, ensimismado, y aparentemente poco interesado en los gustos y opiniones de su hija, Addy (Lily Mo Sheen), o de su esposa, Olivia (Sharon Horgan), de quien está a punto de divorciarse. Luego de perder un papel particularmente importante, Cage decide retirarse de la actuación, pero no sin antes ser obligado por su agente, Richard Fink (Neil Patrick Harris) a ir a animar una fiesta organizada por un súper fan millonario de Cage: el excéntrico Javi Gutiérrez (Pedro Pascal).

Cage llega a una isla paradisiaca cerca de España y todo parece ser inofensivo. De hecho, comienza a entablar una entrañable amistad con Javi, quien aparte de estar obsesionado con sus películas y sus roles —tanto así que ha escrito un guion que espera Cage se anime a protagonizar—, simplemente parece entenderlo. Pero las cosas se tornan complicadas rápidamente: los agentes del FBI Vivian (Tiffany Haddish) y Martin (Ike Barinholtz) se encuentran con Cage y le informan que Javi en realidad es un capo de la mafia, y le piden que los ayuden a atraparlo, infiltrándose en la mansión de dicho villano. Inicialmente consternado, Cage se irá dando cuenta que, en realidad, le gusta trabajar como espía, pero también que no quiere poner en peligro a su nuevo amigo.

Lo más sorprendente de “El peso del talento” está en la química que comparten Pascal y Cage. Aparentemente, el conocido “Mandaloriano” es un gran fanático de Cage en la vida real, lo cual evidentemente ha ayudado a que pueda interpretar este papel de manera verosímil, haciendo que uno realmente sienta que estos dos personajes se entienden y se quieren y han encontrado algo de valor el uno en el otro. La relación no es presentada de manera caricaturesca o innecesariamente homoerótica, si no más bien como una honesta amistad entre dos hombres adultos, que a pesar de ser increíblemente distintos, comparten muchos gustos y perspectivas sobre la vida. Pascal hace que uno se encariñe con Javi, y Cage, a pesar de estar interpretando a una versión un poco detestable de sí mismo, convence al espectador de que podría redimirse.

Evidentemente, la película cuenta con muchos “easter eggs” y referencias que encantarán a los fanáticos acérrimos de Cage. “El peso del talento” hace referencia a películas variadas de su filmografía, como “Con-Air”, “La Roca”, “La mandolina del Capitán Corelli”, o hasta “The Wickerman” (en una de las últimas escenas), pero también incluye a una versión más joven de Cage, con la que nuestro protagonista alucina de cuando en cuando. Dicha aparición culmina en un beso (¡!) que simboliza perfectamente lo mucho que esta versión del actor se quiere a sí mismo: es un momento francamente hilarante, que además forma parte del arco de personaje de nuestro protagonista.

Fuera de dicha escena, sin embargo, “El peso del talento” no carece de momentos graciosísimos. Como se dijo líneas arriba; no es que sea una cinta increíblemente hilarante —de hecho, se va tornando más seria mientras llega al tercer acto—, si no más bien que resulta consistentemente simpática, acentuando uno que otro momento que seguramente los harán carcajear de risa. Consideren, si no, un incidente con un muro que Cage y Javi tienen luego de probar LSD (esta fue LA escena que más hizo reír al público con el que vi la película); una secuencia en un cuarto lleno de merchandising de Cage; o hasta la primera secuencia de espionaje con Cage, quien termina inyectándose el veneno que supuestamente tenia que darle a un guardia. Puede que “El peso del talento” no sea chistosa todo el tiempo, pero cuando lo es, se manda al 100%.

Me da pena que no le esté yendo demasiado bien en la taquilla a “El peso del talento”. De hecho, ahora que se encuentra en su segunda semana en cines limeños, cuenta con muy pocos horarios (lo cual me sorprende, también, ya que cuando fui a ver la película, la sala estaba relativamente llena). Después de todo, se trata de una comedia satírica de acción de mediano presupuesto —es decir, el tipo de película que ya no se ve con demasiada frecuencia en nuestros cines, especialmente ahora que generalmente se estrenan puros blockbusters y secuelas y películas de superhéroes. Incluso si no son los más grandes fanáticos de Nic Cage, vale la pena que le den una oportunidad a “El peso del talento”. Estoy seguro que la pasarán bien viéndola, y hasta se animarán a ver algunas de las películas clásicas de Cage. ¡Nic ha vuelto! (Aunque no es que se haya ido a ninguna parte, tampoco).

Avance oficial:

80%
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