Invitación al infierno

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“Invitación al infierno” es el tipo de película de terror a la cual generalmente uno no le tendría fe… hasta que comienza a verla. Por supuesto, ayuda el que tenga como protagonista a Nathalie Emmanuel (de “Juego de tronos” y “Megalópolis”), y que al menos en sus primeras escenas, el filme se sienta, a falta de una mejor expresión, como una “película de verdad”, y no tanto como un producto para ser consumido rápida y furiosamente en plataformas de streaming. Las actuaciones son todas convincentes, y a través de ciertos comentarios sociales, al menos “Invitación al infierno” parece querer decirnos algo.

Pero mientras uno va viendo la película, se da cuenta de que algo no está funcionando del todo. Hay escenas de innegable tensión, sí, y momentos que definitivamente me hicieron saltar del asiento (por más de que no sean más que jump scares bastante gratuitos). Pero también hay secuencias que no logran generar mucho en el espectador, así como interacciones entre personajes que ciertamente pudieron haber sido menos acartonadas. Pero nada grave. Lo que sí es grave, en todo caso, es lo que sucede durante los últimos treinta minutos de metraje. Evidentemente no pienso incluir spoilers en este texto, por lo que solo diré que la directora Jessica M. Thompson y la guionista Blair Butler se van con todo con un giro… el cual, lamentablemente, no funciona muy bien que digamos.

Lo cual es una pena, porque siempre agradeceré la existencia de producciones de terror comercial que tomen riesgos, y que al menos intenten incluir giros narrativos interesantes y ambiciosos en sus guiones. “Invitación al infierno” trata de ser una película así, pero desgraciadamente se queda a medio camino, con un twist que podría haber resultado divertido si se hubiese manejado mejor, y si Thompson no hubiese estado trabajando bajo las restricciones de la calificación para Mayores de 14 años. “Invitación al infierno” termina siendo el tipo de historia que exige harta sangre y gore, pero que termina sintiéndose censurada (en un par de momentos literalmente, con imágenes fuera de foco que tratan de esconder lo sangrienta de la situación en la que se encuentran los personajes).

Pero me adelanto. La protagonista de “Invitación al infierno” es Evie (Nathalie Emmanuel), una artista neoyorquina cuyos padres han muerto, y que trata de sobrevivir trabajando en catering junto a su mejor amiga, Grace (Courtney Taylor). Un día, sin embargo, decide tomar una prueba de ADN, lo cual resulta en un mensaje por parte de un primo lejano británico llamado Oliver Alexander (Hugh Skinner). Resulta que Evie tiene toda una familia extendida en el Reino Unido, y luego de reunirse en persona con Oliver, es convencida de viajar a Yorkshire para conocerlos en la boda de uno de los primos.

Es así que Evie llega a la mansión de De Ville (Thomas Doherty), el amigo de la familia Alexander que está poniendo el lugar de la celebración. Y es así, también, que comienza a conocer a su nueva familia y sus peculiares costumbres. Lo que parecía ser un fin de semana lleno de ostentaciones y privilegio, pero en términos generales normal, se torna más interesante cuando Evie y De Ville se van enamorando, lo cual resulta en reacciones diversas: desde la alegría de la prima Lucy (Alana Boden), hasta el fastidio del mayordomo Renfield (Sean Pertwee) y la otra prima, la antipática Viktoria (Stephanie Corneliussen). Pero cuando Evie descubre el oscuro secreto de todas estas personas, se ve obligada a encontrar la manera de sobrevivir y escapar de la aislada mansión.

Si son perceptivos, se habrán dado cuenta de las referencias que hacen los nombres de algunos de los personajes a cierta historia famosa. Más no diré, porque como se mencionó líneas arriba, no quiero incluir spoilers, pero eso debería ser suficiente para que algunos espectadores / lectores se den cuenta de qué tipo de relato trata de narrar “Invitación al infierno”. Lamentablemente, las pistas que se dan a lo largo de la película, aparte de dichos nombres, no son suficientes como para justificar la revelación final, lo cual resulta en un giro que se siente más anticlimático y frustrante que verdaderamente chocante o interesante.

No ayuda, ademas, que en retrospectiva, existan escenas que poco sentido tienen si es que uno toma en cuenta el twist. El personaje de De Ville, por ejemplo, a pesar de ser interpretado con suficiente carisma por Thomas Doherty (de Gossip Girl) se convierte en toda una contradicción. Y detalles narrativos o de construcción de personaje, como la pasión que Evie le tiene al arte plástico, terminan siendo ridículamente irrelevantes. Más satisfactorio hubiese sido si las primeras escenas de la película —especialmente aquellas relacionadas al pasado de Evie y la relación con sus padres ya finados— hubiesen tenido algún tipo de conexión con el clímax o desenlace de “Invitación al infierno”.

Felizmente, el filme cuenta con la presencia de Nathalie Emmanuel. La famosa actriz de “Juego de tronos” hace un excelente trabajo como Evie, interpretándola como una chica moderna, fuerte, que no quiere perder su independencia pero a la vez es atraída por la opulencia y elegancia del mundo de los Alexander. El que nuestra protagonista sea afrodescendiente no es casualidad; “Invitación al infierno” se lleva a cabo como un comentario sobre la discriminación racial en Occidente, y la forma en que, por años, las poblaciones blancas han estado utilizando a las minorías para sus propios fines. Es un comentario, pues, que Emmanuel intenta hacer funcionar, pero que como mucho en “Invitación al infierno”, no está particularmente bien desarrollado. No ayuda, además, que filmes como “¡Huye!” hayan hecho un mejor trabajo con temas similares en el mismo género.

Si “Invitación al infierno” aprueba (con las justas), es debido a la atmósfera palpable de pavor generada por Thompson y su directora de fotografía, Autumn Eakin; a las excelentes locaciones, llenas de textura y detalle; a la ambición (a veces mal manejada) del guion, y al trabajo de Emmanuel. Seguramente si veía la película en el cine me hubiese fastidiado más, pero como terminé experimentándola por primera vez en la comodidad de mi casa, luego de un largo día de trabajo y sin mayores expectativas, no me terminó disgustando del todo. Hay buenas ideas, imágenes impactantes y sólidas interpretaciones en “Invitación al infierno”. Es justamente por eso que es una lástima que el producto final no haya sido más satisfactorio.

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