Animales Peligrosos

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Cuando me enteré que la australiana “Animales Peligrosos” se estrenó en la Quincena de Directores del Festival de Cannes de este año, no pude evitar sorprenderme. Después de todo, se trataba de un filme que, a primera vista, podría confundirse con cualquier producción tipo Serie B centrada en tiburones. Es decir, parecía ser una película más de supervivencia, potencialmente sangrienta y cruenta y poco original. No obstante, entre aquel detalle y los buenos comentarios que había estado recibiendo, no podía evitar contener mi emoción. Quizás, “Animales Peligrosos” era más que una simple película de tiburones. Quizás, terminaría sorprendiéndome gratamente.

Y habiéndola ya visto, tengo el agrado de decir que eso es precisamente lo que me terminó sucediendo. Ahora, no me tomen a mal; no es que “Animales Peligrosos” sea una obra maestra ni mucho menos. No pretende ser algo que no es, y no nos dice nada nuevo sobre la condición humana, ni cuenta con sorpresas alejadas del género al que pertenece. Pero dentro de lo que es —es decir, efectivamente, una Película de Tiburones™—, “Animales Peligrosos” funciona muy bien, desarrollando un gran nivel de tensión, e incluyendo escenas que a muchos espectadores los mantendrán al borde de sus asientos. Súmenle a eso una desenfadada interpretación por parte del infravalorado Jai Courtney (“Terminator Genysis”, “El Escuadrón Suicida”), y “Animales Peligrosos” se termina convirtiendo en una de las experiencias más interesantes del año.

“Animales Peligrosos” comienza con un excelente prólogo, que se lleva a cabo, al igual que el resto del filme, en la Costa Dorada de Australia, y en el que vemos a Bruce Tucker (Courtney) asesinar a un tipo en su bote, y secuestrar a una chica llamada Heather (Ella Newton). Resulta, pues, que el hombre es dueño de Experiencias Tucker, una empresa de nado con tiburones, no tan casualmente, centrada en darle servicios a turistas solitarios. Pero no es solo que Tucker se dedica al asesinato; lo que hace es alimentar a tiburones con jóvenes atractivas, grabándolo todo con viejas cámaras de VHS, para armar así una colección de perturbadores videos que mira mientras almuerza o cena.

Es así que pasamos a centrarnos en la siguiente víctima de Tucker, la surfista americana Zephyr (Hassie Harrison, muy parecida a Jennifer Lawrence), quien termina teniendo un “encontrón” sexual con el gentil y carismático agente de bienes raíces Moses Markley (Josh Heuston). Lamentablemente, nuestra protagonista no está lista para una relación, por lo que abandona al chico en medio de la noche para irse a surfear a la playa… y es ahí donde es secuestrado por Tucker. A partir de ese momento, “Animales Peligrosos” se divide en dos líneas narrativas: por un lado, tenemos a Zephyr en el bote de Tucker, intentando sobrevivir hasta que finalmente se convierta en la cena de los tiburones, y por el otro tenemos a Moses, quien hace todo lo posible por encontrar a la desaparecida chica de la que claramente se ha enamorado.

Lo mejor que pueden hacer es ir a ver “Animales Peligrosos” sin revisar tráilers o cualquier otro tipo de material promocional. Porque por más de que el filme parezca ser una aventura más de supervivencia y tiburones, al final del día, lo que me gustó más de él es que no le pone tanto énfasis a dichas criaturas. De hecho, el título hace referencia a que los tiburones no son los únicos animales peligrosos —gente como Tucker son igual o hasta más sanguinarios, por lo que es él quien termina convirtiéndose en el verdadero villano de la historia. Los tiburones son sus herramientas de asesinato, pero es Tucker quien nos termina dando más miedo y, por supuesto, a quien queremos ver morir de la forma más asquerosa posible.

Ayuda, entonces, que “Animales Peligrosos” cuente con la presencia de un desatado Jai Courtney. Por años, el australiano actor intentó convertirse en el nuevo héroe de acción o protagonista apuesto de Hollywood, pero como lo ha ido demostrando en los últimos años, donde se siente más a gusto, en realidad, es en los roles villanescos. Es así que Courtney interpreta a Tucker como un loco de atar; como alguien que quizás ha pasado por traumas considerables como para explicar sus comportamientos, pero que en la práctica, simplemente es un tipo obsesionado con los tiburones y con los depredadores y las presas. Es una actuación increíblemente entretenida, que por momentos puede llegar a causar gracia (como cuando se pone a cantar “Baby Shark”), pero que la mayor parte del tiempo resulta intimidante.

Evidentemente, “Animales Peligrosos” le pertenece a Courtney, pero eso no quiere decir que las demás actuaciones sean deficientes. Hassie Harrison (de “Yellowstone”) hace un buen trabajo como Zephyr, una chica de infancia y adolescencia complicadas, y que ahora se niega a tener conexiones significativas, prefiriendo comportarse como un alma libre y desatada. Es una chica fuerte pero a la vez vulnerable, a quien da gusto apoyar. Y Josh Heuston convence como Moses, quizás el agente de bienes raíces más amable y considerado de la historia del cine. La conexión entre ambos personajes convence, lo cual hace que el desenlace de la historia resulte particularmente satisfactorio.

Por su parte, el director Sean Byrne hace un buen trabajo transformando a “Animales Peligrosos” en una experiencia rápida, directa y apropiadamente sangrienta. Como resulta fácil conectar con Zephyr, muchas de las situaciones peligrosas en las que se involucra resultan inaguantablemente tensas, haciendo, además, que Tucker se convierta en un antagonista increíblemente odioso. Y lo bueno es que los tiburones no son los únicos que contribuyen a la palpable sensación de suspenso que la película desarrolla. También tenemos persecuciones, investigaciones (por parte de Moses), intentos de escape, y demás. Puede que “Animales Peligrosos” no sea la cinta de supervivencia más creativa del mundo, pero igual resulta más tensa y emocionante que el ejemplar promedio del subgénero.

“Animales Peligrosos” es la película perfecta para los amantes de las emociones fuertes y las criaturas sedientas de sangre. Al presentarnos a un villano formidable y situaciones de impresionante suspenso, el filme logra mantener a sus espectadores al borde de sus asientos por poco más de noventa minutos. Las actuaciones son todas muy buenas —aunque, nuevamente, quien destaca más es Jai Courtney—, la edición es de envidiable eficiencia, y los efectos visuales y especiales contribuyen a que la experiencia en general se sienta verosímil. Pueden ir a ver “Animales Peligrosos” esperando algo más que una simple película de tiburones; sí, dichas criaturas tienen un rol importante en la historia, pero felizmente, el producto final termina siendo mucho menos simple de lo esperado.

Avance oficial:

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