“Primitive War” maneja el tipo de premisa que muy fácilmente podría haber resultado en un filme tipo serie B súper barato, bien al estilo de The Asylum: dinosaurios en medio de la Guerra de Vietnam. Nada más, ni nada menos. Soldados americanos vs dinosaurios. ¿Qué más podríamos pedir? Y aunque en este caso el producto final se podría haber tomado un poco menos en serio a sí mismo, el balance general es positivo. De hecho, la pasé mucho mejor con “Primitive War” que con las últimas dos películas de “Jurassic World”, lo cual demuestra que, a veces, las producciones independientes y de presupuesto limitado hacen mejor las cosas que los grandes productores de Hollywood.
“Primitive War” se lleva a cabo, lógicamente, en los años 60, y tiene como protagonista al Sargento Ryan Baker (Ryan Kwanten), quien es enviado por su superior (Jeremy Piven) al medio de la jungla de Vietnam a rescatar a un grupo de Green Berets que ha desaparecido. Es así que él lleva consigo al Escuadrón Buitre, el cual se supone debería estar más que preparado para enfrentarse al enemigo. Pero como se deben imaginar, al final se terminan encontrando con algo que jamás se hubieran imaginado: un valle lleno de dinosaurios (tanto los vegetarianos como los carnívoros), y una científica rusa llamada Sophia (Tricia Helfer), que solía trabajar en el proyecto que trajo a estas criaturas del pasado (¡!), y que ahora no quiere hacer otra cosa más que escapar de tan terrible lugar.

La premisa no podría ser más sencilla, y valgan verdades, el director-guionista australiano Luke Sparke (de la también sorprendente “Occupation: Rainfall”) la aprovecha al máximo, al parecer totalmente consciente del tipo de clichés que incluyen tanto las películas de guerra, como las historias de ciencia ficción y criaturas enormes. Los soldados pertenecientes al Escuadrón Buitre, por ejemplo, son todos estereotipos andantes: tenemos al Nuevo (Carlos Sanson Jr), al Payaso (Anthony Ingruber) y a varios otros. Ninguno está particularmente bien desarrollado, y más bien sirven como comida para dinosaurios, pero eso está bien. Nadie va a ver una película como “Primitive War” para disfrutar de personajes súper humanos y llenos de potentes conflictos internos.
Y de ahí está, por supuesto, nuestro protagonista, quien al menos logra conectar de alguna forma con la Sophia de Tricia Helfer. Ryan Kwanten no está mal como un sargento valiente y de buenas intenciones, que simplemente quiere cuidar a sus hombres y cumplir su misión. Y aunque el acento ruso de la canadiense Helfer es de dudosa calidad, no es algo que se sienta incoherente con la propuesta en general. Después de todo, “Primitive War” lo trabaja todo a grandes rasgos, dejando en claro que se trata de una cinta de buenos y malos, los primeros siendo los americanos (duh), y los segundos siendo los rusos (felizmente no tanto los vietnamitas). Las sutilezas no tienen lugar acá, y en general, “Primitive War” se ve beneficiado por aquel tono exagerado y sangriento.
No obstante, sí creo que la película se toma un poco muy en serio a sí misma, incluyendo pocos momentos de humor, con la intención, asumo, de desarrollar un buen nivel de tensión. Los pocos personajes graciosos terminan pasándola mal, y en general, “Primitive War” se termina desarrollando como una experiencia sangrienta y hasta con algo de gore. En ese sentido, al menos, se logra diferenciar de las películas de “Jurassic World” que, con su afán de llegar a un público mucho más amplio (cosa que sí logra sin problemas, dicho sea de paso), incluye pocas muertes y de forma censurada. En “Primitive War” no hay nada de eso: hay destripamientos y muertes sangrientas por doquier, y felizmente los efectos de maquillaje están a la altura de tanta matanza.

¿Y los efectos visuales? Sorprendentemente buenos. Evidentemente, “Primitive War” (una coproducción australiana independiente) no cuenta con el mismo presupuesto que una superproducción de Hollywood, por lo que resulta sorprendente que se vea tan bien. Sparke claramente sabe como aprovechar sus recursos al máximo, mostrándonos dinosaurios bien animados, de texturas realistas, y que en muy pocas ocasiones se sienten fuera de lugar. El T-Rex en particular luce bien, pero también disfruté de los Raptors llenos de plumas, y hasta de planos verdaderamente hermosos en donde vemos a los herbívoros disfrutando de su hábitat (como los Tricératops tomando agua en un río junto a una manada de elefantes).
En términos generales, pues, “Primitive War” funciona como una experiencia de acción explotadora, en donde nuestros soldados protagonistas se encuentran con criaturas sedientas de sangre que más fuera de lugar no podrían estar en un lugar como la selva de Vietnam. En todo caso, si “Primitive War” no termina de cuajar es, nuevamente, porque se toma un poco muy en serio a sí misma, y porque le sobran por lo menos unos veinte minutos de metraje. Dos horas y quince minutos es mucho para una película de premisa y sucesos tan sencillos, por más de que esté tan bien hecha, especialmente para ser una producción independiente grabada en la Costa Dorada de Australia.
Interesante, pues, lo que Luke Sparke está haciendo en su nativa Australia. Con claras intenciones de desarrollar una industria de cine más grande y enfocada en historias de género, lo que está haciendo con filmes como este u “Occupation: Rainfall” es demostrar lo mucho que se puede hacer con la ciencia ficción, la fantasía y el terror sin actores de renombre o mucho presupuesto (el artista más famoso en “Primitive War” es Jeremy Piven, y bueno, no es que de una interpretación espectacular, tampoco). “Primitive War” tiene sus defectos, pero dentro de todo, funciona muy bien como una experiencia tensa, sangrienta y llena de acción y efectos visuales sorprendentemente buenos. Pero lo mejor es que funciona incluso si se le compara a la franquicia de “Jurassic World”, lo cual debería dejar más que satisfechos a Sparke y compañía.
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