Puede que la primera película de “Silent Hill” (2006) del francés Christophe Gans no sea la gran cosa, pero en comparación con “Terror en Silent Hill: Regreso al infierno”, es una obra maestra. Esta nueva cinta, basada en el segundo juego de Konami, es de las experiencias más frustrantes y tediosas que haya tenido en el cine en un buen tiempo. Lo cual es doblemente decepcionante considerando que siempre he sido un fanático/defensor de Gans. “Pacto con Lobos” es un entretenido filme de género francés; la ya mencionada “Silent Hill” es atmosférica a más no poder; y hasta su “Bella y la Bestia”, con Lea Seydoux, tiene cosas interesantes.
Pero de “Terror en Silent Hill: Regreso al infierno” puedo rescatar poco, desgraciadamente. Aunque algo irregulares, los efectos visuales igual resultan en alguna imagen ocasionalmente intrigante o, por lo menos, atractiva. Y los fanáticos del juego al menos reconocerán planos, giros narrativos y, en general, elementos de la segunda entrega de la saga, la cual, no tan casualmente, recibió un remake para PlayStation 5 el año pasado (muy bueno, dicho sea de paso). Pero aquellos que poco o nada sepan de los juegos y simplemente quieran ver una película de miedo encontrarán poco de valor acá. Más tenso estuve manejando en el tráfico para llegar a la función de cine.

“Terror en Silent Hill: Regreso al infierno” comienza con un prólogo algo incómodo en el que vemos a James Sunderland (Jeremy Irvine, “Caballo de Guerra” y “Baghead”) (casi) chocar con un camión y arrollar el equipaje de Mary Crane (Hannah Emily Anderson), quien está esperando un bus para irse de su pueblo natal, Silent Hill. Una vez que ambos se conocen, sin embargo, se enamoran inmediatamente y, por razones básicamente inexplicables, deciden quedarse en dicho lugar. Entendemos, eso sí, que entre aquellos eventos y el presente, James y Mary se separan, lo cual deja al primero con una inmensa culpa y mucho que discutir con su terapeuta (Nicola Alexis).
Ya en el presente, James recibe una misteriosa carta que lo motiva a regresar a Silent Hill con la esperanza de reencontrarse con Mary. Pero una vez que llega ahí, se encuentra con un lugar irreconocible: el pueblo está inundado de neblina y cenizas caen permanentemente del cielo. Pero lo más perturbador comienza cuando suena una alarma y Silent Hill se convierte en una suerte de infierno sobre la tierra, lleno de monstruos como Cabeza de Pirámide (Robert Strange) y pequeñas criaturas que parecen ser una mezcla entre los escarabajos de “La Momia” y los Facehuggers de “Alien”. Sin embargo, James no se detendrá hasta reencontrarse con su amada, incluso cuando va conociendo a otras versiones de dicha mujer.
La premisa de “Terror en Silent Hill: Regreso al infierno” no es mala y, de hecho, respeta bastante a lo que uno encuentra en el juego. No obstante, aquel entrelazado entre pasado y presente, que al inicio parece desarrollar algún tipo de misterio respecto a Mary y un culto religioso en el que está involucrada, eventualmente deja de resultar interesante. Todo suspenso se evapora, y lo que “Terror en Silent Hill: Regreso al infierno” nos deja es una experiencia francamente confusa, que algo nos quiere decir tanto a nivel simbólico como psicoterapéutico. Esto, lamentablemente, no resulta en una historia entendible o siquiera emotiva, sino más bien en una de las narrativas más ilógicas y tediosas que haya visto en un buen tiempo.

Lo cual es una pena, porque al menos a nivel estético —o quizás superficial—, Gans parece entender “Silent Hill”. Muchas de las locaciones principales lucen tal cual como las del juego y se recrean imágenes icónicas del producto original, como el famoso plano de James frente al espejo de un baño. Pero lamentablemente nada de esto resulta en una experiencia de suspenso o terror. De hecho, si lo que buscan es algo que les dé miedo, quedarán increíblemente decepcionados. “Terror en Silent Hill: Regreso al infierno” solo me hizo saltar una vez y el resto del tiempo me mantuvo poco interesado en los sucesos sobrenaturales que fue desarrollando. La película ni siquiera cuenta con el (ligero) gore que tan chocante resultaba en la primera cinta de Gans —el proyecto en general se siente censurado, limitado, como una interpretación del juego tipo montaña rusa o atracción de parque de diversiones.
Aunque por momentos bastante sintéticos, por lo menos los efectos visuales suelen convencer, especialmente cuando vemos al pueblo convertirse en un infierno rojo y perturbador alrededor de James. La caracterización de las criaturas también resulta impresionante —el famoso Pirámide Roja luce muy bien, y las enfermeras sin rostro nunca dejarán de incomodar. Sin embargo, “Terror en Silent Hill: Regreso al infierno” también luce inexcusablemente barata en otros aspectos. Las diferentes pelucas que usa Hannah Emily Anderson parecen haber sido sacadas de una tienda de disfraces y, en algunos flashbacks, Jeremy Irvine tiene puesta la barba postiza más falsa que jamás haya visto en una película. Es simplemente embarazoso.

Curioso, pues, que el mismo director de la primera película nos haya terminado por entregar una experiencia tan flácida, tan floja y tan tediosa en “Terror en Silent Hill: Regreso al infierno”. Este no es el Gans de “Pacto con Lobos”; ni siquiera es el Gans de “La Bella y la Bestia”. Es un director que se quedó en el tiempo y que cree que la franquicia de “Silent Hill” en general funciona gracias a lo superficial: los efectos visuales, las criaturas, los planos bonitos. Pero lamentablemente, en esta película dejó de lado cualquier aspecto narrativo o de personaje que podría resultar interesante, o al menos en una experiencia de pavor. Consideren, si no, que esta versión de James tenga la personalidad de un rollo de papel higiénico y que reaccione a situaciones horripilantes con un desinterés francamente alucinante. Ver, por ejemplo, a un mendigo derretirse frente a sus ojos resulta en la misma reacción que yo tendría al ver a una mosca pararse en mi comida.
Puede que los fanáticos del juego la pasen más o menos bien con “Terror en Silent Hill: Regreso al infierno”. Quizás. Quizás ellos entenderán el punto de la historia y quizás ellos entenderán el final. Un gamer casual y cinéfilo como Vuestro Servidor, sin embargo, no pudo evitar sentirse frustrado, no solo porque esperaba más de Gans, sino también porque, dejando de lado los vínculos con los videojuegos, “Terror en Silent Hill: Regreso al infierno” no generó nada en mí. No da miedo, no causa tensión, ni siquiera da risa. Los personajes son aburridísimos, y los buenos actores que los interpretan hacen lo que pueden con un material que no los ayuda para nada. “Terror en Silent Hill: Regreso al infierno” es de lo más decepcionante que haya visto en un buen tiempo —mejor la pasarán parándose en medio de una calle neblinosa en el invierno limeño.
Avance oficial:
- Design