El sonido de la muerte

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Dirigida por Corin Hardy (“La monja”), “El sonido de la muerte” es una película de premisa interesante, pero de ejecución meramente cumplidora. Basado en el cuento corto de su guionista, Owen Egerton, el filme no logra hacer mucho con una idea llena de potencial, más que simplemente presentar algunas muertes apropiadamente sangrientas y uno que otro momento que seguro los hará saltar de sus asientos. Lo que tenemos acá no es necesariamente una cinta horrible; de hecho, si están aburridos, seguro que los mantendrá entretrenidos por un buen rato. Pero, considerando la temática que aborda, estoy seguro de que podría haber sido bastante mejor.

Nuestra protagonista es una adolescente llamada Chrys Willet (Dafne Keen, de “Logan”), quien llega a vivir a un pueblo pequeño en los Estados Unidos a la casa de su primo, el nerd Rel Taylor (Sky Yang). Resulta que la chica se ha quedado sin papá, por lo que ahora debe adaptarse a un nuevo hogar y a una nueva escuela. Y es en este segundo lugar donde encuentra a un nuevo grupo de potenciales amigos, entre los que se encuentran Ellie Gains (Sophie Nélisse, de la francocanadiense “Two Women”), de quien Chrys se enamora rápidamente; el jugador de básket Dean (Jhaleil Swaby) y su atractiva enamorada, Grace (Ali Skovbye), y Tanner (Mika Amonsen). El único que se lleva un poco mal con Chrys es Dean, ya que no le gusta que esté usando el casillero de su amigo recién fallecido, Mason ‘Horse’ Raymore (Stephen Kalyn).

El grupo se termina uniendo más, sin embargo, cuando Chrys encuentra un misterioso silbato azteca en dicho casillero y Dean reta a Grace a que lo sople frente a los demás. Resulta, pues, que se trata de un instrumento que atrae a la muerte y obliga a todos los presentes a tener una muerte anticipada, similar a la que eventualmente hubiesen tenido si no la hubiesen llamado. Es así como Chrys se empecina en obtener respuestas, incluso llegando a hablar con la abuela de Mason, Ivy Raymore (Michelle Fairley, de “Juego de tronos”). Pero hasta que no encuentren una solución, parece que todo lo que los chicos pueden hacer es esperar a que la muerte llegue a llevárselos de forma cruenta y sangrienta.

Nuevamente: la premisa de “El sonido de la muerte” es fascinante, como una mezcla entre “Destino final” y, lo crean o no, “La momia”. Después de todo, maneja el concepto de una muerte que persigue a los protagonistas, como en la primera saga, así como la idea de una maldición que llega a matar a un grupo de personajes, como en el segundo filme. Lamentablemente, no puedo dejar de pensar que “El sonido de la muerte” debió hacer un mejor trabajo aprovechando dicha premisa. Una vez que el silbato es soplado, por ejemplo, se abandona cualquier intento de convertir al objeto en algo único o interesante, sin que el guion ahonde en sus orígenes ni en cualquier vínculo con la cultura azteca que podría haber tenido.

De hecho, pareciese que la cinta se deleitase en presentar al famoso silbato como un mero objeto que sirve de catalizador para provocar muertes repentinas y sangrientas. Lo cual no es necesariamente malo, pero considerando que se trata tanto de una idea interesante como de un objeto intrigantemente diseñado, hubiese estado mejor que el silbato se aprovechase más, tanto a nivel narrativo como para generar sustos. La pasé bien con “El sonido de la muerte”, más que nada porque se trata de una película visualmente impactante y con actuaciones decentes, pero no porque se sintiese particularmente original o sorprendente.

Lo cual es francamente frustrante, porque “El sonido de la muerte” podría haber sido original y sorprendente. Pero especialmente durante la segunda mitad de la historia, se termina convirtiendo en un slasher sobrenatural más del montón. Bien hecho, definitivamente, pero decepcionantemente genérico. En todo caso, los fanáticos del terror y el gore quedarán satisfechos gracias a un par de muertes particularmente explícitas, así como algunas secuencias de tensión quizás no palpable, pero al menos presente. Colin Hardy, además, dirige con estilo, utilizando planos vistosos —cenitales, aberrantes, de movimientos complejos—, aprovechando al máximo la dirección de fotografía, saturada y llena de textura, de Björn Charpentier.

Por otro lado, Dafne Keen tiene la difícil tarea de interpretar a una Chrys que no expresa mucho y carga con traumas del pasado que, de alguna manera, la afectan. Su actuación es convincente e incluso resulta más interesante a medida que va desarrollando una relación cercana con Ellie. Como esta última, Sophile Nélisse mezcla empatía con carisma; Sky Yang destaca como el enérgico Rel; Nick Frost (¡sí, en un rol serio, para variar!) aparece un ratito como el Sr. Craven, un profesor en el colegio; y Percy Hynes White interpreta a Noah, un pastor evangélico de poca moral y menos escrúpulos, de la forma más odiosa posible.

“El sonido de la muerte” no es ni la peor ni la mejor película de terror que haya visto en los últimos meses. Gana puntos debido a su fascinante premisa y muertes originales (y cruentas), pero pierde otros debido a lo mal aprovechadas que están sus ideas. Además, tampoco llega a convencer del todo como una experiencia de horror puro; la cinta me hizo saltar un par de veces, pero dudo que vaya a generar mucho en los espectadores más versados en el género. “El sonido de la muerte” está bien para pasar el rato, pero considerando lo mucho que se podría haber hecho con su idea base, resulta imposible no sentirse un poco decepcionado por ella. Si es que llegan a sacar una segunda parte —lo cual es sugerido por una escena postcréditos—, espero que Hardy y su equipo aprendan de sus errores y nos entreguen algo más terrorífico y ambicioso.

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