Turn It Up!, de Sam Scott, es una comedia ligera de terror y fantasía que intenta ser varias cosas: una suerte de homenaje a la gran Scott Pilgrim contra el mundo, una versión canadiense de Hombres de Negro y una comedia de relaciones. Son elementos dispares que no resultan, necesariamente, en un producto cohesivo, pero sí en una experiencia caóticamente entretenida. No puedo decir que Turn It Up! funcione al cien por ciento, pero sí que admiro que hayan podido hacer todo esto con un presupuesto limitado.
Turn It Up! tiene de protagonista a AC (la también fotógrafa Justine Nelson), la cantante de una banda indie junto a su amiga y crush, la guitarrista Court (Gwenlyn Cumyn); el otro guitarrista, el arrogante Berg (Jonathan Craig) y el tímido baterista Russ (Xavier López). Juntos, intentan conseguir todos los conciertos que puedan, pero las cosas no van del todo bien. Hasta que una buena noche, son llamados a un espacio abandonado donde, casi por inercia, terminan tocando un tema nuevo (posteriormente llamado La Odisea) que cambia su suerte.
De pronto, son llamados por Miss Vee (Liv Collins), una agente musical famosa que quiere que toquen para ella. Pero cuando lo hacen, las cosas no salen del todo bien. Su nuevo tema hace que las cabezas de los espectadores exploten (literalmente) y de alguna manera posee a los músicos. Pero nada de esto le importa a Miss Vee, quien claramente tiene sus propios objetivos. Mientras tanto, nuestros protagonistas son perseguidos por dos agentes gubernamentales (Ry Barrett y Kris Siddiqi), quienes saben que algo raro está pasando. Después de todo, años antes, el padre de Vee, el Dr. Pretorius (Julian Richings), realizó experimentos con el sonido muy similares a lo que la banda hace, creando un portal a una dimensión extraña.
Turn It Up! es el tipo de película que nunca pretende ser realista; al menos en lo que se refiere a la narrativa que presenta. El tono que el filme maneja es más bien absurdo, con varios personajes aceptando los sucesos sobrenaturales sin mayor comentario, y los agentes secretos comportándose más como una pareja dispareja (más absurda que la de los Hombres de Negro) que como antagonistas verdaderamente competentes. El mundo de Turn It Up! está bien construido, y se siente como una aproximación ridícula de la Canadá de la vida real; exagerada, pero no demasiado.

Esto último, sin embargo, también termina siendo una de las mayores flaquezas de la producción. Hasta cierto punto, Turn It Up! no se siente suficientemente absurda, incluyendo, por ejemplo, algunas escenas de gore (muy bien realizadas) y sobreimpresiones animadas para enfatizar ciertas acciones o reacciones, pero solo por momentos. Visualmente, trata de homenajear a Scott Pilgrim contra el mundo, pero Scott, lamentablemente, carece de la energía y el estilo visual del gran Edgar Wright, lo cual hace que, por ejemplo, sus movimientos de cámara (sobrios, tranquilos) no se sientan coherentes con las gráficas y el tono en general del filme.
Nada de esto es demasiado grave, pero ciertamente hubiese preferido que Turn It Up! no se quedara a medias, aceptando lo ridículo de su premisa. En todo caso, ciertos actores, como Ry Barrett y Kris Siddiqi, parecen saber exactamente en qué clase de película se encuentran, interpretando a sus agentes como dos figuras autoconscientes, que no se toman la narrativa demasiado en serio. Por su parte, Liv Collins la pasa de lo lindo como la maléfica Miss Vee, y Jonathan Craig construye a Berg como un verdadero idiota; como alguien al que solo le importa la fama y el reconocimiento.
Fuera de los elementos más fantásticos de la película, sin embargo, si Turn It Up! funciona, es gracias a sus dos protagonistas y su relación central. Justine Nelson está muy bien como AC, interpretándola como una chica de ambiciones artísticas considerables en una encrucijada: por un lado, sí quiere que le vaya bien a la banda, pero por otro lado, sabe que Miss Vee no es alguien de fiar (y bueno, también le preocupa que su música haga que la gente muera). Y Gwenlyn Cumyn destaca como Court, quizás el personaje más sensato de la película. La química entre ellas es palpable, por lo que el desarrollo de su romance se siente natural y hasta emotivo.
Turn It Up! es el tipo de película que da gusto se haga en la escena indie, por más de que no termine de cuajar como me hubiese gustado. Sí, tiene ciertas limitaciones presupuestales y de recursos, y sí, en general, se siente un poco como algo hecho a medias, que por alguna razón u otra no se atreve a ser tan ridícula, exagerada y estilizada como hubiese podido ser. Sin embargo, el filme igual termina encantando gracias a una historia imprevisible y divertida, buenas actuaciones, música pegajosa (que felizmente en la vida real no hace explotar cabezas), gore sorprendente y una relación central potente. Me encantaría ver qué hace Scott (y su reparto también) en un futuro cercano, con un proyecto más grande y de menos limitantes.
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