De un tiempo a esta parte, Guy Ritchie ha estado imparable, sacando película tras película sin que le importe mucho ni la taquilla ni la recepción de la crítica. Y aunque no me animaría a decir que todas sus propuestas son grandiosas, al menos se puede decir que el cineasta responsable de filmes memorables como “Snatch” (mi favorita) o “Aladino” (el remake con actores de carne y hueso) es consistente. Mientras que la industria parece dividirse entre blockbusters millonarios, filmes indie de bajo presupuesto y producciones para streaming, Ritchie es de los pocos que se dedica al cine de acción de mediano presupuesto; quizás poco ambicioso, pero casi siempre entretenido.
No deberían sorprenderse, entonces, cuando les diga que “En la zona gris”, su más reciente película, es otro thriller de la vieja escuela; el tipo de película que en los ochenta, noventa y hasta dos mil se hacía a cada rato. Hoy, sin embargo, es la clase de filme que generalmente parece ser reservada para plataformas como Netflix o Apple TV, por lo que da gusto que, fuera de algunas excepciones, Ritchie todavía parezca creer en el poder del cine en la sala de cine. Nada de eso quiere decir que “En la zona gris” sea excepcional, pero al menos se siente como una cinta hecha como si fuese 1994, en el buen sentido de la expresión. “En la zona gris” es un thriller cumplidor, ligeramente estilizado y entretenido.

“En la zona gris” tiene como protagonista a Rachel (Eiza González), una abogada de clientes multimillonarios que se encarga de los casos más difíciles, y su última tarea es particularmente complicada. Resulta que la empresa para la que trabaja Bobby Sheen (Rosamund Pike) le ha prestado mil millones de dólares a un mafioso billonario español llamado Manny Salazar (Carlos Bardem), y este se niega a devolver la plata. Por ende, Rachel se compromete a hacer todo lo posible por resolver el problema, trabajando junto a sus dos hombres de confianza: Sidney (Henry Cavill), experto en corrupción y engaño, y Bronco (Jake Gyllenhaal), experto en extracción y planeamiento.
Es así que, luego de comenzar todo un proceso de congelamiento de bienes y juicios complejos entre Rachel y el abogado de Salazar, William Horowitz (el recordado Fisher Stevens), Sidney y Bronco son enviados a la isla del mafioso para “prepararla” para la llegada de Rachel. El plan no es complicado: Salazar se frustrará tanto por las acciones de la abogada que finalmente aceptará verla en persona para llegar a un trato, y el terreno tiene que estar listo para toda eventualidad. Y dicha eventualidad llega a suceder, por lo que nuestros dos tipos duros tienen que trabajar junto a su equipo, conformado por Baker (Kojo Attah), Gucci (Jason Wong), Dunne (Emmett J. Scanlan) y Moreno (Christian Ochoa Lavernia), para proteger a su jefa a toda costa.
“En la zona gris” comienza de forma enredada, utilizando una narración en off algo innecesaria por parte de Rachel para explicar las motivaciones detrás de sus actos y las acciones y reacciones de personajes secundarios. La manera, además, en que sus planes son explicados puede llegar a ser algo confusa, especialmente cuando comienza a mostrarse todo lo que Rachel y su equipo hacen para dejar a Salazar sin activos y sin sus “juguetes” favoritos, como su jet privado o su yate. No voy a mentir: los primeros treinta minutos de “En la zona gris” no son sus mejores, y podrían llegar a frustrar ciertos espectadores.

Una vez que los personajes llegan a la isla de Salazar, sin embargo, la cosa mejora, y la película comienza a sentirse más como cualquiera de los otros thrillers recientes de Ritchie. No es tan estilizado como las películas que hacía al inicio de su carrera en el Reino Unido, pero igual incluye algunos recursos narrativos y visuales curiosos, como sobreimpresiones en pantalla que señalan elementos importantes, o hasta una escena en la que una lista aparece junto a Bronco mientras este explica todas las cosas que tiene en la isla para ejecutar su plan. Una pena que la mayoría de estos elementos estilísticos sean abandonados para el tercer acto de “En la zona gris”.
Donde el filme brilla, sin embargo, es en el diálogo y las secuencias de acción y suspenso. Respecto a lo primero, tenemos a un Jake Gyllenhaal con las mejores líneas, divirtiéndose al interpretar a un Bronco sarcástico, sardónico y siempre con las cosas bajo control. Y respecto a lo segundo, tenemos secuencias emocionantes como la del bar, en la que el equipo de Rachel tiene que protegerla mientras intentan sacarla de dicho lugar, o todo el clímax del filme, que involucra una serie de objetos, modos de transporte y trampas que el equipo había plantado tiempo atrás por si las cosas se ponían difíciles. Cuando “En la zona gris” decide generar tensión, es que uno siente que valió la pena pagar la entrada del cine.
“En la zona gris” no es, pues, nada del otro mundo. Como se dijo líneas arriba, el inicio no es el mejor, y ciertos elementos narrativos se sienten exageradamente enredados. Y aunque el diálogo es frecuentemente divertido, los personajes se sienten más como peones al servicio de una narrativa dedicada a los juegos de poder y la traición entre millonarios que como seres verdaderamente tridimensionales. Henry Cavill es suficientemente elegante como Sidney; Rosamund Pike interpreta a Sheen como una antagonista algo perdida, y Carlos Bardem resalta como un Salazar verdaderamente intimidante. Es decir, todos hacen lo que pueden con figuras poco desarrolladas. Y aunque de hecho se puede decir que la cinta en general pudo ser mejor desarrollada, igual funciona para pasar el rato. “En la zona gris” no es de lo mejor que haya hecho Ritchie, pero igual me dejó satisfecho. ¡Que siga sacando sus thrillers explosivos y eficientes cada seis meses!
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