La guerra de los últimos

0

Basada en la novela de Peter Heller y escrita por Mark L. Smith, “La guerra de los últimos” es lo último del experimentado cineasta británico Ridley Scott (“Alien”, “Blade Runner”, “Gladiador” y varias más), quien de un tiempo a esta parte se ha dedicado, al parecer, a dirigir como si no hubiese un mañana (consideren que tiene ya casi noventa años). El resultado es a veces fascinante (como en “Misión Rescate”), en otras ocasiones un poco decepcionante (como en “Gladiador II”) y lamentablemente, incluso puede llegar a ser nefasto (como en “Éxodo: Dioses y Reyes”). Por más que haya sido responsable de algunas experiencias clásicas, los últimos años de la carrera de Scott han sido más bien irregulares.

Esto queda claro a la hora de ver “La guerra de los últimos”, un filme posapocalíptico que debería haber resultado enérgico, perturbador, emotivo y complejo, pero que desafortunadamente es, más bien, letárgico, soso y por momentos hasta incoherente. Curioso, pues, que una historia situada en un mundo acabado por un virus, lleno de violencia, saqueadores y salvajes, haya resultado en un producto final tan carente de interés. De la novela no puedo decir nada, ya que no la he leído, pero de esta adaptación sí puedo declarar que se trata de lo más aburrido que Scott haya hecho en un buen tiempo, donde cualquier complejidad es abandonada por una visión más bien simplista de lo que podría suceder luego del fin de la civilización.

Nuestro protagonista es Hig (Jacob Elordi), un exmecánico convertido en piloto que, antes del apocalipsis, perdió a su esposa embarazada y ahora se dedica a volar su avioneta, buscando provisiones junto a su fiel perro, Jasper. El chico, además, vive en una granja remota junto a su paranoide compañero, Bangley (Josh Brolin), quien se dedica a espantar (o a veces matar) merodeadores con su rifle. Las cosas se tornan complicadas, sin embargo, cuando una noche son atacados y Hig es motivado a salir del terreno seguro, empecinado en encontrar a potenciales sobrevivientes en el aeropuerto de Grand Junction, del que ocasionalmente ha escuchado transmisiones cuando ha estado en el aire.

En el camino, no obstante, su avioneta se le malogra, lo cual lo obliga a aterrizar de emergencia en medio de un bosque. Y es así que conoce a Cima (Margaret Qualley) y a su padre Jack (Guy Pearce), quienes viven aislados en su propia granja, conscientes de que el mundo exterior es altamente peligroso. Y aunque el viejo inicialmente desconfía de Hig, eventualmente forma una interesante amistad con él, mientras que Cima comienza a sentirse atraída a él. Pero como las cosas no pueden quedarse tranquilas, eventualmente el trío es atacado por una tribu de “salvajes”, haciendo que escapen y vayan a Grand Junction, con la esperanza de encontrar algo de civilización.

Algo que pone en evidencia que “La guerra de los últimos” es la adaptación de una novela es que se siente más como una serie de eventos que como una narrativa cohesiva o, por lo menos, de estructura clara. Esto funciona sin problemas en la literatura, pero lamentablemente, al ser (presumo) adaptada de forma fiel al cine, no convence en la pantalla grande. “La guerra de los últimos” se siente desordenada, como una historia sin rumbo que muy fácilmente podría haber sido eterna, y que concluye (sin ánimo de incluir spoilers) de forma repentina y conveniente, sin mayores consecuencias negativas para nuestros protagonistas. Para ser una cinta posapocalíptica, Hig y compañía no la pasan tan mal.


No obstante, hay algunos puntos que brillan entre tanta redundancia. Cierta escena, en la que Hig le hace escuchar música a Cima en su iPod, representa uno de los pocos momentos de humanidad que nos hacen entender lo que estos personajes extrañan del mundo regular (fuera de sus traumas familiares y de pareja). Y la secuencia en la que el trío debe escapar en la avioneta de un grupo de salvajes que los quieren matar es bastante tensa, demostrando que Scott todavía es capaz de generar suspenso a través de situaciones de peligro extremo. El problema es que dicha secuencia es de las pocas en la película que siquiera intentan generar tensión en el espectador.

Y hablando de los salvajes. Sabemos, gracias a las controvertidas declaraciones que hizo Scott luego del estreno de “Éxodo”, que no se trata del cineasta más progresista del mundo. No obstante, igual me sorprendió detectar una interpretación algo racista del conflicto (asumo) central en el mundo que “La guerra de los últimos” presenta, con los protagonistas siendo todos blancos y atractivos (a excepción de Benedict Wong como el líder de una agrupación menonita), y los supuestos salvajes ululando como nativos americanos, comunicándose únicamente con gruñidos y gritos. No hay intento alguno de humanizarlos, presentándolos más bien como villanos anónimos que, por razones misteriosas, que ni siquiera el gran Ewen Bremmer (en un sorprendente cameo) puede explicar, han decidido recurrir al caos y la violencia y el saqueo.

“La guerra de los últimos” es toda una decepción. Sí, hay algunos planos atractivos, así como momentos de evidente humanidad. Y todas las actuaciones son decentes; Elordi interpreta a Hig como un tipo al que le cuesta mostrar sus emociones, atormentado por los recuerdos de su esposa fallecida. Margaret Qualley le otorga una humanidad a su Cima que no está necesariamente en el guion, y Josh Brolin termina siendo la presencia más memorable de la historia, interpretando a Bangley como un tipo paranoico, agresivo pero de sorprendente buen corazón. “La guerra de los últimos” no es total despropósito, pero considerando el talento tanto detrás como delante de cámaras y el potencial de su premisa, tenía sentido esperar más de ella.

Avance oficial:

50%
Awesome
  • Design
Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.