Coyote vs. Acme

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Basada en el artículo falso que Ian Frazier publicó en The New Yorker en 1990, Coyote vs. Acme es una película sobre la perseverancia y la importancia de intentar ganarle por lo menos una batalla a las grandes corporaciones. Lo cual no podría ser más apropiado, considerando que la película fue cancelada hace unos años a pesar de haber sido terminada, como parte de un programa de deducción de impuestos por parte de Warner Bros y su villanesco CEO, David Zaslav. Lo peor, además, es que Coyote… no fue la única víctima de dicha situación: un filme de Batgirl, de los directores de las últimas dos entregas de Bad Boys y con el gran Brendan Fraser de antagonista, y una secuela de la animada Scoob siguen desaparecidos.

Felizmente, Coyote vs. Acme fue rescatada por la pequeña distribuidora Ketchup Entertainment, la cual también logró estrenar El día que la Tierra explotó: una película de los Looney Tunes el año pasado en cines. Claramente, les tienen cariño a estos personajes. Pero fuera de eso, resulta alucinante que en el Año de Nuestro Señor 2026 tengamos grandes corporaciones capaces de cancelar proyectos ya terminados con el solo propósito de ahorrarse unos cuantos millones en impuestos. La cancelación del arte, sin importar qué tan bueno o malo sea, nunca debe ser algo digno de ser celebrado, y aunque me gusta lo que Ketchup está haciendo (felizmente siempre fue mi condimento favorito), en realidad no debería ser necesario.


En fin, el punto es que, años después de ser rodada y postproducida, por fin podemos ver Coyote vs. Acme en cines y el resultado no es para nada decepcionante. Combinando la acción en vivo con animación de buena calidad y grandes efectos visuales, lo que el filme hace es desarrollar una narrativa astuta y sorprendentemente emotiva, que no solo logra hacer destacar a un grupo de personajes animados clásicos, sino que también logra darles una dimensión adicional, haciendo que se sientan como figuras que, naturalmente, podrían convivir con seres humanos. Y bueno, ciertamente ayuda que la cinta sea muy graciosa.

Wile E. Coyote está harto de los productos Acme. Por años, ha intentado utilizarlos para acabar con el Correcaminos (voz de Eric Bauza) en el desierto de Albuquerque, pero siempre terminan fallando, explotando o haciéndole daño. Por ende, el Coyote decide tomar cartas en el asunto y va a la ciudad, empecinado en hablar con Kevin Avery (interpretado por Will Forte, y cuyo apellido es un claro homenaje al animador Tex Avery), defensor de caricaturas y experto en conseguir buenos acuerdos. Lamentablemente para Coyote, sin embargo, Avery termina siendo una decepción: es un tipo flojo, más interesado en agarrar casos simplones que en defender la verdad.

Sin embargo, y luego de realizar un par de trucos, Coyote logra que su bufete de abogados lo represente en una demanda contra Acme por las fallas de todos sus productos para caricaturas, muy para el deleite de la sobrina de Avery, Paige (Lana Condor), una chica recién graduada de Oxford que se muere por tomar casos complicados. Es así que nuestros protagonistas se ven obligados a enfrentar en la corte al abogado de Acme, el despiadado Buddy Crane (John Cena), mientras van descubriendo una misteriosa conspiración.


Resulta, pues, que años antes, el Dr. Peter Lorre (Bauza, basándose, obviamente, en el actor real) fue el encargado de desarrollar todo tipo de productos para caricaturas con Acme. Pero terminó desapareciendo después de un tiempo, siendo reemplazado por el Gallo Claudio (Bauza), un implacable representante legal y una de las pocas caricaturas que trabajan para la corporación. Con algo de ayuda y cuidándose de los agentes de Acme, Kevin, Paige y Coyote deben encontrar la forma de ganar el juicio, mientras que este último, por obvias razones, se obsesiona con que el Correcaminos llegue a testificar en el tribunal.

Puede que Coyote vs. Acme suene a un drama de juicios, y aunque el aspecto legal termina siendo de suma importancia para la narrativa, no es lo que más llama la atención del filme. De hecho, la producción en general hace un excelente trabajo sintiéndose como una experiencia clásica para toda la familia, combinando gags físicos y referencias a cortos animados de antaño, con elementos inesperadamente emotivos y un claro arco de personaje para Kevin. No exagero al decir que Coyote vs… es la mejor película híbrida de animación y acción en vivo desde la gran Quién engañó a Roger Rabbit, de Robert Zemeckis, ciertamente superior a cualquiera de las Space Jams o a la irregular Looney Tunes: de vuelta en acción.


Consideren, si no, la gran cantidad de chistes visuales y momentos de slapstick que ayudan a que este universo se construya como uno en donde las caricaturas son una presencia normal, consideradas por algunos como verdaderos entretenedores y por otros como ciudadanos de segunda clase. O las caracterizaciones fieles a los cortos originales: la obsesión del Coyote con el Correcaminos no es sana; Bugs Bunny es un héroe sarcástico; Porky Pig la pasa mal; y el Pato Lucas se volvió tan Daffy (o loco) que terminó en un manicomio, en gran parte por culpa de la misma Acme. Coyote vs. Acme se siente moderna y fresca, pero sin dejar de lado los elementos narrativos y de personaje que tanto nos gustan de los Looney Tunes.

Es más, incluso cuando decide incluir algunos cambios, los hace de forma generalmente respetuosa y frecuentemente hilarante. El Gallo Claudio es un villano acá, sí, pero sus motivaciones son claras, con el guion mostrándolo como una suerte de Traidor de Clase, capaz de usar el slapstick para denigrarse a sí mismo frente a un jurado. Piolín trabaja para los malos, sí, pero no necesariamente porque quiera, y la relación entre la Abuela (Candi Milo) y Peter Lorre (nuevamente: la caricatura, no el actor) es sorprendentemente dulce. Y por supuesto, da gusto ver a un Coyote un poco más… bueno, humano, que sin embargo es capaz de sacarse la mugre de distintas maneras para hacernos reír como cuando éramos chicos.

No obstante, lo que más me sorprende de Coyote vs. Acme es cómo intenta darles un sentido y una dimensión adicional a estos Looney Tunes. Como se mencionó líneas arriba, el tema principal de la cinta es el de la perseverancia, poniendo en contraste a un Coyote de objetivo único, incapaz de rendirse y siempre dispuesto a intentar e intentar e intentar una y otra vez (por algo tanto el cartel oficial como la película en sí lo comparan con el mito de Sísifo), con un Kevin que se ha rendido en la vida y que parece solo capaz de hacerlo todo de la forma más fácil. Al final, el filme nos muestra que no tenemos por qué rendirnos y que tanto el fracaso como la victoria son inherentes a la experiencia de vida de todos.


Adicionalmente, Coyote vs. Acme logra profundizar un poco, lo crean o no, en la relación entre Coyote y Correcaminos. No incluiré spoilers, por lo que solo diré que el clímax de la película casi me hace llorar, haciéndome entender que estos dos personajes no son necesariamente rivales. Son amigos que necesitan el uno del otro, que se aprecian y que forman parte de un ciclo eterno de perseverancia, donde quizás lo más importante está en el camino y no en el destino. Esto es algo que tanto Coyote como Kevin terminan entendiendo, haciendo que desarrollen una inesperada pero potente amistad.

Ninguna película debería ser cancelada y enterrada durante un proceso de postproducción, pero el que Coyote vs. Acme sea realmente buena pone en evidencia lo terrible que fue la decisión inicial tomada por la Warner. Lo que tenemos acá es una buena comedia híbrida, caótica, estúpida (a propósito) y bien actuada (tanto Forte como Condor y Cena nos convencen al cien por ciento de que están interactuando con estos personajes animados), que mucho nos dice sobre la importancia de nunca retroceder y jamás rendirse. ¿Me hubiese gustado que los personajes fuesen animados con técnicas tradicionales en 2D, en vez de lucir como híbridos en 3D? Pues sí. Y seguro que su absoluta sinceridad no será para todo el mundo. Pero lo importante es que Coyote vs. Acme logró estrenarse y cautivar a un público considerable; luego de años de fracasos, la victoria llegó.

NOTA: vi Coyote vs. Acme un domingo a las 9:40 pm en una de sus pocas funciones subtituladas, y la sala estaba llena. ¡El pueblo quiere más Looney Tunes!

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