La original “Rápido y furioso” es un producto de su época, para bien y para mal. Todo elemento audiovisual, desde la textura de la imagen (fue filmada en celuloide, no grabada en digital) hasta el diseño de producción colorido, la moda y la música (llena de nu metal y rap de principios de este milenio) nos indica que estamos viendo una producción del 2001. Y aunque la historia no es mala, necesariamente, su sinceridad y aparente simpleza también nos remontan a una época más sencilla, donde no se necesitaba mucho aparte de actores carismáticos, un par de secuencias de persecuciones y algo de melodrama para cautivar a un público.
Claramente, fue una receta que funcionó, ya que esta primera “Rápido y furioso” terminó generando nueve secuelas (con una undécima parte supuestamente programada para el 2028), un spin-off y varios videojuegos. Pero si regresamos al 2001, cortesía del reestreno del filme en cines, lo que encontramos es una película de acción relativamente humilde. Tal y como dicen los memes: increíble que una saga que comenzó con sus protagonistas robando camiones llenos de reproductores de DVD (valorizados en 1,2 millones de dólares; ¿pueden creerlo?) concluyó con escenas en el espacio, explosiones imposibles y un cliff-hanger en una represa que hasta ahora no ha sido resuelto. Puede que la franquicia de “Rápido y furioso” sea gigante hoy en día, pero hace veinticinco años, sus ambiciones eran menores.

¿Qué tal se siente ver la película en la pantalla grande, entonces, después de tanto tiempo? Pues regresamos al tema inicial del presente texto: se percibe como un producto de su época. Esto resulta en una experiencia quizás menos emocionante de lo que nos gustaría, especialmente en comparación con las entregas más populares de la saga (la tercera y la quinta). Pero a la vez, también se pueden divisar acá los ingredientes que posteriormente harían de estos filmes tan populares: el carisma de sus actores principales, las persecuciones rápidas (y bueno, furiosas), el tono urbano y cercano, y el concepto de la familia encontrada (aunque acá no lo mencionan explícitamente). “Rápido y furioso” es una cinta irregular pero llena de potencial.
Nuestro protagonista es Brian O’Conner (Paul Walker), un detective veinteañero que trabaja encubierto para el departamento de policía de Los Ángeles, intentando mezclarse con los criminales y mecánicos y conductores del mundo de las carreras callejeras ilegales. Específicamente, Brian tiene que hacerse amigo de Dominic Toretto (Vin Diesel), uno de los pilotos de carros deportivos más populares de la ciudad, quien podría tener información importante sobre una serie de crímenes que se han estado llevando a cabo. Resulta que los camioneros de Los Ángeles están molestos, ya que un grupo de criminales ha estado robando su carga, y si las autoridades no hacen algo al respecto, tomarán cartas en el asunto.
Es así que, mientras Brian va ganando la confianza de Toretto, se va enamorando de su atractiva hermana Mia (Jordana Brewster). Pero como no todo puede ser fácil, también va ganándose enemigos como el violento Vince (Matt Schulze), mientras es presionado más y más por sus jefes. Las cosas empeoran, además, cuando Brian y compañía son amenazados por una pandilla asiática liderada por Johnny Tran (Rick Yune), quien se rehúsa a que Toretto entre a su territorio. Y cuando Brian finalmente comienza a encontrar las pruebas que buscaba para resolver el caso, se ve obligado a decidir entre su nueva familia (y potencial novia) y su trabajo.

La trama de “Rápido y furioso” es bastante básica; de hecho, el filme fue inicialmente concebido como una secuela o spin-off de “Point Break”, que también involucra a un oficial encubierto haciéndose amigo de un criminal. Y fuera de un par de giros narrativos interesantes (y en un caso en particular, trágico), no hay nada acá que logre sorprender al espectador. De hecho, es en el segundo acto donde el filme se alenta demasiado, concentrándose demasiado en escenas de interacción de personajes que, gracias a las caracterizaciones simplonas, resultan más redundantes que intrigantes. Y si encima no les interesan los carros, el foco en la cultura automotriz de Los Ángeles no hará más que alejarlos de la narrativa.
No obstante, hay elementos acá que, como se mencionó líneas arriba, resultan atractivos y demuestran por qué se terminaron produciendo tantas secuelas. Puede que Vin Diesel y Paul Walker no sean los actores con más rango del mundo, pero acá son carisma puro, interpretando a sus respectivos personajes de forma suficientemente intensa, como gente que tiene poco que perder y que se siente verdaderamente viva cuando está manejando a más de cien kilómetros por hora. Por su parte, Jordana Brewster es encantadora como Mia y comparte buena química con Walker. Y aunque Michelle Rodríguez hace lo mismo acá con su Letty que en incontables otras películas, al menos ayuda a que las escenas de carreras no sean puro male gaze e interacción entre “machos”.

¿Y qué hay de la acción? “Rápido y furioso” comienza con una secuencia bastante emocionante de atraco (donde los criminales se roban los reproductores de DVD antes mencionados) y durante sus primeros veinte o treinta minutos, incluye una secuencia de carreras (donde, gracias al famoso NOS, poco más y los personajes entran al Hiperespacio al más puro estilo de “Star Wars”), una explosión y un par de peleas callejeras. Y hacia el final, nos presenta una secuencia verdaderamente tensa (donde Dom, Brian y Letty intentan rescatar a Vince mientras cuelga de un camión en plena carretera), así como un final emocionalmente satisfactorio. Todo luce muy bien, con acrobacias espectaculares, buen uso de los dobles de acción y el efecto visual digital ocasional.
Interesante ver “Rápido y furioso” en el cine. No es el reestreno más exitoso de los últimos meses, ya que a diferencia de algo como “Shrek” o “Terminator 2”, no es un clásico infalible. Más bien, lo que tenemos acá es una película que representa muy bien al año 2001, para bien y para mal, con carros coloridos, cámaras nerviosas, diálogo cursi, reproductores de DVD y celulares Nokia, y música que a cierta generación nos remonta a nuestra adolescencia (hasta suena Rollin’ de Limp Bizkit, porque no podía ser de otra forma). Puede que “Rápido y furioso” no sea la mejor entrega de la franquicia, pero hasta este humilde comienzo tiene algo que ofrecer. Solo vayan a verla con expectativas algo bajas; de lo contrario, puede que terminen más confundidos y frustrados que impresionados.
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