Los Otros (2001)

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“Los Otros” es una película que, lamentablemente, no pude ver en el cine cuando recién se estrenó. No porque no quisiese, sino más bien porque era muy pequeño —es el tipo de filme que podría resultar un poco traumático para un niño de once años. Sin embargo, sí logré verla una vez que salió en DVD, y aunque no puedo declarar que haya quedado fascinado, sí tengo buenos recuerdos de la misma. De hecho, es de las pocas que recuerdo que hayan sido mencionadas por familiares a lo largo de los años, en particular gracias a sus considerables revelaciones dramáticas y giros narrativos inesperados.

Es por todo eso que ha sido interesante ver “Los Otros” en el cine después de tanto tiempo. En primera instancia porque, bueno, nunca antes la había disfrutado en la pantalla grande, y en segundo lugar porque, sabiendo ya cuáles son sus principales sorpresas, sentí que la experiencia en general fue un poco más irregular de lo esperado. Ahora, no me tomen a mal; igual considero que “Los Otros” es una buena película, atmosférica y tensa por momentos. Pero a la vez, también la he percibido ahora como un filme que da demasiadas vueltas –especialmente durante su segundo acto–, y que no debería ser considerada como una historia de terror, sino más bien como una de suspenso gótico.


“Los Otros” se desarrolla en los años cuarenta en la isla británica de Jersey y tiene como protagonista a Grace (Nicole Kidman), una ama de casa que vive en una mansión en medio de la nada con sus dos hijos, el asustadizo y pequeño Nicholas (James Bentley) y la desafiante Anne (Alakina Mann). Al comenzar la película, vemos cómo un trío de sirvientes llega a su hogar, se supone, luego de ver un aviso de empleo en el periódico. Se trata de la experimentada señora Mills (la irlandesa Fionnula Flanagan), la muda Lydia (Elaine Cassidy) y un viejo jardinero, el señor Tuttle (Eric Sykes).

Es con la llegada de estos personajes que la vida de Grace y sus hijos se torna inesperadamente complicada; no porque sean un fastidio, sino porque su aparición coincide con una serie de eventos misteriosos en la casa. Anne dice estar teniendo conversaciones con un niño fantasma, Nicholas se muere de miedo de estar solo, y aunque la madre no les cree al inicio, eventualmente comienza a escuchar ruidos raros por todas partes. No ayuda, además, que los niños tengan una condición súper rara: son alérgicos a la luz, por lo que la casa debe estar siempre con las cortinas cerradas, para que no les caiga la luz. Es en este contexto que la familia y los sirvientes comienzan a lidiar con sucesos aparentemente sobrenaturales, los cuales son revelados gradualmente y de forma impactante.

Al menos al inicio, “Los Otros” se siente como una clásica historia de fantasmas o de casa encantada, donde Grace y compañía deben reaccionar a las presencias misteriosas que, al parecer, quieren fastidiarlos. Y aunque Mills, Lydia y Tuttle no son presentados como antagonistas, necesariamente, sí se va desarrollando una sensación de que la primera en particular está escondiendo algo, o que al menos sabe más sobre la casa y los “intrusos” (así llaman a las apariciones) de lo que parece. El conflicto es entre Grace y los supuestos fantasmas, pero queda claro, incluso desde el comienzo, que los nuevos sirvientes también entrarán a tallar ahí.


Adicionalmente, “Los Otros” caracteriza astutamente a Grace como una mujer estricta y extremadamente religiosa, que obliga a sus hijos a leer la Biblia como parte de sus deberes, y que parece creer literalmente en todo lo que dicho libro dice, en vez de tomar muchas de sus historias como metáforas. Es a través de las lecciones que Grace les va dando a sus hijos que nos enteramos, además, de su visión de la muerte y el Más Allá. Les habla, por ejemplo, sobre los Círculos del Infierno de Dante como si fuesen algo real, y trata de disciplinarlos a través del miedo, por más que los quiera mucho.

Obviamente, a pesar de que “Los Otros” se estrenó originalmente hace veinticinco años, no pienso incluir spoilers en este texto —después de todo, es el tipo de película que se disfruta mucho más si es que deciden verla sin saber nada sobre ella, teoría con la que experimenté (y que confirmé) durante este nuevo visionado. Solo diré, entonces, que el desarrollo de la narrativa de “Los Otros” justifica la caracterización de Grace, poniéndola a prueba (a ella y a sus creencias) y situándola en un contexto que resultaría particularmente tortuoso para una mujer así de religiosa.


Es así, pues, que la cinta termina lidiando tanto con temas como con giros narrativos que resultan sorprendentes (para los espectadores neófitos) y relevantes para lo que el filme pretende transmitir. Lamentablemente, como película supuestamente de terror, “Los Otros” no es igual de exitosa. De hecho, y como se dio a entender líneas arriba, la clasificaría más como una historia de suspenso gótico o como un drama sobrenatural, más interesado en desarrollar una atmósfera densa y vistosa (la casa está constantemente rodeada de neblina, y Amenábar y su equipo hacen un buen uso de sombras marcadas y escenas iluminadas casi solo por lámparas o velas) que en asustar a su público. Hay uno que otro ruido fuerte o jump scare, pero nada más que resulte tradicionalmente terrorífico.

Como Grace, Nicole Kidman hace un excelente trabajo interpretando a una mujer de creencias bien establecidas que termina encontrándose con una situación que no puede explicar (y en la que al inicio no quiere creer). Lo que nos entrega acá es una interpretación creíble y vistosa, que ayuda a construir a Grace como alguien tremendamente fallida (y con considerables secretos), que a la vez ama mucho a sus hijos. Y hablando de ellos; tanto Alakina Mann como James Bentley están muy bien dirigidos, haciendo que los niños nunca desesperen o irriten. Fionnula Flanagan destaca como la misteriosa Mills, y Christopher Eccleston (como el marido desaparecido de Grace) y Michelle “Juego de Tronos” Fairley (en un papel que no pienso spoilear acá) tienen roles pequeños pero importantes.

Agradezco poder haber visto “Los Otros” en el cine después de tantos años. Por un lado, se trata de una experiencia algo irregular (especialmente durante su segundo acto), que funciona mejor como drama y a nivel temático que como un exponente del terror gótico o incluso como una historia clásica de fantasmas. Pero por otro lado, es un filme expertamente actuado y visualmente espectacular, que logra construir una palpable atmósfera de suspenso y aislamiento, situando a sus personajes en un misterioso contexto que al inicio parece ser algo… y que termina siendo completamente distinto. “Los Otros” se disfruta mejor sin saber qué sorpresas esconde, sí, pero incluso si la han visto antes, funciona como una experiencia algo letárgica pero por momentos fascinante.

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