Supergirl

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Basada en la serie de cómics de DC de “Supergirl: Woman of Tomorrow”, “Supergirl”, de Craig Gillespie, es una aventura espacial suficientemente entretenida y colorida… pero nada más. Considerando lo excelente que fue el inicio de este nuevo universo DC con “Superman”, de James Gunn (una de mis películas favoritas del año pasado), claramente me moría por ver si es que la buena racha continuaría. Y aunque no me animaría a decir que “Supergirl” es una experiencia terrible, lamentablemente sufre en comparación con el filme anterior. Pero hey, al menos está muchísimo mejor que la cinta ochentera con Helen Slater; la valla estaba súper baja, así que superarla no fue todo complicado.

“Supergirl” comienza con la superheroína del título, también conocida como Kara Zor-El (una genial Milly Alcock), borracha en un planeta de sol rojo, acompañada únicamente por Krypto el Superperro. Resulta que es una chica sin rumbo ni ambiciones, que prefiere ir de planeta en planeta embriagándose y metiéndose en fiestas, sin pensar en el futuro cercano. Pero cuando ve a una adolescente llamada Ruthye (Eve Ridley) metiéndose en problemas en un bar, no duda en ayudarla. Resulta que la familia de la chica fue asesinada por Krem (Matthias Schoenaerts) y ahora solo puede pensar en vengarse. Pero dicho asesino es el líder de un poderoso grupo de bandidos espaciales, por lo que cumplir con dicho cometido no será fácil.


No obstante, Kara decide ayudarla y no solo porque sea una buena chica. Antes de irse del planeta de Ruthye, Krem termina envenenando a Krypto, y Kara se entera de que el único antídoto existente lo tiene dicho bandido colgado de su cinturón. Por ende, junto con Ruthye, se mete en toda suerte de problemas mientras persiguen a Krem y sus nombres a través de varios planetas. En dichas travesías, se cruzan con Lobo (Jason Momoa), un cazarrecompensas intergaláctico y aparentemente inmortal, así como con varios otros grupos de alienígenas, buenos y malos. Y el filme también comienza a presentar varios flashbacks al pasado de Kara, incluyendo los que muestran la destrucción del planeta Krypton y los primeros años de vida de Supergirl junto a sus padres (David Krumholtz, de “Oppenheimer”, y Emily Beecham, de “Little Joe”), y explican su mal genio y alcoholismo.

La premisa de “Supergirl” no es mala. De hecho, lo mejor del filme, aparte de la actuación de Alcock, es que logra desarrollar una identidad propia, totalmente alejada de la de “Superman”. El tono de la película es distinto, su estilo visual es diferente, y la caracterización de Kara es explicada por los traumas por los que tuvo que pasar de joven, y que Kal-El felizmente pudo evitar. En ese sentido, tenemos a una Supergirl que carga con una gran culpa, traumada por haber dejado lo que quedaba de su planeta y a sus padres, quienes, felizmente, son construidos como personas al parecer buenas, diferentes a los de Superman. Es por eso que Kara no parece tener rumbo; porque extraña su hogar y a su familia, y porque no se acostumbra ni a la Tierra ni a su primo Kal-El.

Porque sí, “Supergirl” cuenta con un rol pequeño pero importante para el Superman de David Corenswet, quien sigue demostrando haber nacido para interpretar a dicho héroe. Por otro lado, Eve Ridley hace un buen trabajo como Ruthye, quien acompaña a Supergirl en sus aventuras durante buena parte del filme, aunque debo decir que el personaje en sí no me terminó de convencer. Su motivación es clara –vengarse de Krem–, pero el guion nunca logra convertirla en un personaje proactivo o útil, sintiéndose, más bien, como una carga para Kara, y como alguien que tiene que ser rescatada una y otra vez. Nada de eso es culpa de Ridley, por supuesto, quien igual destaca y logra darle algo de carácter a Ruthye.


Sin embargo, quien decepciona más es Matthias Schoenaerts como Krem. El villano de la película no es para nada interesante, presentado, más bien, como una figura frustrantemente simplona. Es cruel, es sádico, le gusta comer y tiene objetos extraños en la cara. Eso es todo. Lamentablemente, si se le compara al Lex Luthor de Nicholas Hoult, es imposible que no resulte decepcionante. Sin embargo, quien sí destaca es Jason Momoa como Lobo. Alejándose bastante de su Aquaman de años previos, el popular actor interpreta al cazarrecompensas intergaláctico con energía y carisma; como un tipo al que solo le gusta el dinero, pero que termina admirando tanto a Kara como a Ruthye, especialmente cuando estas muestran su verdadera fuerza. Asumo que Lobo seguirá apareciendo en más películas de DC; ojalá ese sea el caso.

De ahí, está el mensaje principal de la película, el cual tengo entendido ha sido ligeramente cambiado en comparación con lo que fue desarrollado en “Woman of Tomorrow”. En pocas palabras, el arco de Kara está vinculado al hallazgo de un propósito en su vida y a la superación de los traumas de su pasado. Además, está el tema de la venganza y de cómo esta jamás logra llenar el vacío que la muerte de seres queridos puede dejar en el corazón de alguien. Son temas loables, y no es que estén terriblemente desarrollados en “Supergirl”, necesariamente. Solo que por momentos van en contra del tono del filme e incluso del desenlace de la historia. Solo diré que el final de “Superman”, por ejemplo, me dejó esperanzado y con una gran sonrisa en el rostro; el de “Supergirl” no tanto.


Visualmente, “Supergirl” termina siendo una experiencia mixta. Me gustó la inclusión de diferentes aliens, algunos intrigantes y otros asquerosos, así como de planetas de todo tipo. Hay sets enormes, así como secuencias de acción caóticas y violentas. Pero por otro lado, “Supergirl” también tiene varios planos de efectos digitales poco convincentes, dobles virtuales demasiado notorios y un clímax que, al igual que en varias otras películas de cómics, lamentablemente se lleva a cabo en El Mundo del Chroma Key™. Además, por más que las peleas sean suficientemente emocionantes, ninguna ofrece nada nuevo, lo cual es curioso considerando lo poderosa que puede llegar a ser Supergirl (al igual que Superman) cuando absorbe la energía de un sol amarillo.

“Supergirl” no es una mala película. Es entretenida, maneja buen ritmo, es ocasionalmente graciosa, cuenta con una excelente actuación central por parte de Milly Alcock (sardónica, divertida, enérgica) y tiene a un Krypto que resulta igual de encantador que en “Superman” (por más que acá aparezca por mucho menos tiempo). Pero a la vez, la cinta sufre de efectos visuales inconsistentes, escenas de acción poco originales, un villano totalmente olvidable y una banda sonora, compuesta por Claudia Sarne, que no destaca para nada (más recuerdo las canciones que aparecen en ciertas escenas, incluida Catch These Fists, de las genias de Wet Leg, una de mis favoritas de los últimos meses). “Supergirl” está bien, pero considerando lo memorable que estuvo “Superman” el año pasado, tenía sentido esperar algo más del más reciente filme de este nuevo universo de DC.

Avance oficial:

70%
Awesome
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