El lobo de Wall Street

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Ya hace varios meses que me moría por ver El lobo de Wall Street, y esto se debía a varias razones: porque se trata de una película de Scorsese; porque se decía que la actuación de DiCaprio era magnífica; porque es la favorita para varios premios, y porque ahorita estoy leyendo el libro, escrito por el verdadero Jordan Belfort, y se trata de una de las novelas (¿o autobiografías con elementos de ficción?) más entretenidas, descaradas, y chistosas que jamás haya leído. Y justo de esa manera se puede describir la más reciente producción del gran Martin Scorsese. No hay duda de que habrá gente que se ofenda con la película – es más, ya he visto uno que otro ofendido en las redes sociales – pero en mi caso se trata de un filme que va muy bien con mi estilo del humor. No, no es una comedia, pero es de las películas más chistosas que haya visto últimamente.

Al igual que el libro, El lobo de Wall Street cuenta la historia de cómo Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio) se vuelve un corredor de valores multimillonario al crear su propia empresa luego de haber trabajado bajo la tutela del degenerado Mark Hannah (Matthew McConaughey), su modelo a seguir. Se trata, pues, de ver cómo Belfort pasa de ser rico a millonario, de ser un hombre común y corriente (pero ambicioso) a ser un enfermo avaricioso, adicto a las drogas y al sexo pero, más importante, al dinero. En su nueva empresa, Stratton Oakmont, se rodea de gente igual de enferma que él: un insano Donnie Azoff (Jonah Hill), y un violento Brad (Jon Bernthal). Además, abandona a su primera esposa, interpretada por la ahora famosa Cristin Millioti (gracias a su rol como la titular madre del sitcom How I Met Your Mother), y la cambia por la impresionantemente caliente Naomi Lapaglia (Margot Robbie.) Stratton Oakmont se convierte en un paraíso de sexo, drogas, alcohol y operaciones ilegales, pero esto no puede durar para siempre: un agente del FBI, Greg Coleman (Kyle Chandler), comienza a investigar a Belfort, y he ahí cuando comienzan los verdaderos problemas.

Ya de por sí El lobo de Wall Street es una película chocante, pero lo que la vuelve realmente impresionante es el saber que todo esto ocurrió de verdad. Ahora, es cierto que el libro escrito por el verdadero Jordan Belfort tiene elementos de ficción y que, como toda buena película basada en hechos reales, el filme de Scorsese probablemente haya embellecido o agrandado algunos detalles para que funcione mejor la narrativa, pero al menos se supone que la mayor parte (si no todas) de las barbaridades que vemos hace Belfort con su gente de verdad ocurrieron (y además están en el libro.) Él de verdad era un adicto al sexo; de verdad iban prostitutas al trabajo y de verdad sus asociados tenían relaciones en las oficinas y consumían toneladas de cocaína. Viendo la película, y todo lo que Belfort hace bajo influencia de las drogas, es un milagro que jamás se haya muerto (preocupación que de hecho tocan, con bastante humor, durante el filme.)

Y he ahí lo que ha hecho que la película sea, hasta cierto punto, controvertida: es realmente fuerte. A diferencia de otras películas de Scorsese como Buenos Muchachos o Los Infiltrados, no hay demasiada violencia, y cuando la haya, no es particularmente sangrienta. Pero lo que sí tenemos es desnudos por montones (especialmente por parte de chicas interpretando a prostitutas), escenas de sexo realistas, y malas palabras cada 5 segundos (de hecho se supone que la película ha roto el récord de mayor uso de la palabra «fuck» en un filme de ficción.) No es una película para gente conservadora; si le tienes miedo a los cuerpos desnudos (lo cual, al menos para mi, es ridículo; jamás entenderé por qué la violencia es más aceptada en el cine que el cuerpo humano) o a las malas palabras (¡son solo palabras, gente!) entonces no vean El lobo de Wall Street.

Ahora, lo bueno es que lo que ha hecho Scorsese no es necesariamente poner todos estos elementos gratuitamente, sólo porque si. Las orgías y el sexo desenfrenado y las drogas son parte de la vida de Belfort; están en el libro, sucedieron en la vida real, y sirven para desarrollar al personaje principal, dar a entender lo enfermo y degenerado que estaba, enseñarnos cómo fue su vida. No se trata de una película «de mensaje»; Scorsese presenta todo de manera clínica para que nosotros juzguemos al personaje, para que nosotros decidamos por nuestra cuenta si Belfort llevó una buena vida o no. Como en la vida real, en El lobo de Wall Street no es necesariamente la gente buena la que la pasa mejor, y no son necesariamente los criminales los que sufren más. Habrá gente que no le guste ver una historia tan cínica en la pantalla grande, pero no me parece que el filme «carezca de moral» o algo por el estilo. Si te identificas con la vida diaria de Belfort… tienes problemas.

Curiosamente para una película tan larga (dura tres horas), El lobo de Wall Street tiene un ritmo realmente rápido, y creo que esto la favorece. Se trata, pues, de una película realmente entretenida, y si lo que Scorsese quería era hacernos sentir como si estuviéramos al lado de Belfort, viendo de cerca sus fiestas y sus excentricidades, entonces lo ha logrado. Detalles como poner errores de continuidad y editar de manera «bizarra» las escenas en las que Belfort aparece drogado hacen que la película funcione mejor, se sienta más única y no aburra. No se trata de analizar la vida de Belfort de lejos; Scorsese nos mete en la película, y logra que nos divirtamos junto con su protagonista objetivamente despectivo.

Y otra razón por la cual Belfort resulta ser tan carismático a pesar de ser un degenerado enfermo es que Scorsese no se toma el filme demasiado en serio. No es una comedia, pero tampoco es un melodrama serio o un thriller. El veterano director mantiene el tono bastante ligero durante la mayoría de su duración, y de hecho logró que me ría infinitas veces, ya sea por chistes o diálogos inteligentes, o por momentos realmente incómodos que cruzan la raya dos veces. Tiene muchos elementos de comedia negra, y teniendo en cuenta lo loca y ridícula que llegó a ser la vida de Belfort, funcionan muy bien. Ahora, eso no quiere decir que cuando suceden cosas «feas» o serias Scorsese mantenga el mismo tono: la última media hora de metraje es seria, casi trágica; contiene momentos realmente perturbadores y funciona muy bien para presentarnos la cuasi-caída de Belfort.

Como era de esperarse, las actuaciones son magníficas. Después de participar en tantas películas serias (ya hasta me había olvidado de que podía sonreír), es realmente refrescante ver a DiCaprio soltarse de esta manera, volviéndose realmente loco e intenso y divertido. Es muy fácil darse cuenta de cómo Belfort logró convencer a tantos jóvenes para que se unan a Stratton Oakmont después de ver actuar a DiCaprio; sus discursos son magnéticos y su carisma infinito. Y DiCaprio hace de todo: aspira coca del trasero de una prostituta; baila como si sus extremidades fueran de gelatina; maneja un helicóptero totalmente drogado… no quiero malograrles ni a la película ni al personaje, pero me dejaron impactados.

Jonah Hill, como la mano derecha de Belfort, es igual de bueno: chistoso pero a la vez repugnante y perturbador. Matthew McConaughey brilla en las pocas escenas en las que sale (continuando con la impresionante resurrección de su carrera); Rob Reiner es graciosísimo y memorable como el padre de Jordan, y Kyle Chandler interpreta a uno de los pocos personajes «normales» de la película de manera efectiva. Pero el verdadero descubrimiento es Margot Robbie. Haciendo uso de un acento Americano bastante sólido, la australiana interpreta a la segunda esposa de Belfort de manera perfecta: intensa, sensual y sexual, fuerte. Es una actuación memorable que deja muy poco a la imaginación – no es todos los días que una potencial estrella de Hollywood aparece completamente desnuda en una película de este calibre – y que (casi) se roba la película. El hecho de que Robbie pueda estar al mismo nivel que DiCaprio en su mejor momento dice bastante de sus habilidades actorales.

En fin, El lobo de Wall Street no me decepcionó en lo absoluto; es todo lo que tenía que ser: intensa, graciosa, excelentemente actuada y dirigida, e infinitamente entretenida. Hay gente que no la disfrutará por todos los desnudos y escenas de sexo y drogas que contiene (de hecho, Scorsese tuvo que editar la primera versión de la película para que no reciba la muy temida calificación NC-17), pero aquellos que, como yo, disfrutan bastante del humor negro y de una buena historia contada por una leyenda viviente y protagonizada por uno de los mejores actores del momento dando una de sus interpretaciones más memorables… bueno, la pasarán de maravilla. El lobo de Wall Street es una de las películas más energéticas e hipnotizantes que haya visto últimamente.

Avance oficial:

100%
Puntuación
  • Mi calificación

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