Puede que “Supergirl” no haya sido el éxito que DC y Warner hayan esperado (principalmente debido a temas de adaptación y a lo que se percibió como cambios de último minuto en la postproducción), pero felizmente, “Clayface” ha llegado para demostrar que el nuevo universo de superhéroes supervisado por James Gunn tiene mucho que ofrecer. Resulta refrescante, pues, ver una historia de este tipo que funcione por sí sola y que además tenga el valor de desarrollarse como una experiencia para adultos, llena de desnudos y, principalmente, sangre y gore por montones. No se dejen engañar por el logo de DC Comics: “Clayface” no es para niños, por lo que si deciden llevar a sus hijos al cine a verla, puede que queden un poco traumados (y con varias preguntas en mente).
Ahora, tengan en cuenta, también, que “Clayface” no funciona únicamente porque muestra sangre y partes del cuerpo; funciona porque demuestra que este nuevo universo tiene sitio para una gran diversidad de historias, algunas animadas, otras con actores de carne y hueso, la mayoría para cine, pero algunas para la TV (o mejor dicho, el streaming). “Clayface” no carga con el peso de tener que parecerse a “Superman”, “Lanterns” o “Peacemaker”; más bien se desarrolla con un estilo propio que, sin ser particularmente potente, al menos se siente distinto a lo que DC nos tiene acostumbrados. A eso se suman las buenas actuaciones y un palpable nivel de tensión, y “Clayface” se convierte en un proyecto muy interesante para los fanáticos de los cómics.

“Clayface” se lleva a cabo entre Ciudad Costera y Ciudad Gótica (ya saben, la de Batman) y tiene como protagonista a Matt Hagen (Tom Rhys Harries), un actor famoso que vino de la más absoluta pobreza, y que logró superarse para eventualmente convertirse en toda una estrella de cine. Al inicio de la película, lo vemos celebrar su primera nominación al Óscar junto a su mejor amigo, el también actor Corey Bowery (Joshua James), yendo a una discoteca para tomar y bailar. Y es ahí donde nuestro protagonista conoce a Mia Torrez (Joana Ribeiro), quien rápidamente lo seduce y lo convence de ir a su departamento.
Luego de una noche de pasión, sin embargo, Matt se despierta y se encuentra con un grupo de mafiosos en su habitación, liderados por el capo Markos Szabo (David Dencik), la actual pareja de Mia. Esta se va desnuda del cuarto y el primero, enfurecido y con sed de venganza, le deforma la cara con una navaja a Matt. Es ahí que, literalmente de la noche a la mañana, su vida se ve arruinada. No solo termina con la cara deforme, sino que también lo difaman, acusándolo de abuso y de malos comportamientos en años previos, lo cual motiva a Matt a mantenerse escondido, tratando de arreglar su problema físico con cirugías estéticas y fallando en el intento.
Sin embargo, hay una luz de esperanza al final del túnel. Desesperado, Matt acude a la doctora Caitlyn Corr (Naomi Ackie), quien trabaja con nanotecnología e inteligencia artificial para arreglar todo tipo de problemas médicos. Resulta que su trabajo potencialmente revolucionario se ha quedado sin financiamiento, por lo que Matt se aprovecha de su actual situación para ofrecerse como voluntario en sus experimentos. Y para sorpresa de ambos, luego de que Caitlyn le inyecta sus nanocélulas en la cara, Matt recupera su belleza previa. Pero lo que inicialmente parece ser un milagro termina siendo una maldición, haciendo que Matt se torne cada vez más agresivo mientras busca vengarse de toda la gente que lo traicionó luego de sufrir tan terrible ataque.

Si hay un género al que “Clayface” se ciñe más, es el thriller tipo body horror. No diría que esta es una película de terror absoluto, sino más bien una tragedia llena de suspenso y momentos verdaderamente asquerosos, en los que el espectador termina empatizando (al menos inicialmente) con la situación en la que Matt se encuentra. A diferencia de otros proyectos basados en cómics, y como se dio a entender líneas arriba, “Clayface” no tiene miedo de incluir ni desnudos ni violencia extrema, mostrándonos momentos en los que Matt tiene que lidiar con las mutaciones que lo están cambiando de forma muy explícita, o asesinando a gente que considera que no merece ser parte de su vida.
No es algo tan extremo como la popular “La sustancia”, valgan verdades, pero igual puede llegar a ser bien desagradable (a propósito). Consideren, si no, la escena del avión, en la que Matt debe encontrar la forma de “abrir sus ojos” (literalmente) en plena turbulencia con la ayuda de unas tijeritas. O la forma tan curiosa en la que termina matando a cierto personaje, haciendo uso de su propia sangre. O el eventual destino de uno de los matones de Markos, Sal (el gran Corey Johnson, más conocido como Mr. Daniels en “La Momia”, a quien también vimos hace poco en “Digger”). Considerando que “Clayface” trata sobre los cambios físicos por los que va pasando Matt, tiene sentido que se anime a mostrarlo (casi) todo, como para generar una reacción visceral en el público.

Ahora bien, y sin ánimos de incluir spoilers, algo que también diferencia a “Clayface” de otros proyectos similares es que no intenta presentar al personaje del título como un héroe o antihéroe. Felizmente, no se trata de un filme similar a algo como “Morbius” o “Madame Web”; ya saben, aquellos intentos por parte de Sony de suavizar a ciertos villanos del mundo de Spider-man. “Clayface” comienza con un protagonista simpático y no necesariamente malo, sí, pero lo que tenemos acá es una historia no de redención sino más bien de hundimiento, donde Matt va demostrando ser una persona terrible capaz de hacer cosas terribles. Para el final, entendemos que no tiene salvación, y que la mutación no hizo más que enfatizar algunas de sus peores características.
Las actuaciones ayudan a que la mayor parte de la experiencia cuaje. Tom Rhys Harries, a quien no había visto en nada antes, construye a Matt como un tipo que valora sus actuales privilegios pero que forma parte de una vida y una industria totalmente superficial; tiene tendencias vengativas, reacciones inmaduras y una terrible obsesión con un personaje en particular. Rhys Harries le otorga suficiente carisma al inicio como para que su eventual caída moral duela mucho. Por su parte, la gran Naomi Ackie le inyecta mucha humanidad a Caitlyn, haciendo que sus interacciones con Matt y sus actitudes bondadosas hacia él tengan sentido. Y de los secundarios, destacan el ya mencionado Johnson; Eddie Marsan como el corrupto representante de Matt; Max Minghella como John, el novio policía de Caitlyn, y Joshua James como Corey.
“Clayface” es una entretenida, asquerosa y por momentos chocante historia de origen para el personaje del título. Sí, el final es algo abrupto y la última escena inesperadamente confusa. Y sí, ciertos detalles del pasado de Matt, especialmente aquellos vinculados a su finado padre, son transmitidos de forma innecesariamente nebulosa. Pero en general, lo que tenemos acá es una sólida nueva entrega del universo de DC, centrada en un personaje que pocos miembros del público masivo (fuera de los fans de los cómics) conocen. “Clayface” es una muestra de lo variada que puede ser una franquicia; si le dan la oportunidad, se darán cuenta de que no es una película tradicional de cómics.
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