Escrita por Aaron Sorkin y dirigida por David Fincher, La red social (2010) es de las películas norteamericanas comerciales más importantes de los últimos años —una representación de un momento histórico específico y de lo que vendría a ser el inicio de una nueva época centrada en redes sociales, algoritmos, comentarios, likes y mucho más. Tiene sentido, entonces, que dieciséis años después de aquel estreno, Sorkin regrese (esta vez solo) con lo que podría considerarse como una secuela, El poder de la red, que, sin embargo, termina sintiéndose más como una pieza complementaria para aquella primera película.
Porque lo peor que pueden hacer es comparar a El poder de la red con La red social. Son dos películas muy distintas, con objetivos diferentes, estilos de dirección únicos y hasta protagonistas que poco tienen que ver el uno con la otra. Mientras que La red social se termina sintiendo como una historia de origen tanto para Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg) como para Facebook, El poder de la red es la historia de una colaboradora de Facebook (Mikey Madison) y sus intentos por hacer que su trabajo, el cual inicialmente consideraba como valioso, haya valido la pena. Zuckerberg está por ahí, sí, pero esta vez es un personaje secundario, o hasta un antagonista.

Pero me adelanto. El punto es que El poder de la red, a fin de cuentas, no se siente como una secuela de La red social. Ambas cintas pueden “conversar” entre sí, pero en particular, la ausencia de Fincher como director hace que la producción más reciente se sienta más convencional, menos interesada en una visión subjetiva de la vida de alguien, que en desarrollar una narrativa informativa basada en hechos reales. El resultado es una película que, sin llegar a ser totalmente redonda, creo que funciona como una suerte de relato aleccionador, que se siente particularmente relevante en un mundo que recién se está acostumbrando a la inteligencia artificial (generativa y de otros tipos) y sus diferentes (y muy cuestionables) usos.
La línea narrativa principal de El poder de la red se lleva a cabo en el 2019 y en el 2020. Los protagonistas de la misma son Frances Haugen (Madison), una ingeniera de datos que trabaja para Facebook, y Jeff Horwitz (Jeremy Allen White), un periodista de investigación del New York Times a quien se le asigna trabajar en casos vinculados a Facebook. Es así que el segundo eventualmente termina encontrándose con la primera, quien comienza a informarle sobre las más recientes investigaciones respecto a cómo Facebook afecta a sus usuarios. La tesis principal, basada en datos manejados por los trabajadores de Zuckerberg, es que el algoritmo de Facebook incita a sus usuarios a reaccionar y compartir contenido de odio, haciendo que se radicalicen, tal y como le sucede a una ex amiga de Frances que, en el prólogo de la película, se graba a sí misma insultando a policías con calificativos racistas.
Al inicio, Frances no está muy feliz de pasarle información a Jeff, pero mientras más se va dando cuenta de la naturaleza del trabajo en Facebook, más se anima a seguir encontrándose con él, primero en un parque, y luego en la habitación de hotel donde se está quedando. No obstante, Frances está siempre con miedo de ser descubierta –ya sea por una compañera de trabajo llamada Morgan (Anna Lambe) o por Teddy Marks (Billy Magnussen), un ejecutivo de relaciones mediáticas para Facebook.

La segunda línea narrativa, por otro lado, se desarrolla en el año 2021 y se centra en Mark Zuckerberg (Jeremy Strong), mientras ensaya las declaraciones que tendrá que hacer frente al Congreso en unos días. El CEO de Facebook está siendo apoyado por Raya (Wunmi Mosaku), una experta en manejo de crisis, y por Charlie Garrigan (Bill Burr), un ex inversor y asesor legal de Facebook. Al entrelazar estas dos historias y culminar con el asalto al Capitolio de los Estados Unidos de 2021, El poder de la red deja bien en claro lo conscientes que estaban Zuckerberg y compañía del daño que les hacían a sus clientes y lo difícil que fue para Frances y Jeff realizar una investigación a profundidad de sus tácticas para maximizar ganancias.
El poder de la red es una película que intenta hacer varias cosas y que, para mi grata sorpresa, logra balancearlas todas con bastante éxito. El filme intenta retratar a Zuckerberg como un tipo irresponsable, muy interesado en sus propias ganancias y en el futuro prometedor que podría tener durante el gobierno de Donald Trump; intenta desarrollar detalladamente la investigación de Jeff y Frances; intenta mostrar los efectos negativos de las redes sociales tanto en los jóvenes como en los viejos, y por supuesto, intenta demostrar que el ataque al Capitolio fue una de las muchas consecuencias de los actos de Zuckerberg y compañía.
Consideren, si no, los intentos por parte de Charlie de convencer a Zuckerberg de verificar la veracidad de la publicidad política en Facebook. Es algo que el CEO se niega a hacer porque considera, se supone, que su red social es un espacio neutro, y que ellos no son los que están haciendo las publicaciones, permitiéndoles lavarse las manos de todo el asunto. Por supuesto, luego de los eventos del 6 de enero de 2021, lo que termina haciendo Facebook (luego Meta), en vez de revisar las publicidades políticas, es simplemente no verificar nada. En pos de la supuesta libertad de expresión, Zuckerberg decide tomar una postura supuestamente neutral, la cual, lógicamente, termina siendo todo menos eso, especialmente considerando la gran cantidad de usuarios radicalizados de Facebook que hacen publicaciones racistas, clasistas, paranoicas, antivacunas y demás.

Sin embargo, la historia que termina siendo más relevante es, por supuesto, la de Frances y Jeff. Es a través de su relación de periodista y fuente anónima que vemos cómo van descubriendo la verdadera naturaleza de Facebook, con la primera revelándole al segundo que Zuckerberg ha estado consciente de los efectos de sus decisiones desde un inicio. ¿Qué pasa cuando se enteran de que sus usuarios son en su mayoría viejos? Deciden darle más importancia a las publicaciones compartidas. Y cuando eso sucede, se dan cuenta de que las que más se comparten son las de odio y que las que enojan a la gente. Y cuando eso sucede, es que más y más gente (de todas las edades) se va radicalizando, tornándose más agresiva, más discriminadora y, por supuesto, más infeliz.
Madison hace un buen trabajo interpretando a Frances como una chica de pocas habilidades sociales, algo tímida y a la vez sarcástica, siempre abrigada con guantes y calentadores debido a las consecuencias médicas de su celiaquía. Lamentablemente, Sorkin aprovecha esto último para justificar poner a Madison en prendas reveladoras; para hacer que “tenga” que quitarse el abrigo o saco cada vez que visita a Jeff, o hasta para revelar a su personaje por primera vez con un plano de sus pies descalzos. Es francamente extraño, y se siente tan innecesario como explotador. Por su parte, Jeremy Allen White convence como un Jeff empecinado en encontrar la verdad, y aunque Jeremy Strong no está mal como Zuckerberg, su interpretación del CEO de Facebook se siente más caricaturesca y menos humana que la de Eisenberg en La red social.
Ciertamente, de las dos películas escritas por Sorkin basadas en la vida y el trabajo de Mark Zuckerberg, La red social es la superior. Sin ser mala, El poder de la red es un filme más convencional, de menos estilo visual evidente, blocking más tieso, y una estructura que depende de gráficas en pantalla para jugar con el tiempo. Además, la película cuenta con escenas en las que Sorkin se deja llevar por sus peores instintos, como cuando objetiviza a Madison, o como cuando incluye diálogos “graciosos” fuera de lugar, o discursos que no tienen nada que ver con nada (como cuando Jeff le habla a Frances sobre el mansplaining). Y sin embargo, los temas con los que lidia la cinta son tan interesantes, la estructura de la historia tan rápida y tensa, y las lecciones tan relevantes, que no puedo evitar sentirme fascinado por El poder de la red. ¿Es esta una buena secuela? No. Pero tampoco creo que sea una secuela. Miren este nuevo filme sin pensar mucho en el anterior y se sentirán más libres como espectadores.
Avance oficial:
- Design