«Memorizu» (2026), de Miiku Sakanishi


Memorizu, de Miiku Sakanishi, es el tipo de película en el que no sucede mucho, y que se termina sintiendo más como una experiencia que como una clásica narrativa de tres actos, conflicto claro y antagonistas bien definidos. Centrándose en personajes que hacen todas las cosas que cualquier ser humano común y corriente haría en su día a día, Memorizu, tal y como su título lo sugiere, plantea preguntas sobre la memoria, el rol de las fotos —ya sean analógicas o digitales— en la creación de recuerdos, la importancia de las pequeñas acciones y la familia, y la vida y la muerte.
Puede sonar a mucho, pero créanme cuando les digo que no lo es. Memorizu se centra en Yuta (Tasuku Emoto), Yuki (Moeka Hoshi) y su hija, Hana (Masayo Umezawa). Al comenzar la película, vemos al padre despidiéndose de las otras dos, ya que debe irse de Tokio para cuidar de su suegro, Makoto (Issey Ogata), quien se ha fracturado una pierna. No solo debe asegurarse de que esté bien, sino que también debe encargarse de su negocio: una tienda y servicio de fotografías. Es así que vemos a la familia comunicándose a través de llamadas, videollamadas y envíos y de fotos y videos, dejando en claro que la distancia no será capaz de separarlos de verdad.

Hay una premisa en Memorizu, evidentemente, pero en vez de desarrollar un conflicto grave, con altibajos y momentos de tensión palpable, la cinta se desarrolla de forma pausada, letárgica, sin apurarse o empecinarse en entretener (de forma tradicional) a su espectador. Esto evidentemente frustrará a ciertos públicos, pero es parte del estilo que Miiku ha establecido para el filme y totalmente coherente con lo que está diciendo con esta historia. Después de todo, Memorizu plantea que, fuera de usar las fotos y videos para guardar recuerdos, vale la pena sacar el ojo de la cámara o el celular para disfrutar de la vida; de los pequeños momentos, de la gente que nos rodea, de la naturaleza o de un adorable Shiba-Inu, sin hacerle caso a nuestras ansiedades.
Por ende, no esperen nada clásicamente divertido o enérgico de Memorizu. Lo que tenemos acá es una experiencia más bien tranquila, gentil, que obviamente no será para todo el mundo, pero que si la ven con la mentalidad correcta, dejará grabados varios recuerdos bonitos en sus memorias. Memorizu es una película sobre gente que trabaja, se enamora, ayuda a otros, sale en bicicleta, saca la basura, quiere a su perro… es decir, gente común y corriente, que usa la tecnología (antigua o moderna) para comunicarse, pero también para que estos momentos, a veces breves, no se pierdan en el eter. Felizmente, dudo mucho que Memorizu vaya a quedar perdida.
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«Skateboarding Is Not for Girls» (2026), de Dina Duma


Skateboarding Is Not For Girls es el tipo de película que nos transporta a una cultura que, de muchas formas, es muy distinta a la nuestra, pero de otras muy similar. Llevándose a cabo en la ciudad de Skopie, en Macedonia del Norte, el filme nos narra una historia de madres e hijas; de falta de recursos, de sueños esperanzadores, y de matrimonios forzados. Es el tipo de narrativa que, a pesar de desarrollarse en tiempos modernos, muy fácilmente podría haberse situado décadas o hasta siglos atrás sin mayores cambios, lo cual, como se deben imaginar, es inmensamente deprimente. El resultado acá, sin embargo, es un filme muy humano y emotivo.
Skateboarding Is Not For Girls tiene de protagonista a Adela (Efkjar Abaz), una niña a la que le encanta montar skate, tanto así que está planeando meterse a un torneo de dicho deporte en el colegio. Sin embargo, las cosas están muy mal en casa, lo cual podría terminar por arruinar sus planes. Su padre está desaparecido en Suiza, su madre, Esma (Simonida Selimovič), está desesperada porque no consigue trabajo y su marido ha dejado de mandarle dinero, y su hermana mayor, Zara (Džefrina Jašari), intenta consolar a las otras dos. Pero es cuando la cuñada de Esma, Aida (Ganimet Abdula), le sugiere a esta última que la única forma de conseguir dinero sería casando a Zara con un chico de familia adinerada, que las cosas se tornan verdaderamente complicadas.

Lo que tenemos acá, entonces, es una cinta sobre mujeres que deben salir adelante en un contexto que no las favorece. Esma tiene que mantener a sus hijas a pesar de haber sido abandonada por un marido infiel y no poder conseguir trabajo. Zara tiene que aceptar su destino, al parecer, como la novia en un matrimonio forzoso y sin amor. Y Adela tiene que sobrevivir en un colegio donde se para peleando con sus compañeros, encontrando en el skateboarding su única puerta a la libertad. Son mujeres, además, que al aliarse y nunca separarse se vuelven más resilientes, por más que el mundo no parezca quererlas.
Todo esto podría sonar bastante triste, y de hecho lo es, pero la directora Dina Duma encuentra la forma de otorgarle un tono bastante esperanzador a Skateboarding Is Not For Girls. Súmenle a aquello las actuaciones de corte natural, así como la construcción verosímil y cercana de los barrios menos privilegiados de Skopie –que mucho no se diferencian de varios distritos de nuestra Lima, Perú–, y Skateboarding Is Not For Girls se torna rápidamente en una historia emotiva y real, que aparte de lo ya mencionado, mucho critica a una sociedad todavía arraigada en costumbres sexistas e ilógicas. Skateboarding Is Not For Girls es corta, es relevante, y de lo más interesante que vi en este Festival de Tribeca.
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