Indiana Jones y el Dial del Destino

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Henry Jones Jr. está de vuelta. Luego de quince años (¡!), Harrison Ford ha regresado para interpretar, por última vez, a su personaje más famoso. “Indiana Jones y el Dial del Destino” es la primera entrega de la franquicia en NO ser dirigida por Steven Spielberg; en esta ocasión, James Mangold (“Logan”, “Ford vs Ferrari”) ha tomado las riendas de la saga, desarrollando una última aventura para el afamado arqueólogo, esta vez durante los años sesenta. Se trata de un cambio que podría haber sido desastroso para el personaje, pero que luego de lo divisoria que fue “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”, quizás podría representar un respiro de aire fresco para Indy y sus amigos. Especialmente porque se trata de la despedida final para este personaje; no hay Indiana Jones sin Harrison Ford, y Ford no planea interpretar al personaje nunca más.

No obstante, igual quedaban muchas dudas en las mentes de los fanáticos, las cuales no fueron calmadas con el estreno de la película en el Festival de Cannes del 2023. Decir que la recepción que tuvo “Indiana Jones y el Dial del Destino” en dicho evento fue tibia es ser amable; sí, algunos comentarios hicieron énfasis en el gran trabajo de Ford y en la sensación de diversión que Mangold logró inyectarle al filme, pero muchos, más bien, se concentraron en lo decepcionante que les pareció la producción. Dichas críticas, lamentablemente, no han hecho más que bajarle el “hype” a la película, confirmando, para muchos, que Disney no sería capaz de producir una buena película de la franquicia sin la presencia de Spielberg y George Lucas.

Pero ahora que Vuestro Servidor ha logrado ver la película tres semanas antes de su estreno oficial en una función especial, puedo decir con cierta confianza que “Indiana Jones y el Dial del Destino” está…. bien. Dudo que lo sepan, pero se trataba de mi película más esperada del año, por lo que quizás mis expectativas estaban en la estratosfera; no obstante, he disfrutado de la cinta de Mangold. Sí, carece del estilo e increíble ojo para la acción que Spielberg le inyectó a sus entregas —sí, incluso a “Calavera de Cristal”… en algunos momentos. Y sí, el guion toma ciertas decisiones creativas durante el tercer acto que seguramente molestarán a bastante gente. Pero si hay algo que “Indiana Jones y el Dial del Destino” logra hacer, es divertirnos. Divertirnos, y permitirnos decirle “adiós” a Indiana Jones por última vez.

Desde un inicio, “Indiana Jones y el Dial del Destino” demuestra no ser exactamente igual a sus predecesoras; la transición del logo de Paramount a una montaña (o algún otro objeto) real ha sido reemplazada por algo… distinto. Y en esta ocasión, comenzamos con un “flashback” a los años cuarenta, con un Indy joven interpretado por una versión digital de Ford (que aparentemente combina diferentes técnicas nuevas desarrolladas por ILM, con el famoso “deepfake”). Se trata de la primera decisión arriesgada que Mangold y compañía toman, y que funciona… hasta cierto punto. Este Indy digital luce extremadamente bien el 80% del tiempo, viéndose tal y como luce el personaje durante sus primeras tres aventuras. El otro 20%… bueno, parece más un videojuego que otra cosa. Pero felizmente no logra malograr la experiencia en general de ver este interesante prólogo.

¿Pero qué sucede en el prólogo? Básicamente sirve para introducirnos al Dial del título: el Antikythera, un objeto que los Nazis, parcialmente liderados por el siniestro científico Jurgen Voller (Mads Mikkelsen), están buscando para ganar la guerra. Luego de una larga persecución en un tren, Indy y su colega, el profesor Basil Shaw (Toby Jones) logran hacerse del legendario mecanismo, aparentemente derrotando tanto a Voller como al Coronel Weber de la SS (Thomas Kretschmann). Es así que logran salvar el día, evitando que Hitler consiga el aparato y pueda ganar la guerra a último minuto.

Luego de eso, nos adelantamos y vemos a un Indy ya mayor en los años sesenta; ahora vive solo en un departamento, enseñando todavía en una universidad, pero cansado de la poca atención que le prestan sus estudiantes. Su monótona rutina se ve interrumpida, sin embargo, por la llegada de su ahijada, a quien no ve desde hace más de quince años: Helena (Phoebe Waller-Bridge), hija de Basil Shaw, ha llegado para pedirle la mitad del Antikythera que él tiene. Ella parece estar solo interesada en el dinero, pero sus perseguidores, liderados nuevamente por Voller, están convencidos de que, si llegan a juntar las DOS mitades del aparato, serán capaces de corregir lo que ellos consideran fueron errores en el pasado. Es así, pues, que Indy y Helena se adentran en una nueva aventura, tanto para encontrar la otra mitad del Dial, como para evitar que los ex-Nazis logren triunfar.

Si “Indiana Jones y el Dial del Destino” cuenta con un defecto muy notable, es que se SIENTE como una experiencia muy extensa. Al ser la entrega más larga de la franquicia, cuenta con algunas secuencias que muy fácilmente podrían haber sido acortadas para otorgarle un ritmo más consistente a la historia. El segundo acto, en particular, en el que nuestros protagonistas se involucran en incontables persecuciones, y se encuentran repetidamente con Voller y su secuaz, el sádico Klaber (Boyd Holbrook), se siente algo tedioso. El filme cuenta con la estructura que uno esperaría de cualquier película de “Indiana Jones”, solo que estirada. Estoy seguro que algunos espectadores perderán algo de paciencia durante estas secciones.

Lo cual, felizmente, no quiere decir que “Indiana Jones y el Dial del Destino” sea un esfuerzo deficiente. De hecho, Mangold hace un buen trabajo con la acción —destacan el prólogo ya mencionado en 1944, así como una persecución durante las celebraciones de la llegada a la luna (¡con un caballo!), otra en Tánger (¡con mototaxis!) y otra por los aires. Puede que Ford tenga ya casi ochenta años de edad, pero luce suficientemente creíble durante estos momentos, el filme ACEPTANDO la edad de su protagonista, haciendo que reciba la ayuda de personajes como Helena o Teddy Kumar (Ethann Isidore), un niño que, desgraciadamente, nunca llega a ser igual de memorable que el Short Round de Ke Huy Quan.

Además, así como las cuatro cintas previas incluyeron escenas con serpientes, insectos, ratas y hormigas, respectivamente, “Indiana Jones y el Dial del Destino” nos ofrece anguilas asesinas, y hasta un pequeño homenaje a los bichos de “Indiana Jones y el Templo de la Perdición”. Y así como en todas las cintas anteriores, los antagonistas cuentan con un matón intimidante y fuerte. En este caso, se trata del Hauke de Olivier Ritchers, un hombre verdaderamente inmenso que demuestra ser un enemigo formidable. Puede que “Indiana Jones y el Dial del Destino” cuente con un nuevo director, pero igual respeta la mayoría de las convenciones presentes en las entregas anteriores.

Por otro lado, vale la pena mencionar que, a pesar de que Mangold y varios de los involucrados han mencionado que la cinta hace un buen uso de efectos especiales reales, “Indiana Jones y el Dial del Destino” igual cuenta con muchísimas imágenes creadas por computadora. ¿Y como no iba a ser así? Igual se trata de una película del año 2023, por lo que la utilización del famoso “CGI” era inevitable (el rejuvenecimiento de Ford durante el prólogo y un breve “flashback” siendo el mejor ejemplo de aquello). No obstante, a diferencia de “La Calavera de Cristal”, “El Dial del Destino” se siente menos sintético. No porque sea “menos digital”, si no porque la calidad de los efectos por computadora han mejorado considerablemente durante los últimos quince años. Y por supuesto, ayuda que la cinta haya sido grabada en locaciones reales, desde Grecia hasta Marruecos y Sicilia (a diferencia de la cuarta entrega, que se sentía muy “de estudio”).

Como siempre, Harrison Ford está excelente como Indy. Es un personaje al que podría interpretar dormido, y que felizmente cuenta con una dimensión adicional en esta entrega. Se trata de un hombre fuera de tiempo (je), que quizás no es tan relevante como antes en un mundo que lidia más con tonos de grises que con conceptos más de “blanco y negro”. Es gracias a esta última aventura que Indy logra recuperar la autoconfianza y relevancia, dándose cuenta de que todavía tiene gente que lo quiere, y que merece ser parte de este mundo. Es cierto que su arco de personaje se parece, en ciertos aspectos, al que tuvo en “La Calavera de Cristal” (y más no puedo decir porque no quiero incluir “spoilers”), y es cierto que por momentos está MUY en el subtexto. Pero igual se trata de una interpretación interesante del personaje, que felizmente es respetuosa hacia lo que vino antes, y hacia las expectativa que los fanáticos tendrían de su desarrollo.

Del reparto secundario, quien resalta más es la Helena de Phoebe Waller-Bridge. Se trata de una excelente contraparte para Indy; una mujer fuerte e intrépida, que sin embargo no es arquetípicamente heroica. De hecho, se siente como una versión femenina del Indy que vimos en filmes como “El Templo de la Perdición”; alguien interesada solamente en su propia supervivencia, que poco a poco tiene que aprender a pensar más en los demás. Por otro lado, Mads Mikkelsen está excelente como Voller; es más que un estereotípico Nazi, ya que lo desarrolla como un hombre con una obsesión, empecinado en corregir los errores del pasado. Boyd Holbrook, desgraciadamente, tiene poco qué hacer como Klaber, y Antonio Banderas (como Renaldo, un viejo amigo de Indy) y John Rhys-Davies (de vuelta como el gran Sallah, a quien vimos en la primera y tercera cinta) no tienen más que “cameos” glorificados. Hay un par de personajes más de interés, pero no pienso revelar sus identidades; mejor ver la película sin arruinarse aquellas sorpresas.

Ahora bien, si hay algo que seguramente va a dividir al público —así como aparentemente lo hizo con la crítica—, es el tercer acto de “Indiana Jones y el Dial del Destino”. Algunos admirarán su audacia, mientras que otros no podrán aceptar lo locas que se ponen las cosas. Vuestro Servidor se encuentra en el primer grupo. Me imagino a Mangold y sus coguionistas leyendo las quejas de los fanáticos sobre los “aliens” en “La Calavera de Cristal”, y diciendo: “si eso les pareció raro, ¡no han visto nada!” Apenas se enteren de cuáles son los temas centrales de la película y en qué consisten los poderes del Dial del título, se podrán dar una idea de cómo concluye la historia; pero solo una idea, porque igual no creo que vayan a estar preparados para lo que sucede. O se lo creen, o no. Para este crítico, no es nada más alocado que un Arca que derrite caras, un Santo Grial que otorga vida eterna, o por supuesto, unos “Aliens” que le derriten el cerebro a la gente. Solo queda ver lo que pasará con el público en general.

E igual si es que la película los aliena con los eventos de su tercer acto, dudo que vayan a quejarse mucho de las últimas escenas. La conclusión de “Indiana Jones y el Dial del Destino” es apropiadamente nostálgica y emotiva, dándole un final definitivo a las aventuras de Indy y al arco de personaje por el que atravesó. No puedo incluir “spoilers”, lógicamente, por lo que solo diré que dejamos a Indy como un hombre cambiado pero que no ha perdido su esencia, y que el último plano de toda la película es simplemente genial. No me disgustó el final de “La Calavera de Cristal” (ver a Indy casarse con Marion fue increíble), pero hasta cierto punto, el desenlace de “El Dial del Destino” es incluso más emotivo que aquel evento —algo agridulce, pero apropiado para un Indiana Jones de casi ochenta años.

“Indiana Jones y el Dial del Destino” es una buena despedida para uno de los personajes más famosos de la historia de Hollywood. Sí, se extraña el trabajo de Spielberg detrás de cámaras; sí, la película es innecesariamente larga, y sí, por momentos abusa de los efectos visuales digitales (aunque igual lucen más convincentes que los de la cuarta cinta). Pero en términos generales, lo que tenemos acá es una aventura emocionante que nos lleva por todo tipo de locaciones, adentrando a Indy y Helena en una narrativa con sorpresas agradables, y otras que terminarán siendo extremadamente divisorias. Se trata, pues, de una película divertida y nostálgica, en la que resulta tan satisfactorio como siempre ver a Ford sacándole la mugre a unos Nazis. “Indiana Jones y el Dial del Destino” no es perfecta —y seguro que muchos todavía considerarán a “La última cruzada” como el verdadero final de sus aventuras—, pero lo más probable es que deje a la mayoría de sus espectadores con una sonrisa en el rostro.

Avance oficial:

70%
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