Verity: la sombra de un engaño

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Basada en la novela de Colleen Hoover, Verity: la sombra de un engaño pretende entretener a su público con una narrativa sobre la verdad, la mentira, la percepción y hasta la muerte. Lamentablemente, dudo mucho que esta adaptación vaya a funcionar con el público en general, y mucho menos con los fanáticos (o fanáticas) del libro. Lo que debió ser un thriller psicológico intenso, nebuloso y chocante, termina convirtiéndose, más bien, en una experiencia confusa y francamente frustrante, que se ve beneficiada por la presencia de Anne Hathaway, se ve perjudicada por la presencia de Dakota Johnson y no se ve muy afectada por la presencia de Josh Hartnett.

Luego de un efectivo prólogo en el que se nos presenta a la popular autora de thrillers de aeropuerto Verity Crawford (Hathaway), la película se adelanta un año para mostrarnos a Lowen Ashleigh (Johnson), otra escritora que, a pesar de ser talentosa, no es particularmente exitosa. Las cosas cambian, sin embargo, luego de que conoce (de forma inesperadamente sangrienta) a Jeremy (Harnett), quien termina siendo el esposo de Verity, y se encuentra (por segunda vez) con nuestra protagonista en las oficinas de la casa editorial de esta última.


Resulta, pues, que Verity ha sufrido un accidente automovilístico y ha quedado en estado catatónico, totalmente paralizada. Por ende, necesita ayuda para terminar la más reciente entrega de su saga de thrillers protagonizados por villanos, y Lowen ha surgido como la candidata perfecta. Esto emociona mucho a su representante, Corey (Isamel Cruz Córdova), y le da esperanzas a Jeremy, pero no termina de emocionar mucho a la chica. Sin embargo, igual acepta mudarse por unas semanas a la casa de lago de los Crawford, donde se supone que escarba entre todos los apuntes de Verity para tratar de terminar con su libro. Sin embargo, las cosas se complican cuando Lowen se va dando cuenta de que, quizás, Verity no está del todo enferma y que Jeremy tiene intenciones fuera de lo profesional.

Todo el punto de un thriller de esta clase está en mantener al espectador al borde de su asiento, intentando adivinar lo que sucederá a continuación, nervioso por el destino de los personajes. Y aunque Verity: la sombra de un engaño cuenta con varios giros narrativos, ninguno es ni particularmente imprevisible ni particularmente interesante. Confieso no haber leído la novela de Hoover, por lo que no sé qué tan fiel es esta adaptación a su fuente de inspiración original; lo único que sé es que Verity la película no logra cautivar del todo a su público, sintiéndose letárgica más que intrigante o siquiera erótica.

Porque como suele pasar en este tipo de historias, hay algo de sexo en Verity: la sombra de un engaño, pero nada de lo que el filme presenta es particularmente chocante o sensual (lo más cercano a esto último es una escena en la que Lowen se baña y se comienza a tocar mientras piensa en Verity). En términos generales, la cinta se siente inesperadamente fría; no va lo suficientemente lejos como para que se la pueda comparar con otras producciones de corte erótico, y fuera del accidente que Lowen y Jeremy presencian al inicio, tampoco es muy violenta que digamos. Se queda en un término medio, lo cual le impide generar reacciones potentes en el público.


¿Y qué hay de los giros narrativos? Pues esto resulta más frustrante e ilógico que verdaderamente sorprendente. El más significativo, que me imagino es desarrollado de forma detallada en el libro, acá es presentado, más bien, de manera apresurada, a través de la lectura de una carta encontrada de la forma más forzada posible. Entiendo que Verity: la sombra de un engaño nos quiere hablar bastante sobre la naturaleza de la verdad y sobre las diferentes facetas o hasta identidades que tienen sus protagonistas, pero el desenlace, lamentablemente, no ayuda a transmitir nada de eso.

Lo cual es una pena, porque Verity: la sombra de un engaño podría haber desarrollado una narrativa intrigante y enérgica sobre las diferentes versiones que la gente tiene de los mismos hechos. Por un lado, tenemos a una Verity cuya vida es mostrada desde diferentes perspectivas, haciendo que el espectador no sepa cuál es la versión verdadera. Por otro lado, tenemos a un Jeremy que parece ser un tipo de persona y termina siendo alguien ligeramente distinto, afectado por el trauma de la muerte. Y finalmente, tenemos a una Lowen gentil e imaginativa, pero a la vez envidiosa, que se obsesiona con, hasta cierto punto, convertirse en Verity, sin importar cuáles sean las consecuencias de sus decisiones y acciones.


Las actuaciones son, a decir verdad, inconsistentes. Anne Hathaway está genial, como siempre, por más que la película no sepa qué hacer con ella. Sus escenas más importantes están en flashbacks o en sueños; el resto del tiempo, lamentablemente, aparece catatónica, incapaz de hablar. Por su parte, Josh Harnett parece estar todavía en modo “Cooper Trap” de la película La Trampa, de M. Night Shyamalan. Esto, lamentablemente, hace que las eventuales revelaciones sobre sus personajes no sorprendan del todo. Y aunque no creo que Dakota Johnson sea una mala actriz (chequeen lo que hizo en el remake de Suspiria o en Cha Cha Real Smooth, de Cooper Raiff), acá parece estar quedándose dormida. 

Verity: la sombra de un engaño es una gran decepción. Lo que seguramente funciona muy bien en formato de novela, acá ha sido adaptado de la forma más confusa y poco enérgica posible, haciendo que un supuesto thriller psicológico ni emocione ni resulte psicológicamente estimulante. Las sorpresas son pocas, los giros narrativos frustran, la única actuación convincente es la de Anne Hathaway, y el filme en general parece haber sido ensamblado apresurada y caóticamente. Verity: la sombra de un engaño es, más bien, la sombra de una película; un intento extremadamente fallido de construir una historia eróticamente intrigante, de las que se ven con poca frecuencia en las salas de cine hoy en día.

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