Arthur: una amistad sin límites

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Todos los años, aunque sea una o dos películas “de perros” terminan pasando por la cartelera local. Ya saben, aquellas cintas —a veces basadas en hechos reales— que nos piden seguir las historias de valentía, comedia o tragedia de estos animalitos, muchas veces relacionadas a los dueños que los acogen. Este 2024, es el turno de “Arthur: una amistad sin límites”. Protagonizada por Mark Wahlberg, se trata de un filme basado… bueno, ya saben, en hechos reales, que aprovecha al máximo la historia de perro del título para desarrollar una experiencia inofensiva, frecuentemente emocionante, y ocasionalmente emotiva.

“Arthur: una amistad sin límites” se lleva a cabo en el año 2018, y tiene como protagonista a Michael (Mark Wahlberg), un atleta especialista en retos de aventura —que involucran carreras donde se corre, escala, nada, y mucho más— que se retiró luego de un incidente tres años antes. Ahora se dedica a trabajar en el negocio de su padre… pero no por mucho tiempo. Luego de un par de conversaciones con su esposa, la también ex-corredora Helen (Juliet Rylance), se da cuenta de que no puede acabar su carrera (ja) con un fracaso, así que decide participar en un último evento mundial.

Para ello, recluta a un ex compañero, el lesionado Chik (Ali Suliman), a una experta escaladora llamada Olivia (Nathalie Emmanuel, de “Juego de tronos” y “Rápidos y furiosos”), y el atleta con el que tuvo el incidente tres años atrás, Leo (Simu Liu), quien ahora cuenta con muchos seguidores en redes sociales. Formando un equipo, participan en el ya mencionado evento en Santo Domingo, el cual cuenta con varios retos, tanto físicos como psicológicos. Pero felizmente cuentan con la ayuda de un miembro adicional inesperado: el perrito callejero Arthur, quien los acompaña durante buena parte de la carrera. Pero al venir de una situación de maltrato y malnutrición, Arthur eventualmente necesitará que sus nuevos amigos le devuelvan el favor.

Como adaptación, se nota a leguas que mucho se ha agregado, inventado y cambiado para desarrollar la historia de “Arthur: una amistad sin límites”. Para comenzar, los sucesos reales se llevaron a cabo en Ecuador, no en República Dominicana, y el verdadero Michael, en realidad llamado Mikael Lindnord, era sueco. Además, el filme nos muestra, especialmente al inicio, varias escenas de Arthur viviendo su vida como perro callejero, comiendo de la basura y sobreviviendo a las calles de Santo Domingo, lo cual evidentemente tuvo que ser inventado sin mayores referencias reales. Como siempre, no le hagan mucho caso al mensaje que aparece en pantalla de “basada en hechos reales”, y simplemente disfruten de la historia.

Porque la narrativa es todo lo que uno esperaría de una cinta como esta —ni más, ni menos. La historia se lleva a cabo de manera algo previsible, pero logra desarrollar un vínculo palpable entre el noble Arthur y el terco Michael. Y aunque “Arthur: una amistad sin límites” ha sido vendida, principalmente, como una experiencia familiar, igual incluye algunos momentos de riesgo e innegable tensión, incluyendo una escena de Canopy —en la que uno de los personajes se queda atracado, colgando por encima de la selva dominicana— que seguramente hará sudar de los nervios a más de un miembro del público. “Arthur: una amistad sin límites” no cuenta con demasiadas sorpresas, pues, pero en términos generales, el filme se siente familiar y cómodo; previsible, pero disfrutable.

Consideren, si no, las escenas en las que el Michael de Mark Wahlberg le habla a Arthur, tratando de explicarle lo que debe o no debe hacer. O la forma en que logra conseguir su confianza —a través de las albóndigas que la organización del evento le da a los atletas. O los retos que deben superar y los obstáculos que deben sortear —desde lesiones, hasta barrancos en medio de la selva y otros equipos que parece estar empecinados en ganarles. “Arthur: una amistad sin límites” cuenta con todos los elementos que esperaríamos de una película de superación y deportes, con el añadido de la presencia del perrito que insiste en seguir a nuestros protagonistas. Como Michael dice: “es un luchador”, y es a través de su relación que la película desarrolla temas de resiliencia y fortaleza.

No obstante, no puedo dejar de considerar que “Arthur: una amistad sin límites” pudo ser… más. Entiendo que la relación entre Michael y Arthur es lo más importante de la trama, pero sí me decepcionó el hecho de que la mayoría de subtramas no sean resueltas de forma satisfactoria; de hecho, el desenlace de la cinta se enfoca exclusivamente en Michael y Arthur, dejando de lado mucho de lo que se desarrolló previamente en torno a personajes secundarios como Olivia, Chik o Leo. Y aunque “Arthur: una amistad sin límites” luce bastante bien —agradezco que hayan grabado en locaciones reales—, el director Simon Cellan Jones abusa por momentos de las cámaras en mano —nerviosas, confusas—, y en ciertas secuencias nocturnas, de los “lens flares” y de las linternas que apuntan directamente al lente de la cámara.

Lo cual no quiere decir, por supuesto, que “Arthur: una amistad sin límites” sea una mala película. De hecho, los amantes de los animales —y especialmente los perros— encontrarán mucho para disfrutar acá, desde el sólido vínculo entre Michael y Arthur, hasta la forma en que su historia es percibida y apoyada por otros personajes, y por supuesto, los mensajes de resiliencia que el filme en general trata de transmitir. Como se dijo líneas arriba: “Arthur: una amistad sin límites” no hace nada que no esperaríamos de una experiencia de esta clase, desarrollando su narrativa forma cumplidora, y extrayéndole un par de lágrimas a ciertos miembros del público. Se trata, pues, de un filme que no los sorprenderá con giros narrativos o momentos imprevisibles, pero que debería entretenerlos y cautivarlos durante sus casi dos horas de duración.

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