Corazón de Caballero (2001)

0

Recuerdo cuando vi “Corazón de Caballero”, de Brian Helgeland, por primera vez. Tenía diez años y mi papá me llevó, como (casi) todos los domingos al cine, esta vez al UVK del Centro Comercial El Polo (ahora convertido en un gimnasio). Y quedé maravillado. ¿Cómo no iba a gustarme una aventura medieval llena de acción, que se sentía como un cuento de hadas pero de corte moderno, llena de canciones clásicas de rock? Inmediatamente pedí que me compraran el CD (¿los recuerdan?) pirata del soundtrack. Lamentablemente, tuve que botarlo hace un par de años, ya que se había borrado o podrido (como suele pasar con los discos “bamba” marca “Princo”).

No obstante, los recuerdos quedan. Y por supuesto, en la era del streaming, no resulta difícil regresar a una película que fue parte importante de la infancia de uno (aunque igual cuento con el Blu-ray original… hoy más que nunca, es importante preservar el arte en formatos físicos). Por ende, decidir ver “Corazón de Caballero” después de años ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en este 2026. Obviamente lo hice pensando que, quizás, la película no funcionaría tan bien después de tanto tiempo; que quizás no habría envejecido tan bien. Pero no debí preocuparme tanto, porque “Corazón de Caballero” sigue siendo tan divertida, tan excéntrica y tan original como lo fue hace veinticinco (dios mío…) años.


“Corazón de Caballero” se lleva a cabo en el siglo catorce, en el auge de las justas (el deporte medieval) y tiene como protagonista a William Thatcher (Heath Ledger, Q.E.P.D.), un campesino y oscudero cuyo caballero muere minutos antes de una competición. Consciente de que tiene que hacer algo para resolver el problema, decide quitarle su armadura y hacerse pasar por él, por más que sus amigos, Roland (Mark Addy) y Wat (Alan Tudyk), se opongan a la idea. Felizmente, las cosas resultan bien, ya que William termina ganando el torneo de justas y, por ende, un trofeo que vale dinero. Pero el chico quiere más. Quiere convertirse en campeón, a pesar de ser un campesino. Así que convence a sus compinches de invertir las ganancias en equipo para entrenar y así poder entrar a más competiciones.

En el camino, el trío se encuentra con Geoffrey Chaucer (Paul Bettany), un escritor y poeta que los ayuda falsificando los documentos de identidad de William (que prueban que tiene sangre real), dándole un nuevo nombre (Sir Ulrich von Liechtenstein) y eventualmente convirtiéndose en su presentador antes de cada encuentro. Y nuestro héroe termina enamorándose de Jocelyn (Shannyn Sossamon), una chica noble y rebelde. Lamentablemente, esta última también ha llamado la atención del Conde Adhemar (Rufus Sewell), un campeón de las justas, quien se termina convirtiendo en el némesis de William/Ulrich.

Narrativamente hablando, “Corazón de Caballero” no hace nada particularmente novedoso, pero es justamente ahí donde creo que radica su genialidad. El filme se siente como un cuento de hadas arquetípico que utiliza todos los tipos de personajes que uno esperaría de una experiencia de ese estilo, permitiéndole al espectador sentirse cómodo con lo que está viendo. El héroe es fallido pero muy valiente; el interés amoroso es rebelde pero dulce y el villano es increíblemente malvado, tanto así que abandona la guerra para ir a enfrentarse a Ulrich en las justas, saboteando su trabajo, además, cuando inevitablemente se entera de que el chico no es un noble de verdad.


Es todo bien entretenido, aunque si “Corazón de Caballero” cuenta con un defecto en particular, es el del desarrollo de la subtrama romántica. No es que esta no funcione, sino más bien que la química entre Ledger y Sossamon no es la ideal, con esta última actuando de forma poco enérgica, sin lograr que Jocelyn trascienda el estereotipo de “chica rebelde e inconforme”. Por su parte, Ledger convence más como un chico de poca experiencia romántica y sexual; resulta muy divertido, por ejemplo, ver cómo sus amigos (incluyendo a Chaucer, por supuesto, pero también a la herrera Kate, interpretada por Laura Fraser) lo ayudan a escribir cartas de amor que verdaderamente expresen lo que siente.

Si el público recuerda “Corazón de Caballero”, sin embargo, es gracias a los elementos anacrónicos que Helgeland decidió incluir para diferenciar su película de otras experiencias más tradicionales. En pocas palabras: el filme nunca pretende ser realista, prefiriendo desarrollar un mundo vagamente medieval donde los personajes mezclan lenguaje florido con inglés contemporáneo, y se visten de forma innegablemente moderna (especialmente Jocelyn). El Geoffrey Chaucer de Paul Bettany, por ejemplo, no se parece en nada al escritor real, y aunque sí existió un Sir Ulrich von Liechtenstein, este no tiene nada que ver con el personaje de Ledger (y era austriaco).


No obstante, lo que más destaca en “Corazón de Caballero” es la música. Desde la primera escena, la cinta deja bien en claro que utilizará rock clásico para transmitir las emociones propias del deporte de las justas, tratándolo como un evento de estadio similar al fútbol. Por ende, tenemos escenas como la primera, en la que vemos al público aplaudiendo al ritmo de We Will Rock You, de Queen. Pero como esta idea es parte del ADN de la película, las canciones también son utilizadas en otros momentos, como cuando una escena de baile tradicional medieval se convierte en una coreografía al ritmo de Golden Years, de David Bowie. Es todo muy anacrónico y muy absurdo, pero lo crean o no, funciona.

Porque nuevamente: “Corazón de Caballero” nunca pretende ser realista. Consideren, si no, que Kate termina grabando un logo de su “marca” en la armadura que le hace a William, muy similar al “check” de Nike. O que Chaucer termina “creando” una nueva forma de presentar a los caballeros antes de una justa, muy similar a como se expresan los presentadores de la lucha libre (solo le falta gritar “Leeeeeee’ts get ready to RUMBLE!!”). Lo mejor de “Corazón de Caballero”, eso sí, es que nunca se siente como una parodia. Puede que los elementos anacrónicos le otorguen un estilo muy particular, pero nada de eso va en contra de los componentes más emotivos de la historia, vinculados no solo al irregular romance, sino también a la relación entre William y su sacrificado padre, John (Christopher Cazenove).


Mención aparte a la banda sonora de Carter Burwell, la cual, lamentablemente, no es mencionada con tanta frecuencia ya que se ve opacada por las canciones contemporáneas incluidas por Helgeland. Su música es igual de memorable que los temas de rock y, en particular, disfruté del tema principal del Conde Adhemar, el cual es increíblemente siniestro. Vale la pena mencionar, en todo caso, que todo el apartado sonoro de “Corazón de Caballero” está construido de forma sublime, y complementa perfectamente lo visual, especialmente los sets enormes y sucios y llenos de textura, y el diseño de vestuario que combina lo arquetípicamente medieval con lo absurdamente moderno.

“Corazón de Caballero” es de esas películas que, al describirse, suenan absolutamente ridículas e inverosímiles, pero que al verse resultan gratamente sorprendentes. El concepto anacrónico tan bien desarrollado por Helgeland es apoyado por las actuaciones centrales perfectas; el gran Heath Ledger interpreta a William con absoluta convicción y sin una pizca de cinismo; el Conde Adhemar de Rufus Sewell es maldad pura; Bettany, Addy y Tudyk son muy divertidos juntos, y siempre da gusto ver a James Purefoy en algo, esta vez como un personaje cuya identidad no pienso revelar. Y tanto el apartado musical como la narrativa, algo previsible pero emocionante, convierten al producto final en una experiencia muy entretenida y sorprendentemente franca. “Corazón de Caballero” ha envejecido muy bien; si ya la vieron antes, háganlo otra vez, y si no, los envidio, ya que tienen la oportunidad de experimentarla por primera vez.

Avance oficial:

90%
Awesome
  • Design
Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.