Un mockbuster es una película de bajo presupuesto y menos ambiciones que intenta aprovecharse de la popularidad de un blockbuster (es decir, una producción millonaria y popular de Hollywood) para, dígamoslo así, engañar a un público que no sepa diferenciar una parodia de un filme serio. The Asylum, por su parte, es una productora basada en Los Ángeles que desde hace años se ha especializado en producir mockbusters, sacando obras maestras como Transmorphers o Atlantic Rim. No creo que les cueste mucho adivinar en qué filmes de gran presupuesto se basaron aquellas producciones.
Como se deben imaginar, el documental “Mockbuster”, del australiano Anthony Frith, se centra en The Asylum, pero no de la forma que se imaginarían. En vez de narrar la historia de dicha productora desde sus inicios, lo que hace la película, más bien, es mostrarnos cómo Frith, un cineasta frustrado dedicado a dirigir videos corporativos, se anima a contactarse con The Asylum para dirigir algo para ellos… y estos aceptan. Por ende, “Mockbuster” nos termina mostrando todo el proceso por el que tuvo que pasar Frith para dirigir La tierra que el tiempo olvidó (2025) en tan solo seis semanas (¡!), grabándolo casi todo en Adelaide, Australia, bajo la supervisión de un productor muy exigente que The Asylum le manda.

El producto final es fascinante, por más que por momentos se sienta un poquito superficial. Como para deshacernos de los defectos de una vez, hay momentos en “Mockbuster” que se sienten demasiado convenientes, como si Frith estuviera saltándose ciertos procesos o decisiones que serían de suma importancia en una producción de este tipo. No estoy diciendo que el documental debió mostrarnos absolutamente cada detalle de su trabajo para The Asylum, pero sí resulta extraño, por ejemplo, ver tan poco de la preproducción –fuera de la construcción de ciertos sets–, o tan pocas intervenciones significativas por parte de gente como la diseñadora de vestuario. En particular, siento que la gente del equipo de producción hubiese tenido cosas interesantes para decir sobre la producción de La tierra que el tiempo olvidó, fuera de lo que se les ve haciendo durante el rodaje.
No obstante, la falta de declaraciones por parte de ellos se entiende –hasta cierto punto– porque “Mockbuster” está enfocado principalmente en Frith. La película hace un buen trabajo presentando al joven cineasta como alguien que siempre estuvo atraído por lo extraño, haciendo pequeños cortometrajes para YouTube con sus amigos, con escenas sobreactuadas de violencia y efectos chroma de cuestionable calidad. Es alguien a quien le hubiese encantado volverse viral con algunos de sus videos, pero que con el tiempo —y luego de casarse y tener un bebé— tuvo que conformarse con tener una vida “regular”, abandonando sus sueños de ser un gran director de cine.
Es por todo esto que, lo crean o no, “Mockbuster” termina siendo una experiencia tan inspiradora. Es el tipo de documental que le podría devolver la esperanza a cualquier cineasta –incluido a Vuestro Servidor–, mostrando que, con el tiempo y algo de determinación, se pueden alcanzar ciertos sueños, por más que estos no sean los que uno se hubiese imaginado inicialmente. Frith claramente es apasionado por lo que hace, y aunque al inicio parece ser muy inseguro, eventualmente se da cuenta de que está haciendo lo que siempre quiso hacer. Especialmente cuando termina grabando escenas nuevas para la película con Michael Paré, actor conocido y “caserito” de las producciones de The Asylum.

Sin embargo, nada de eso quiere decir que grabar La tierra que el tiempo olvidó no haya sido todo un reto, porque ciertamente lo fue, y “Mockbuster” lo muestra claramente. No es solo que Frith tuviera únicamente seis semanas (en serio, una locura) para el rodaje, sino también que su presupuesto era ínfimo, su proceso de preproducción demasiado breve y su guion completamente incoherente. The Asylum, al parecer, es el tipo de productora que no tiene vergüenza de cambiar y corregir un guion hasta el último segundo, mandándole nuevas páginas a Frith en pleno rodaje, haciendo, además, que el trabajo de sus actores sea más difícil y frustrante de lo necesario.
Resulta interesante, por ende, que “Mockbuster” incluya varias entrevistas con gente de The Asylum, donde parecen enorgullecerse de la forma en que trabajan. Saben que no están haciendo arte, saben que les dan muy poco tiempo y recursos a sus directores, y hasta dicen que muchos de ellos se terminan rindiendo y haciendo las cosas mal. Pero a la vez, declaran que nunca han perdido plata con ninguna de sus producciones, y que para ellos, están produciendo el tipo de películas que la gente quiere ver; que en realidad, el público no está interesado en ver arte o filmes de otros países. Obviamente es un punto de vista con el que no estoy de acuerdo; de hecho, considero que “Mockbuster” no deja muy bien parado al CEO de The Asylum. Sin embargo, el documental cuenta con el apoyo de dicha productora, por lo que asumo que nada de lo que dicen en pantalla les avergüenza.

En todo caso, lo más importante está en la perspectiva de Frith, un tipo hasta inocentón, que todo lo que quiere hacer es contar historias alocadas y excéntricas y que, en The Asylum, por fin encuentra gente que cree en él. Un director, además, que dentro de todo y con este nuevo proyecto, logra trabajar con Michael Paré, con su mejor amigo (quien se frustra en el primer día de rodaje al olvidarse de sus diálogos) y hasta con talento local, como Lauren Koopowitz (de “Kangaroo Island” y el videojuego “Hollow Knight: Silksong”). Resulta encantador, además, verlo entrevistar a verdaderos ídolos del cine (y de The Asylum), como el actor Eric Roberts (y su esposa), o la directora Rachel Lee Goldenberg, quien comenzó en The Asylum y ahora dirige series como “Minx”, para Starz, o películas como “Swiped”, para Disney Plus.
Sí, me hubiese gustado que el producto final fuese incluso más detallado y que incluyese declaraciones por parte de otros miembros del equipo de La tierra que el tiempo olvidó. Pero en general, “Mockbuster” es un documental inspirador, esperanzador y entretenido, de buen ritmo y momentos de sorprendente tensión. Frith es presentado como un amante del cine que encontró una oportunidad y la aprovechó lo más que pudo, y que encima logró desarrollar un buen documental sobre su experiencia, como para mostrarle al mundo que, independientemente de la calidad de su película, el que haya podido hacerla en seis semanas y sin plata y preparación, ya de por sí debería considerarse como un milagro. Si les gusta el cine o quieren ser directores o sienten que sus sueños se les escapan, deben ver “Mockbuster”.
Nota: Vi este film gracias a un screener cortesía de Giant Pictures.
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