Al igual que otras propuestas de horror, “Engendro” sirve como metáfora de una situación de la vida real. En este caso, el terror sobrenatural es utilizado para representar el estrés posparto por el que pasan algunas mujeres, así como los problemas psicológicos y de pareja por los que pasan durante sus primeros meses como madres. Y aunque no me animaría a decir que el desarrollo de esta propuesta es perfecto en “Engendro”, creo que sí se trata de una cinta ambiciosa y por momentos perturbadora, que deja de lado elementos formales y narrativos típicos del género para concentrarse en algo más sutil… por lo menos, hasta sus momentos finales.
“Engendro” tiene como protagonistas a la pareja de la finlandesa Saga (Seidi Haarla) y el británico Jon (Rupert “Ron Weasley” Grint), quienes al comenzar el filme se mudan a la casa de la infancia de la primera (antes perteneciente a su abuela) en medio del bosque de Finlandia. El lugar está destruido, lleno de moho y hasta con un árbol en medio de una habitación, pero Jon le asegura a Saga que será capaz de remodelarlo. En todo caso, la pareja no pierde el tiempo; se dirige al bosque, ignorando las plantas y árboles de formas extrañas, y conciben a su primer bebé en medio de la naturaleza.

Casi nueve meses después, la criatura nace, pero lo que debería ser el momento más feliz de la vida de Saga y Jon termina siendo lo contrario. El bebé es curiosamente peludo, llora con unos gritos desesperantes y ha dejado a su madre con una considerable depresión posparto. Las cosas, además, no mejoran al regresar a casa; el bebé parece tenerle alergia a la luz y a la leche materna, se dedica a morderle el pezón a Saga (y a sacarle sangre), y prefiere tomar sangre de vaca en vez de fórmula. Y aunque la abuela (Pirkko Saisio, a quien tuve la oportunidad de entrevistar el año pasado por otra película, “Orenda”) intenta dar consejos, nada parece funcionar. El bebé es, efectivamente, un engendro, el cual parece terminará por destruir a su madre (y quizás hasta al padre).
Lo más interesante de “Engendro” es que, por lo menos durante la primera mitad de la historia, mantiene al espectador dudando sobre la naturaleza del conflicto central. ¿Es de verdad la criatura un engendro maligno, chupasangre, capaz de comunicarse con la naturaleza, o más bien es percibida como un monstruo por Saga, quien claramente la está pasando mal postparto? Más interesante, creo yo, hubiese sido que “Engendro” tomase el segundo camino (¿cuenta como spoiler mencionar que no lo hace? ¡No creo!); hubiese resultado, quizás, algo decepcionante para algunos fanáticos del género, pero más interesante para desarrollar suspenso e ir en contra de lo que se espera de un filme como este.
No obstante, es durante estos primeros cuarenta y cinco minutos que “Engendro” hace un buen trabajo metiendo de lleno al espectador en la historia. Por más que actúe irracionalmente, uno empatiza con Saga debido a los tiempos difíciles por los que pasa; debido a que nadie le hace demasiado caso, a que el bebé, básicamente, ha destruido y sigue destruyendo su cuerpo, y a que la obliga a quedarse en casa, ignorando por completo su vida social. Jon, por su parte, intenta ser un buen padre y ayudar, pero por momentos se esfuerza demasiado, hablando de más cuando, quizás, debería ser más comprensivo y callado que proactivo.

La película funciona, además, gracias a sus actuaciones… la mayor parte del tiempo. Seidi Haarla tiene el trabajo poco envidiable de interpretar a una mujer al borde de la locura, cuya vida se está desmoronando y que sabe que algo está mal con su bebé, por más que todo el mundo le diga lo contrario. Es una interpretación que resulta en general convincente y emotiva, pero que lamentablemente entra en territorio exagerado durante el tercer acto de “Engendro”. Esto, eso sí, creo que es un problema más de dirección que puramente interpretativo, pero desgraciadamente va muy en contra de lo construido durante los primeros dos actos.
Por otro lado, Rupert Grint me sorprendió gratamente al interpretar a Jon como un tipo compasivo y bonachón, que hace todo lo posible por ayudar a su esposa, por más que no siempre tenga las ideas correctas. El personaje cobra vida, además, cuando por fin conocemos a sus padres, y queda claro que, a pesar de que son gente cariñosa y de buenas intenciones, Jon tiene una relación algo extraña con su padre, quien además es un pastor (protestante, asumo). Y en un rol secundario pero importante, Pirkko Saisio destaca como una madre dura, fría, que mantiene a lo largo de la película que Saga fue igual de extraña que su nieto recién nacido.
Si lo que buscan es una película de terror tradicional, llena de ruidos fuertes e imágenes repentinas, mejor busquen en otra parte. “Engendro” es un filme, más bien, de desarrollo gradual, buena atmósfera y temática potente que, eso sí, se desmorona un poco al final al abandonar cualquier sutileza, reemplazándola por imágenes vinculadas al folclor finlandés que parecen haber sido sacadas de otra producción. Fuera de eso, sin embargo, “Engendro” funciona como un buen drama de horror con sólidas actuaciones, una narrativa altamente metafórica, y momentos muy perturbadores. Es un estreno de perfil bajo en la cartelera local que espero llegue a encontrar su público.
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