“La noche del demonio” es una de esas franquicias de terror que, con cada nueva película, sabemos que nos entregará algo por lo menos cumplidor. No, ninguna de las secuelas ha logrado estar al mismo nivel que el primer filme, pero me animaría a decir que ninguna es terrible, tampoco. Cada una de estas cintas les ofrece a los fans exactamente lo que esperan: una experiencia de terror comercial sobrenatural, llena de jump scares e imágenes perturbadoras, y generalmente con la significativa participación de Darth Maul (okey, okey, el demonio de cara roja… ¡pero es igualito al Sith!) y de Elise (Lin Shaye, quien hace poco causó conmoción en nuestro país).
Y la más reciente cinta, “La noche del demonio: están entre nosotros”, no es la excepción. No, no se trata de una producción extraordinaria ni mucho menos; y nuevamente, no llega a estar al nivel del filme original con Patrick Wilson y Rose Byrne. Pero para estas alturas del partido, los directores, guionistas y productores están tan acostumbrados a lo que la gente espera de la saga, que son capaces de, nuevamente, entregarles exactamente lo que esperan. ¿Hace algo nuevo esta película? Más o menos. ¿Hace una gran diferencia? No realmente. ¿Y da miedo? Bueno, por momentos. “La noche del demonio: están entre nosotros” no es horrible, pero si lo que esperan de esta franquicia es algo novedoso, impactante o verdaderamente terrorífico, creo que debieron haberse rendido hace tiempo.

Aparte de Elise, todos los personajes en “La noche del demonio: están entre nosotros” son nuevos. Esta vez, nuestra protagonista es la odontóloga Gemma (Amelia Eve), quien al parecer tiene una vida perfecta con su pequeña hija (Island Austin) en los suburbios. Pero las cosas cambian cuando Gemma comienza a entrar al Más Allá, primero entre sueños, y luego incluso cuando está despierta. Resulta que el exlíder de un culto antiguo (igualito a Marilyn Manson) llamado Lester (Joseph López) quiere traer a los muertos al mundo de los vivos. Años atrás, trató de usar a la madre de Gemma para eso, y cuando falló en el intento, esperó a que su hija fuese adulta y desarrollase sus habilidades para volver a tratarlo.
Es por todo eso que la finada Elise (Shaye), quien ahora reside en el Más Allá, se contacta con Gemma y le dice que vaya donde una aliada (Maisie Richardson-Sellers) para que la ayude a resolver su problema. Y como se deben imaginar, la única forma de deshacerse de Lester y de que dejen en paz tanto a Gemma como a su hija involucra varios nuevos viajes al Más Allá. Felizmente, nuestra protagonista cuenta con el apoyo del Novio Más Comprensivo de Todos los Tiempos (Brandon Perea), un policía que termina metiéndose de lleno en la situación en la que se encuentran Gemma y la pequeña. Con algo de suerte, serán capaces de evitar que los muertos lleguen a nuestro mundo y, de paso, de acabar con los traumas del pasado de Gemma.
Valgan verdades, si algo interesante hace “La noche del demonio: están entre nosotros”, es tratar de vincular los traumas de Gemma con su problema actual. El filme comienza con un flashback que nos muestra cómo falleció su madre, para luego revelar que dicha muerte estaba conectada a Lester y a los poderes que Gemma hereda de su progenitora. Por ende, todo el punto (o bueno, uno de los puntos) de la historia está en permitirle a Gemma entender, por fin, a su madre y los problemas (aparentemente psicológicos) que tenía, dándose cuenta de que no debe repetir los mismos errores que ella cometió, para evitar pasarle sus traumas a su hija.

Nada nuevo, en realidad, en lo que se refiere a cómo el trauma es utilizado en el género del terror, pero al menos ayuda a caracterizar a Gemma de forma creíble. Ayuda, además, que Amelia Eve dé una actuación bastante buena como esta abnegada madre, que tiene que lidiar no solo con los muertos que la quieren utilizar, sino también con la relación que mantiene con su pequeña hija, y con el romance que tiene con el policía. Es un rol difícil porque es muy reactivo (como suele pasar en este tipo de películas), especialmente cuando lo sobrenatural entra a tallar, pero funciona para efectos de lo que el filme quiere generar en el espectador.
¿Y qué hay de los sustos? No diría que “La noche del demonio: están entre nosotros” es la entrega más efectiva de la franquicia, pero tampoco está del todo mal. Es durante el clímax y el desenlace que el suspenso y el horror son reemplazados por algo más fantástico y exagerado, pero antes de eso, la película logra entregarnos, por lo menos, un par de secuencias memorables. En la primera, tenemos a Gemma atrapada en el interior de un sillón infinito durante uno de sus sueños/visiones (una secuencia no apta para claustrofóbicos) y en la segunda tenemos a un paciente dental de terror. En esta última, el director-guionista Jacob Chase aprovecha para incluir varios planos de “punto de vista” de los dientes del paciente, dando la impresión de que la cámara está dentro de su boca. Siempre me encantará este uso tan creativo (y en este caso, apropiadamente asqueroso) del lenguaje audiovisual.

¿Y qué hay de Lin Shaye? ¿De la afamada actriz que causó tanto revuelo con su llegada a Lima para la premiere de la película, siendo recibida como una verdadera estrella del género? Digamos que su rol en la película es cumplidor; importante, sí, pero no enorme. En todo caso, no se puede negar que, gracias a esta franquicia, Shaye se ha convertido en un ícono del terror; tuve la oportunidad de estar en la premiere, y me sorprendió todo el amor que recibió de los fans y del público en general. Es una prueba más de lo popular que es el terror en nuestro país y del impacto que este tipo de filmes (y de roles) causa en el público en general. Solo espero que toda esa gente no quede muy decepcionada por lo (relativamente) limitado que es el papel de Shaye en “La noche del demonio: están entre nosotros”.
“La noche del demonio: están entre nosotros” es exactamente lo que esperarían de una nueva entrega de esta franquicia: una cumplidora película de terror sobrenatural que sirve para pasar el rato, pero que no hace nada demasiado novedoso con su premisa. Las actuaciones son buenas; hay algunos jump scares eficientes y por lo menos dos secuencias en particular logran destacar. Pero fuera de todo eso, no se siente como algo particularmente fresco o aterrador. Ciertamente, en comparación con varios de los otros estrenos del género de este año, “La noche del demonio: están entre nosotros” se termina sintiendo como una propuesta menor. Los fans seguro la disfrutarán, pero los demás dudo que vayan a encontrar una buena razón para quedarse por mucho tiempo en el Más Allá.
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